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Por Rosita Marrero

Pa' luego es tarde

Los huevos se van a poner a peseta

07/13/2016
"Habrá que ver la reacción de los sindicatos acostumbrados a salir a la calle a exigir sus derechos cuando entre en efecto la disposición que prohibe las protestas y las huelgas"

La tensión que genera la crisis fiscal en la que estamos sumidos, aderezada por el recrudecimiento del colonialismo que toma forma en la figura de una junta de control fiscal, podría desencadenar en actos de represión y violencia.

En septiembre, cuando entre la junta a escena, con su PROMESA, los huevos se van a poner a peseta.

Cuando ocurran los despidos masivos, se aumenten los impuestos, se privaticen los servicios y se impongan extremas medidas de austeridad, es de esperarse, que se disparen actos violentos, incluyendo un aumento en los asesinatos vinculados al narcotráfico, que tienen su origen en la desigualdad y la pobreza.

En estos días, experimentamos un incremento en la ola de asesinatos. La crisis económica es amiga de la violencia.

Conocedores, apuntan a una reducción de las ventas en los puntos de drogas, debido a que el consumidor “social”  ha visto perjudicado su bolsillo. 

No hay que ser un gurú para saber que cuando se está pela’o y desesperado, cuando no se tiene dinero para comer y darle comida a los niños, cuando no se tiene dinero para pagar la luz,  el agua y la renta, van a aumentar los robos, escalamientos, asaltos y la ratería de subsistencia.

Hace unos dos años, cuando estábamos en plena crisis, sorprendieron a una madre, acompañada por sus tres hijos, robándose un paquete de chuletas de un supermercado.

¿A qué conclusión podemos llegar, aparte de los credos morales, legales y de modelaje? Tenían hambre. No tenía dinero. Estaba desempleada. La despidieron. Era jefa de familia. Su marido estaba preso. Haga su propia novela.

Cuando la Junta de Control Fiscal rompa a cerrar y consolidar agencias de Gobierno, despedir a los obreros, a atacar los sindicatos, a eliminar los convenios, a reducir pensiones a los retirados,  imponer salarios de hambre de $4.25 la hora  y a trastear la fórmula mediante la cual se le asigna dinero a la UPR,  aumentará el malestar social.

Perturba que PROMESA contemple un ajuste del salario mínimo de $4.25 la hora para los jóvenes menores de 24 años, instado por el Gobernador. Ganarían $34.00 diario; $238.00 a la semana; y $952.00 al mes, sin los descuentos.

Es un incentivo para que se vayan.

Acaso  ¿no comen, no pagan renta, ni pagan luz, ni agua? 

PROMESA nos retrotraerá al 1930, a la explotación de los trabajadores en las centrales azucareras.

Habrá que ver la reacción de los sindicatos acostumbrados a salir a la calle a exigir sus derechos, cuando entre en efecto la disposición que prohíbe las protestas y las huelgas. 

A juicio del economista Francisco Cátala, no deben cerrar los talleres, ni facilitarle a la junta, los despidos.

“No deben hacer una huelga, a menos que sea general”, dijo.

El mismo señalamiento aplica a la UPR. “Una huelga puede significar un cierre inédito porque no van a pagar el sueldo”, advirtió. 

Es de esperarse que, con la “toma de posesión” de los siete dictadores fiscales en septiembre,  la desobediencia civil escale de forma masiva y con ésta, la represión y la violencia.

Cuando la junta venga a cobrar la deuda, los huevos se van a poner a peseta. Hagan su propia novela.