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Macabro crimen en comunidad remota de Toa Alta

08/25/2011 |04:05 p.m.
Personal de Ciencias Forenses recogen los cuerpos de José Meléndez Marrero y su esposa, Marta Iris Marrero Estrada, a quien asesinó antes de quitarse la vida ahorcándose en su residencia. (Para Primera Hora/Rafael Pichardo)  
El hombre atacó a su esposa y luego se colgó de una soga.

Tragedia en Toa Alta.

José Meléndez Marrero, de 48 años de edad,  creía que alguien lo perseguía y, durante los últimos días, nadie, incluyendo su esposa, podía decirle lo contrario. Miraba por la ventana de manera sospechosa para ver si podía divisar a su acechador imaginario. Se sobresaltaba con cada llamada telefónica que recibía su esposa y, desde el miércoles por la noche, blandía un cuchillo largo ante un atacante que nunca se materializó.

El hombre, que había cumplido una sentencia de cárcel por un asesinato, llevaba días discutiendo con su esposa, en su residencia ubicada en una loma remota del barrio Contorno del sector Rabo del Buey de Toa Alta. Entre frondosos árboles y caminos que serpenteaban entre casas construidas sobre un pedregoso acantilado, los gritos de Meléndez Marrero, mejor conocido como “Liro”, resonaban con claridad hasta que, ayer  por la mañana, a eso de las 7:00 y 7:15 a.m, los gritos se silenciaron para siempre.

Según se desprende de la investigación preliminar de la Policía, el hombre se encerró con su esposa, Marta Iris Marrero Estrada, de 44, en el cuarto matrimonial. Le cercenó el cuello con dos devastadoras cortaduras y, ante los gritos de una de sus hijas, de 18 años de edad, el homicida abrió la puerta, con el machete en mano, para luego ahorcarse atando una soga en una viga. Se encontró el arma ensangrentada  sobre una nevera ubicada al lado del cuerpo, que colgaba bajo un sol caluroso.

“Ella estaba gritando: ‘¡Liro, Liro!’, y comenzó a decir: ‘¡Ayúdame, ayúdame!’. La nena trata de abrir la puerta y, de repente, hay un silencio. Él sale de la habitación con el machete ensangrentado y la hija le dice:  ‘Nos vas a dejar sin mami’, y él responde: ‘Y te vas a quedar sin tu padre también’”, indicó la directora de la Rama Investigativa de la región de Bayamón, la inspectora Nívea Collazo, mientras hacía un recuento de los hechos que culminaron en la muerte de la pareja.

La joven intentó detener la sangre, que  brotaba de las heridas  del cuello de su madre, con una toalla y haciendo presión con las manos, pero la mujer murió en la escena.

El matrimonio, que trabaja en una cafetería de su familia,  procreó cuatro hijos, que tienen entre  seis y 24 años de edad, aunque ella también tenía otro hijo, de 28, que acudió a la escena criminal durante la mañana de hoy.

La joven de 18 era la única que se encontraba en la casa cuando ocurrió el crimen, mientras que el niño ya había salido a la escuela.

Familiares, vecinos y amistades de la pareja se mantuvieron por más de una hora mirando la residencia   desde una casa aledaña  y refirieron las preguntas de los periodistas a los policías que investigaban la escena. Algunos familiares tuvieron que ser removidos del hogar por su estado  anímico y otros lloraron desconsoladamente cuando los investigadores del Instituto de Ciencias Forenses (ICF) retiraron los cadáveres.

“¡Yo me quiero ir con mi madre!”, gritó uno de los hijos de la pareja mientras se desplomaba sobre un peñón del patio de la residencia.

Las autoridades no habían atendido querellas de violencia doméstica en el hogar y los hijos de la pareja indicaron que nunca habían visto a su padre agrediendo a su madre, aunque el victimario sí había mostrado conducta violenta en el hogar. “Aparentemente, sí hubo maltrato psicológico porque le gritaba” indicó la oficial de la Policía.

Las autoridades investigan si el agresor también era un usuario de sustancias controladas. Al lado del cuerpo se encontró una bolsa con un polvo blanco que será analizado en pruebas de laboratorio.

Pese a su conducta violenta y a sus episodios de delirios de persecución, la Policía no cuenta con información que apunte a que Meléndez Marrero recibió atención médica para tratar su conducta errática.

“Ellos no se metían con nadie. Él era buena gente, pero se volvió loco”, indicó un residente del sector mientras bajaba a pie por una cuesta empinada que daba acceso a la casa de la pareja.