Nota de archivo: publicada hace más de 90 días

"Sentí que me estaban poniendo una trampa"

Por Osman Pérez Méndez / [email protected] 05/23/2018 |11:45 p.m.
Francisco J. Reyes Caparrós declaró luego del testimonio de su exjefa, Rosa Emilia Rodríguez. ([email protected])  
Demandante de fiscalía federal narra el calvario que asegura vivió mientras laboraba en el lugar.

Francisco J. Reyes Caparrós, el exespecialista de inteligencia que lleva un caso contra la fiscalía federal en Puerto Rico por un presunto patrón de represalias y hostigamiento en su ambiente laboral mientras laboraba en esa agencia, se sentó ayer a declarar para intentar mostrar al jurado de cuatro hombres y cuatro mujeres que sus alegaciones tienen fundamento.

Antes de su testimonio, sin embargo, la jefa de la fiscalía federal en la Isla, la fiscal Rosa Emilia Rodríguez Vélez, le había puesto el camino más empinado con la segunda parte de sus declaraciones, en las que pareció quedar siempre bien parada.

Rodríguez, quien en la tarde del martes había admitido desconocimiento en algunos asuntos relacionados al caso que podrían considerarse relevantes, ayer en la mañana mostró un aplomo y sangre fría durante todo el rato que estuvo siendo cuestionada, sin dejar ver impresión alguna de que perdería la calma o estaba incómoda ante alguna línea de preguntas. Fue más lejos y hasta pidió disculpas públicas por uno de los sucesos que el demandante ha incluido en su lista de los presuntos eventos discriminatorios.

La abogada del demandante, Bamily López, cuestionó a Rodríguez en torno al incidente en el que llamó a Reyes la persona “que no le cae bien a nadie”.

Rodríguez admitió haber hecho tal comentario, pero aclaró que no hubo intención negativa. Detalló que fue en una reunión con todo el personal previa al cierre del gobierno en octubre de 2013. Dijo que había un tono sombrío porque muchos empleados serían enviados a su casa sin paga.

“Empecé con una lista de quienes se iban a su casa y quienes se quedaban trabajando. Al llegar a Francisco (Reyes) dije ‘el que no le cae bien a nadie’. Pero lo dije porque es todo lo contrario. Él le cae bien a todo el mundo. A mí me cae bien. Tuvo un efecto que todos se rieron, él se rió. Aligeró la tensión”, explicó Rodríguez. “Quizás mirando hacia atrás no debí decirlo. Lo siento. No fue algo mal intencionado”.

A preguntas en torno a las sanciones contra Reyes por el asunto de la foto de burla contra un guardia de seguridad, así como por la investigación del FBI ante su intención de viajar a Rusia, Rodríguez insistió en que fueron adecuadas.

Sobre la foto, aseguró que fue algo que le molestó y “le recriminé por eso y le dije que no era una conducta propia de un supervisor”.

En cuanto al tema de la investigación por el deseo de Reyes de viajar a Rusia, Rodríguez se reafirmó en que eso estaba en manos del FBI y no podía hacer nada hasta que no terminara la investigación. Insistió en que Reyes exhibió mal juicio al aceptar la invitación. Ante la insistencia de López sobre cuál era la preocupación con Rusia, Rodríguez afirmó que “Rusia es un país comunista”, y agregó que su oficina no se ocupa de “relaciones internacionales”.

Pero luego Reyes repasó lo que insiste fueron represalias en su contra que eventualmente lo llevaron a renuncia a su trabajo en la fiscalía federal en febrero de 2015.

El exespecialista de inteligencia recordó que tras su llegada a la oficina local de la fiscalía federal, como no había mucho que hacer en términos de antiterrorismo y seguridad nacional, se involucró en otros asuntos como el lavado de dinero y la seguridad del personal.

Fue en su carácter de segundo al mando del área de seguridad que intervino cuando la exfiscal Idalia Mestey, que llevaba un caso contra una organización criminal, alertó sobre una posible amenaza de muerte, luego que cerca de ella sonaran disparos o algún tipo de explosivo mientras sus perros.

Al menos dos personas, un policía y la hermana de una fiscal, habían sido asesinadas en sucesos que se cree tuvieron relación con el caso contra una organización criminal que llevaba Mestey.

Reyes solicitó seguridad adicional a instancias superiores en el Departamento de Justicia federal en Washington, desde donde enviaron un chaleco antibalas para Mestey y otro para el fiscal José Capó. Pero la medida tomada por Reyes fue cuestionada por Rodríguez y otros directivos, quienes consideraban que no había una amenaza real contra Mestey.

Reyes alega que Rodríguez le gritó en una reunión para abordar el asunto de los chalecos, y desde ese punto habría comenzado la alegada secuencia de hostilidad en su contra.

“No entendía por qué todo ese asunto con los chalecos. Habíamos hecho lo correcto. No haberlo hecho habría sido discriminatorio”, comentó Reyes.

