Vega Baja llora a víctimas de naufragio

Por Alejandra M. Jover Tovar 06/20/2017 |09:00 a.m.
El dueño de la nave, Ángel Álvarez, salió con vida del accidente lamentable en el cual perecierons sus progenitores, Milagros Rodríguez y Antonio Álvarez, además de su hermana Carmen Milagros (foto circular). (Suministrada)  
Ramón Meléndez durmió abrazado a la ropa de su esposa “Puchy”, a quien perdió en el accidente de lancha en Cayo Matías en Salinas.

VEGA BAJA. Es un vacío que desgarra el alma.

Ramón L. Meléndez estaba sentado en una silla plástica en la marquesina de su casa en el barrio Pugnado Adentro. Lo acompañaban varias mujeres, quienes susurraban entre ellas y, de vez en cuando, sollozaban.

Ramón estaba en silencio, mirando al vacío. De pronto suspiraba y se enjugaba las lágrimas, todavía procesando la pérdida de Carmen Milagros Álvarez Rodríguez, su “Puchy”, su todo.

“Llevábamos 37 años de casados y cinco de novios. Es mi novia, nunca dejó de serlo”, dijo el hombre, ocultando el rostro por momentos. “Mi muñeca… nunca dejaré de amarla. Anoche dormí abrazado a la ropa de ella y mira, ahí están sus botas… No la siento… la busco y no la siento”, lamentaba entre sollozos.

Carmen Milagros y sus padres, Antonio “Toñín” Álvarez, de 77 años y Milagros Rodríguez, de 73, fallecieron al atardecer del Día de los Padres luego de disfrutar de un pasadía familiar en Cayo Matías, en Salinas. Eran 11 personas, incluyendo a un menor de cuatro años. El dueño de la nave de entre 24 y 28 pies de eslora es Ángel Álvarez Rodríguez, hermano de “Puchy”.

Tomando aire para recordar los eventos de las pasadas horas, Ramón hizo una pausa y suspiró, apretando el paño con el que se secaba las lágrimas. “Nosotros nunca nos habíamos subido en un bote. Fuimos por lo del Día de los Padres y luego del día volvimos a las 5:00 p.m., más o menos, y parece que tenía sobrepeso la lancha”, comentó. “Estaba levantada de frente y con las neveritas y eso… y los motores empezaron a coger agua en la parte de atrás y se apagaron, y ahí la lancha se fue de lado”.

En medio de la confusión y agravado por el hecho de que varios de ellos no sabían nadar, según confirmó Ramón, trató de ponerle a todos los chalecos salvavidas, pero “los últimos estaban como pegados a la cabina, y la virarse la lancha el agua los succionó y se quedaron pillados adentro”.

Pescadores, bañistas y corredores de jet-ski fueron al rescate, pero Carmen Milagros, don Toñín y doña Carmen no sobrevivieron.

Una familia bien querida

Don Antonio y doña Carmen fueron empleados municipales por años; él prestaba servicios como empleado de Obras Públicas y ella como parte del programa de Ama de Llaves, según confirmó la directora de prensa del municipio, Ana Avilés.

“Eran bien queridos, en verdad. Todo el mundo tenía que ver con ellos, siempre fueron bien trabajadores”, recordó Avilés vía telefónica.

Ramón, por su lado, no tenía más que palabras de alabanza para sus suegros. “A Toñín le decían de cariño ‘La Vieja’; todo el mundo contento con sus payasadas, bailaba, en los parques de pelota todo el mundo era loco con él. Mi suegra era una virgen… cuidaba a los viejitos con un amor que todo el mundo la buscaba. Me cuidaba a mi nieto, nos cuidaba a nosotros, a todo el mundo. Era la mayor de sus hermanas y era loca con ellas”, afirmó.

Sobre su amada Puchy, “éramos inseparables, demasiado, donde quiera juntos. Tenemos tres hijos, un nieto… era una buena mujer. Trabajadora, luchadora y madre ejemplar. Yo no sé qué me voy a hacer”, sollozó. 

El hombre mostró una foto de su esposa, a quien le dedicaron el 10mo. Torneo de Costa a Costa, la liga de softball que maneja hace 11 años. “Mírala, qué bella. Ella era jugadora también. Esa era mi mujer, mi todo”, agregó cabizbajo.

Por su parte, Javier Álvarez Adorno, primo de Carmen Milagros, resaltó que “la familia es bien unida, mi tío era bien jovial, bien alegre, nunca lo conocí con una mala cara. Ese carácter pintoresco de ese que llega a animar la fiesta, ése era mi tío Toñín. Lo único que tengo es recuerdos gratos. Lamentamos esta pérdida, es inmensa… me cuentan que no dio chance de hacer nada cuando la lancha se viró. Ramón no tuvo la oportunidad de ponerle el chaleco a todo el mundo, y sé que él, con el carácter que tiene y cómo es con su familia, hizo lo imposible, pero son cosas que uno no se espera”.

“Estamos bien afectados con esta situación. Lo que falta es ir a Ciencias Forenses y hacer los trámites de buscar una funeraria, que es una decisión que se tomará en familia, que es muy grande y todavía no se ha conversado, agregó”.

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