Sanan heridas en residencial El Prado

02/11/2013 |
Niños y jóvenes del residencial El Prado participan en actividades especiales que los ayudan a canalizar sus sentimientos respecto a la experiencia vivida en la cual seis personas de la comunidad fallecieron trágicamente. (jose.candelaria@gfrmedia.com)  
A poco más de una semana de ocurrido el fatídico incidente, decenas de vecinos participaron de la actividad, en la que aprendieron destrezas de manejo de emociones.

Coraje, frustración, tristeza, dolor, impotencia... todos estos sentimientos fueron manifestados por niños y adolescentes del residencial El Prado como parte de unos talleres que se llevaron a cabo durante el fin de semana con el fin de que los miembros de la comunidad puedan canalizar la tragedia en la que seis miembros de una familia murieron atropellados por un conductor negligente.

A poco más de una semana de ocurrido el fatídico incidente, decenas de vecinos participaron de la actividad, en la que aprendieron destrezas de manejo de emociones que les ofrecieron miembros de la Alianza Psicosocial de Puerto Rico.

Entre las actividades más emotivas se destacó la realizada por un grupo de adolescentes entre 13 y 18 años que tuvieron la tarea de escribir en unos papeles los sentimientos que experimentaron aquella lamentable noche del viernes, 1 de febrero. Posteriormente, y tras compartirlos con sus compañeros, los jóvenes quemaron en una hoguera sus expresiones.

“Las dejaron ir... eso es parte del proceso de sanación”, explicó Carmen Berríos, líder comunitaria y coordinadora de los talleres.

La asignación fue difícil para los muchachos, tomando en consideración que la mayoría de ellos llegaron a la escena donde murieron doña Laura Vivas, su nieta Rayza Calderón y sus cuatro bisnietos: Laura Montalvo, Amanda Calderón, Anthony Saldaña y Génesis Saldaña.

“Teníamos que escribir cómo nos sentíamos en ese momento cuando fuimos allí... (en mi caso) yo sentí coraje, pena”, dijo Dumbo González, de 17 años.

Keret Contreras, su compañero de jangueo, escribió que sintió “tristeza, coraje y ganas de venganza”.

“Pero eso ya cambió porque ya los cogieron (a los sospechosos de causar el accidente)”, dijo el joven de 16 años, a quien le gustaría continuar recibiendo terapias como las del pasado fin de semana.

Los adultos también quedaron complacidos con la iniciativa, pues muchos de ellos no sabían cómo abordar el tema con sus hijos.

“Imagínate, en mi caso, me impactó mucho y fue un golpe fuerte para mí y mis hijos porque ella (Rayza) era mi vecina. Y nosotros éramos bien unidos, nos contábamos nuestros problemas y mis nenes jugaban con las nenas en las escaleras... ahora mismo hablo con usted y no dejo de pensar en la escena y cómo vi a la nena chiquita (Laura). Mis lágrimas no cesaban... Por eso, para nosotros, es importante recibir ayuda. Esto ha sido fuerte, muy fuerte”, dijo Héctor Adorno, quien sugirió como alternativa al proceso de recuperación la integración de líderes recreativos a las terapias.

“Tenemos que despejarles la mente a los niños y jóvenes con deportes”, dijo el padre de dos adolescentes de 12 y 15 años.

necesitan ayuda

Aunque existe el mejor interés de que la comunidad se reponga “poco a poco” del golpe emocional, la realidad es que hace falta la buena voluntad de entidades que puedan donar meriendas para ofrecer a los niños y adultos durante las sesiones de terapia.

“Tenemos el centro y los recursos, pero necesitamos apoyo para darles merienditas a los niños porque prácticamente pasan el día con nosotros”, dijo Berríos, quien ayer organizó una actividad ecuménica con líderes religiosos de varias iglesias que fueron a dar consuelo y fortaleza a las familias y los residentes de El Prado.

El viernes pasado, la noticia del arresto de Jonathan Soto Bonilla y Josué Vázquez Feliciano, dos de los tres sospechosos de causarles la muerte a doña Laura y sus cinco familiares, se regó como pólvora.