Fuera de control hombre que agredió a diácono-VÍDEO

02/06/2013 |
Fidel Fernández Bermúdez es paciente mental desde hace años y está bajo medicamentos, pero al parecer no se los había tomado y terminó por descontrolarse. (mariel.mejia@gfrmedia.com)  
Fidel Fernández Bermúdez dejó de tomar sus medicamentos y su familia no pudo hacer nada para que recibiera ayuda y evitar el salpafuera.

Yabucoa. Un hombre mantuvo ayer a las autoridades del pequeño municipio de Yabucoa del tingo al tango, cuando provocó daños en su propia casa y luego irrumpió en la iglesia católica del centro del pueblo, destrozando todo a su paso.

Fidel Fernández Bermúdez, de 49 años, es paciente psiquiátrico y, al parecer, dejó de tomar sus medicamentos.

El lunes por la noche ya había empezado a dar problemas, pero sus familiares se vieron de manos atadas, ya que la Policía no podía arrestarlo porque no había cometido ningún crimen. Mientras, se necesitaba la orden de un tribunal para poder ingresarlo en un hospital.

La burocracia para hacer ese trámite es tan complicada que no se logró nada el lunes por la noche.

A eso de las 5:30 de la madrugada de ayer, su pareja, que no fue identificada, llamó al cuartel porque Fernández estaba alterado en la casa, diciendo malas palabras y rompiendo cosas.

Cuando los agentes llegaron al hogar, Fernández se montó a toda prisa en su carro y salió hacia la iglesia Ángeles Custodios, donde feligreses y personal eclesiástico se preparaban para iniciar la misa de las 6:25 de la mañana.

“Cuando voy a encender las velas, miro a la entrada y veo al individuo haciendo así a todo el mundo (mostrando el dedo del medio con ambas manos) y yo digo: ‘¡Wow!, ¿quién es este?’ Cuando va a subirse al altar, yo lo detengo y le digo : ‘¿Para dónde usted va, caballero?, buenos días’, y le digo: 'No puede subir allá arriba'. Y él me dice : ‘¿No?, ¿quién me va a detener?’. ‘Yo lo puedo detener porque yo estoy a cargo aquí por la seguridad del sacerdote’. Y comoquiera subió, se sentó ahí (en el altar) y restrelló el mantel. Cuando se oyó el revolú en el piso de que se cayeron las velas, el diácono viene hacia acá y me ayuda... En esos momentos los dejo y me voy a buscar la Policía”, contó el sacristán o ayudante del sacerdote Julio Báez, quien dijo que el hombre estaba llamando al padre Miguel.

Al poco rato, Báez volvió y se topó con que el individuo estaba sentado en una de las sillas del altar, “como si estuviera predicando”, y ya había golpeado al diácono Rubén Ramos.

Además, había roto candelabros, floreros, el cáliz y la parte de madera del altar que tenía en el centro una pieza antiquísima en mármol representando los 12 apóstoles, que por suerte quedó intacta.

Un vídeo tomado por Anthony Feliciano, un hombre que tiene un carrito de hot dogs a un lado de la iglesia, muestra los destrozos y cuando alrededor de cuatro agentes lo levantaron y se lo llevaron esposado.

Feliciano contó que no podían entre todos sacarlo y arrestarlo porque ponía resistencia.

“Estaban todas las señoras llorando”, relató Feliciano, quien decidió entrar al templo al escuchar el ruido del primer florero de barro que se rompió.

El sacerdote nunca salió al área en la que estaba el paciente mental y la iglesia suspendió las misas hasta el sábado.


El agente Edwin Correa Figueroa, de la Policía Municipal, dijo, por su parte, que los daños fueron estimados preliminarmente en $6,000.

Los familiares del paciente psiquiátrico llegaron en horas de la mañana al cuartel estatal de Yabucoa para explicar su condición. Luego, se trasladaron al Tribunal de Primera Instancia de Yabucoa y solicitaron una orden 408, que autoriza a ingresar a una persona en un hospital psiquiátrico. La orden se expidió cerca del mediodía.

Pero allí no acababa la agonía.

Mientras Fernández seguía detenido en el cuartel estatal, el aparato burocrático se movía a paso de tortuga.

Sin importar lo evidente del estado de peligro que representaba el hombre, la aseguradora American Psych System (APS), que está a cargo de los servicios psiquiátricos para los pacientes de la Reforma de Salud, no movió un dedo hasta que tuvo un lugar donde trasladarlo e ingresarlo para recibir tratamiento.

APS le informó al cuartel de Yabucoa que llevarían a Fernández a un hospital en Caguas y que se había autorizado la salida de una ambulancia para recogerlo. Pero cuatro horas más tarde, la ambulancia no había llegado.

En el ínterin, Fernández se quitó su camisa y la metió dentro del inodoro de la pequeña celda del cuartel y activó muchas veces la palanca, provocando que el lugar se inundara parcialmente, según relató por separado la teniente Zoraida Meléndez, del cuartel municipal.

Fernández lo mismo les preguntaba a los policías, en especial a las mujeres, si lo amaban; decía incoherencias, gritaba y sin ninguna pausa o razón, hasta habló de la importancia de la separación entre Iglesia y Estado para de inmediato volver a cambiar el tema, dar golpes, hacer como un gato, como una gallina, o seguir gritando, en ocasiones, como vaquero... en fin.

Un hermano de Fernández, que no se quiso identificar y no permitió que lo retrataran, relató que su hermano lleva en tratamiento desde hace muchos años.

“Él es una bella persona, pero es un paciente mental y esa es la realidad”, lamentó.

Según dijo, cuando era más joven, Fernández llegó a iniciar estudios en trabajo social y más tarde en enfermería.

En años recientes, trabajaba en las zonas de cultivo de Nueva Jersey durante algunas meses cada año, pero no fue específico si estaba directamente en los sembradíos o en alguna empacadora.

Otro hermano, mayor que Fernández, también tiene problemas mentales y el lunes amenazó a unos policías con un machete.

“Ahora, cuando esto se resuelva, tenemos que ponernos a bregar con el otro”, dijo con tristeza el familiar.

En horas de la tarde, se informó que se había expedido una orden de protección en contra de Fernández para que no se le acerque a su pareja. No estaba claro si se le radicarían cargos adicionales por la agresión al diácono y por los daños.