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Por Normando Valentín

¿Qué les parece?

Hablemos de las varas y los padrinos

09/11/2018
El señor Somoza llegó en compañía de cinco abogados y montado en una guagua Escalade con tintes. El policía fue solo y a pesar de la evidencia presentada no se encontró causa.
El señor Somoza llegó en compañía de cinco abogados y montado en una guagua Escalade con tintes. El policía fue solo y a pesar de la evidencia presentada no se encontró causa.
“No se puede dar la impresión de que uno salió por la puerta ancha por estar conectado al Gobierno y el otro, por ser una persona vocal en causas sociales y antigubernamentales, se le descargó todo el código penal”.

La semana pasada, los boricuas vivieron un ejemplo de las dos varas que existen en nuestro sistema de justicia. Esto no es nuevo. Se menciona con una frecuencia pasmosa, pero nunca había quedado tan evidente. 

El Departamento de Justicia tuvo una oportunidad dorada para poner en blanco y negro que el emblema de la mujer con la balanza y sus ojos tapados funciona en realidad y no por el contrario, un concepto bonito, pero inexistente. 

Hablo del caso del exsecretario de Justicia, Guillermo Somoza, y el del profesor universitario Arturo Massol. Ambos enfrentaron una vista por casos relacionados a la Ley de Tránsito. 

Somoza fue sorprendido regateando alegadamente en un automóvil Porsche por la avenida Baldorioty de Castro y fue detenido en la Ruta 66. Viajaba a unas 94 millas por hora y tuvo alegadamente un encuentro “deportivo” con un automóvil Mercedes Benz que fue detenido viajando a 92 millas por hora. Somoza estaba acompañado por su hijo, menor de edad y dio negativo a una prueba de alcohol. 

Massol fue detenido al salir de una pizzería en su pueblo, Adjuntas, cuando guiaba un viejo jeep de 1952, que no tenía marbete, ya que es de uso frecuente en su finca; casi nunca lo usa en vías públicas. Fue detenido alegadamente por estar bajo los efectos del alcohol y no se negó a realizarse una prueba. Al igual que Somoza, se encontraba acompañado de su hija menor de edad. 

Massol no estaba manejando y fue intervenido al salir del local comercial. Alegadamente el policía no quiso enseñar el resultado de la prueba de alcohol del profesor y varias personas que se encontraban en el lugar, aseguran que no estaba ebrio.

Es más, el propio dueño del local que atendió personalmente al líder de Casa Pueblo establece que Massol pidió pizza con el refresco de chocolate Yoo-hoo, presentando el recibo de lo consumido. 

Ambos casos fueron llevados a vista. Surgió el debate sobre la presencia o no de fiscales en cada una de ellas. Representantes del Departamento de Justicia se fueron de pecho asegurando que no se asignaban fiscales para esas vistas.

Sin embargo, algo ocurrió pues a la vista del señor Somoza no enviaron un fiscal y sí a la vista de Massol.

El señor Somoza llegó en compañía de cinco abogados y montado en una guagua Escalade con tintes. El policía fue solo y a pesar de la evidencia presentada no se encontró causa.

En el caso del señor Massol, el policía estuvo acompañado de un fiscal. La audiencia fue privada y no se permitió la entrada de los medios.

Se supone que, en ambos casos, la determinación del juez o jueza haya estado en manos de la prueba presentada. Es lo que uno desea independientemente de quién sea el imputado.

Al aquilatar lo ocurrido vemos cabos sueltos y lo que se perjudica es el sistema judicial. No se puede dar la impresión de que uno salió por la puerta ancha por estar conectado al Gobierno y el otro, por ser una persona vocal en causas sociales y antigubernamentales, se le descargó todo el código penal. 

La secretaria de Justicia, Wanda Vázquez, tendrá que explicar para evitar que se afiance en nuestra sociedad aquello que cuenta de la existencia de las dos varas o peor aún, aquello de que el que tiene padrino se bautiza.