El expecialista de inteligencia abordó el incidente de la foto de un guardia de seguridad modificada con un bigote blanco y una leyenda de mal gusto, y justificó el asunto como algo que fue parte de bromas que se hacían regularmente un grupo de empleados. Afirmó no entender por qué no se había tomado acción antes, y en ese momento lo señalaban solo a él.

La fiscal Rodríguez, sin embargo, declaró que por el incidente de la foto, catalogado como una conducta indebida e inaceptable, también fueron sancionados otros dos empleados además de Reyes.

Sobre el comentario de Rodríguez en la reunión ante todo el personal en octubre de 2013, Reyes aseguró que se sintió “furioso, frustrado”.

“Si ella (la fiscal Rodríguez) tenía problemas conmigo, no tenía por qué enterarse todo el mundo”, condenó.

Reyes también dio su versión de los acontecimientos relacionados a la investigación que comenzó el FBI en octubre de 2013 luego que él expresara su deseo de aceptar una invitación para participar de un viaje a Rusia. Ese evento causó gran conmoción en la oficina de la fiscalía federal porque, según han explicado en varios testimonios, se asoció a un acto de espionaje y era algo que no había ocurrido antes en la oficina.

Según Reyes, al llegar a la oficina los investigadores del FBI, lo llevaron a una oficina y lo interrogaron. Le preguntaron si conocía a Yury Zaytsev, quien era la persona detrás del centro cultural que organizaba el viaje y que el FBI había identificado como espía ruso. Reyes negó conocerlo.

“Ahí empezaron con sus historias de espías y de chantajes con fotos comprometedoras con prostitutas menores de edad. Y yo les dije, ‘espérate, espérate. Yo estoy siguiendo los procedimientos (para viajar al extranjero). Si hay un problema, pues díganlo. Y no aprueben nada”, afirmó Reyes, quien después de comenzada la investigación del FBI, fue trasladado a ejercer otras funciones en la oficina, recolectando estadísticas para la iniciativa de armas, como paralegal en la división de apelaciones y en la oficina del Seguro Social.

“No me dijeron nada de la investigación. No me alertaron que no podía ir a las oficinas del FBI, que no podía acceder a la información de terrorismo y seguridad nacional. Nadie me respondía. Yo pensé, ‘aquí están estirando el chicle, aquí no hay nada y se están inventando una historia para marcarme”, declaró el demandante.

Según otros testigos, incluyendo a la fiscal Rodríguez, el FBI selló la oficina de Reyes y dio instrucciones de que no podía trabajar en nada relacionado a seguridad nacional. Además pidieron que la interacción con Reyes fuera limitada. 

Reyes explicó que cuando comenzó con las estadísticas de la iniciativa de armas, se encontró con tres tablas de datos diferentes en las que se duplicaba información o no estaba completa. Dijo que trabajó para crear una sola base donde se pudieran ordenar los datos y actualizar constantemente. La presentó a sus superiores, quienes la aprobaron, pero nunca la implantaron.

“Querían una información pero los números en tres bases de datos no coincidían. Y me dije, ‘aquí es donde me van a jod...’. No había manera que pudiera tener eso a tiempo. Sentí que me estaban poniendo una trampa”, recordó.

Ante las situaciones que pasaba, Reyes decidió radicar una queja por discrimen, que enmendó en varias ocasiones.

Entretanto, la Oficina del Inspector General había concluido la investigación sobre el viaje a Rusia, tras recibir un referido de la oficina local de la fiscalía federal, y determinó que no había ocurrido acto criminal alguno, aunque sí una violaciones a la política de viajes y de uso de equipos electrónicos. Reyes asegura que no fue informado de que esa investigación había concluido.

Por otro lado, el FBI había devuelto los equipos que había ocupado. Reyes tampoco fue avisado de eso. Para septiembre de 2014, y luego que según alega no recibiera información alguna sobre la investigación del FBI, Reyes pidió que lo reinstalaran en su puesto.

“Todo eran excusas. Crearon todo ese asunto de espionaje ruso por un email. Me sentí traicionado. Mi gente no me protegió. Me tiraron a los leones”, declaró Reyes. “No me quedó otra alternativa que renunciar”.

El demandante dijo que la situación le afectó física y emocionalmente, además de significar un golpe económico porque se quedó de un salario de más de $80,000 al año a tener que vivir de ahorros y tarjetas de crédito para mantenerse él y su hija.

“Era eso (renunciar) o tener sentarse allí y enfermarme o volverme loco”, afirmó Reyes visiblemente conmocionado, con voz entrecortada y lloroso.

Relató que tuvo que recurrir a hacer los trabajos que aparecieran en casos de amistades. Dijo que incluso consideró regresar a la oficina “porque podía caminar con la frente en alto y mirándole la cara a todos esos que han venido a declarar. Ninguno de ellos puede hacer eso”.

El caso se retoma el próximo martes, cuando se espera el contrainterrogatorio de los abogados de la fiscalía federal a Reyes. Luego declararían algunos testigos de la fiscalía federal.



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