El prisionero político puertorriqueño, Oscar López Rivera, abogó esta mañana por la construcción en Puerto Rico de un sistema de educación libertador que permita a los niños ser ciudadanos activos, pensadores críticos, éticos y con un profundo amor por la justicia y la libertad; un sistema que eduque en vez de adoctrinar.

En un mensaje leído por su hija, Clarisa López Ramos, el prisionero político más antiguo de América, ofreció la Lección Magistral de este año de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Recinto de Cayey, por medio de una carta que escribió desde la cárcel de Terre Haute en Indiana. 

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“Puerto Rico ha enseñado, pero no ha educado”, reflexionó López Rivera en un análisis de la educación nacional, la que describió como un calco del sistema norteamericano, “con la meta de crear elites de puertorriqueños que le ayuden a administrar y controlar la colonia, preparar trabajadores para que les fueran más útiles a las industrias estadounidenses y para preparar puertorriqueños para sus guerras, que les sirvieran de carne de cañón”. 

“Si contamos la cantidad de boricuas que han formado parte de la Fuerzas Armadas Estadounidenses viviendo en Puerto Rico o, en la diáspora boricua, la cantidad de doctores, maestros, profesores, ingenieros, abogados, artistas y trabajadores industriales, vamos a encontrar que los boricuas somos, per cápita, la etnia que más contribuciones le hacemos al gobierno estadounidense”, estimó.

Ese, señaló, es el producto de una dinámica de adoctrinamiento que ha prevalecido a pesar de importantes batallas, pues “los que controlan y siguen controlando las riendas del poder utilizaron todas sus fuerzas y poco a poco fueron neutralizando y erradicando los focos de lucha”. 

Mencionó al Comité Coordinador No Violento que en la década del 1960 se dedicó a organizar las llamadas escuelas libertad, en el estado de Mississippi; el Movimiento Libertad de Expresión, liderado por un estudiante de la Universidad de California, en Berkeley, entre finales de los 60 y los 70; y las protestas de estudiantes de la Universidad de Puerto Rico que consiguieron sacar el Cuerpo de Entrenamiento de Oficiales de la Reserva del Ejército de Estados Unidos (ROTC, en inglés) fuera del campus universitario; así como el trabajo de la diáspora boricua en Chicago con la educación alternativa de la Escuela Pedro Albizu Campos. 

El prisionero, que lleva más de 34 años encarcelado, demostró con su escrito que no vive enajenado de las discusiones y situaciones sociales del nuestro país. Criticó el esfuerzo de reforma educativa del presidente del Senado, Eduardo Bhatia, como un intento de privatización de las escuelas insertado en una corriente neoliberal, así como el informe Krueger, comisionado por el Gobierno a la exjefa del Banco Mundial, Anne Osborn Krueger, que propone desviar millones de los fondos de la UPR.

“Para crear un sistema libertador y robusto, los maestros tienen que llevar en sus corazones y mentes amor por la bella vocación que es ser educador. Su relación con los estudiantes tiene que ser recíproca. No puede haber educación embotellada. La concienciación es un proceso que incluye a ambas partes y la palabra es reflexión y acción”, expuso en lo que también fue un llamado a la intervención educativa con los niños desde que están en el vientre de sus madres, con intervenciones de sus familias y de sus comunidades. 

“Espero que puedan entender que para mí el adoctrinamiento y la mente colonizada son inaceptables”, agregó y exhortó a los jóvenes a pensar fuera de cajones y a cuestionar todo sin dar nada por sentado, a llenar sus corazones de amor por la lectura y el aprendizaje, y a sembrar amor. “Sin amor no hay educación. El adoctrinamiento no es educación”, puntualizó.

Asignar la Lección Magistral a López Rivera fue una decisión que tomó de manera unánime el Senado Académico del recinto cayeyano de la UPR a principios del pasado año académico. Tanto el rector, Mario Medina Cabán, como el presidente de la institución, Uroyoán Walker Ramos, abogaron por la excarcelación de López Rivera para que pudiera ofrecer el mensaje en persona. 

Ante la falta de respuesta, se determinó que su hija, Clarisa López Ramos, leería la carta dirigida a los estudiantes.

“Con lo que él nos acaba de enseñar, pareciera que ostenta cinco títulos doctorales”, evaluó el rector Medina Cabán sobre la lección de López Rivera. “Veo en sus palabras esperanza para nuestra juventud. Que Puerto Rico sale del atolladero, pero es por los jóvenes”. 

Mientras, Walker Ramos, no estuvo presente en la ceremonia, pero envió un mensaje en vídeo en el que celebró la selección de López Rivera para ofrecer la Lección Magistral y clamó por que la causa por su liberación llegue a oídos de todas las naciones. 

“La Lección Magistral 2015 de la UPR en Cayey, presentada por Oscar López a través de sus cartas, es un evento que, una vez más, pone de manifiesto la importancia de este caso y contribuye al esfuerzo general de hacer saber al mundo la gravedad de su caso”, manifestó Walker. 

Durante la ceremonia, lució al fondo del escenario del Teatro Ramón Frade un enorme manto que pintó el maestro Antonio Martorell, artista residente del recinto universitario. Fue Martorell quien presentó a López Rivera, de quien dijo que su Puerto Rico lo espera, “al final, que confiamos se aproxima, de una travesía cruel y desmedida en el tiempo y la distancia”. 

Una vez finalizada la lección, en la que el Coro de la UPR de Cayey interpretó la canción Latinoamérica de Calle 13, Clarisa explicó que su padre tiene prohibido desde 2011 enviar mensajes escritos o que su voz en llamada telefónica sea escuchada en altavoz.

Por eso, esta lección fue “una carta a los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico”, que se envió como un documento legal a su abogada Jan Susler, pero que tardó mucho más de lo normal. No fue hasta ayer por la noche que Clarisa pudo recibir esta carta de su papá.