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Por Jay Fonseca

Esto tiene Salvación

Un hombre que puede cambiarlo todo

03/03/2014
(Foto: archivo / ilustración: mbayon@primerahora.com)
(Foto: archivo / ilustración: mbayon@primerahora.com)
Uroyoán Walker es el hombre más importante para Puerto Rico en este momento. No lo vemos así porque no entendemos el potencial que tienen él y su puesto.

Uroyoán Walker es el hombre más importante para Puerto Rico en este momento. No lo vemos así porque no entendemos el potencial que tienen él y su puesto. En la opinión pública se ha convertido en Alberto Bacó part II, cuando pudo ser el Jaime Benítez que junto a Teodoro Moscoso -bajo la dirección de Sánchez Vilella y el mandato de Muñoz Marín (con sus defectos y cualidades)- forjaron nuestra historia. Muchos nos sorprendimos cuando lo eligieron. Walker tenía el resumé menos impresionante de los candidatos a la presidencia de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Era un desconocido y nadie podía explicar, aun después de su elección, cuál de sus logros le merecía ser presidente. Sin embargo, David era menos impresionante que Goliat y ganó la batalla para luego dirigir al pueblo de Israel a las más importantes victorias en su historia.

Walker lleva 100 días de presidente de la UPR. Tras su inesperada selección no hizo nada para comunicarle al País su plan -si tiene uno más allá del libreto de campaña- para revolucionar esa institución. Se le olvidó su deber fiduciario con Puerto Rico y el momento en que le tocó dirigir nuestra única institución estatal con la posibilidad de desarrollar nuestra economía sostenidamente. Era indispensable que lograra una proyección de revolución porque la UPR llevaba cuatro años de administraciones incompetentes, que hasta hacían cheques traqueteros con una llamada fatula. En este instante que vive el País su universidad debe estar en el epicentro de la discusión pública y debe tener un rol protagónico para sacar a Puerto Rico de la crisis. El plan de transformación de nuestra isla debe comenzar con su universidad y luego con cada escuela pública en cada comunidad.

A través del mundo existen cientos de ejemplos de cómo una universidad transforma la economía.  En Estados Unidos tenemos ejemplos concretos y estudiados hasta la saciedad. Desde la universidad de Stanford y Berkeley y la transformación de San Francisco; Duke y la transformación de Raleigh y Durham; MIT y la transformación de Cambridge; hasta la Universidad de Texas y la transformación de Austin. Viendo eso, en Nueva York están creando tres centros de investigación con universidades, haciendo de estas epítomes del desarrollo económico y humano. Los líderes universitarios, como los tuvo Puerto Rico en el pasado, trazan una ruta, se lanzan a la calle para levantar los fondos necesarios y transforman su entorno. Creando no “fast foods” de diplomas por servicarro, sino verdadero desarrollo económico. En Puerto Rico ni siquiera tenemos que inventar la rueda. Desde el inicio de la administración universitaria de Antonio García Padilla (que dirigió la UPR con sus luces y sus sombras) existen proyectos vitales para Puerto Rico que tienen que completarse. No se pueden seguir posponiendo ni un minuto más.

El desarrollo de la Ciudad de las Ciencias, del Fideicomiso de Ciencias y Tecnología, el Centro Comprensivo de Cáncer, la creación de un centro mundial de investigación sobre la altísima tasa de diabetes y asma en Puerto Rico, el desarrollo de la planta de Bioprocesos en Mayagüez, la implementación de leyes ya aprobadas para atraer científicos académicos e industriales a establecerse aquí, el Centro de Ciencias Moleculares, la reorganización del Jardín Botánico como un centro de investigación de medicina tropical son proyectos que le tocan a usted hace 100 días, pero parece que no se lo han dicho. A usted le toca liderar al País en este momento, fuera de banderas políticas.  Pero la UPR le ha dado la espalda a Puerto Rico y se ha enajenado por demasiado tiempo. La universidad no puede seguir entre muros mientras su entorno -que parece casi de un país destruido por guerra- se convierte en inhabitable. Mire los edificios en ruinas, abandonados y llenos de adictos alrededor de la UPR en Río Piedras. ¿A eso aspiramos para todo el País? Comuníquele al pueblo en las próximas dos semanas en qué estatus están cada uno de esos proyectos, así como los nuevos proyectos que usted tiene para la universidad y para Puerto Rico. Le ofrezco los espacios mediáticos donde participo si los desea.

La UPR nos cuesta $1.5 billones anuales; el Departamento de Educación $3.6 billones más. Como ejemplo, invertimos en cada estudiante de escuela pública 8,612 anuales. En un colegio privado sería una matrícula de $862 mensuales. Muchos colegios prestigiosos cobran mucho menos que eso. Invertimos en cada estudiante de la UPR $28,571 anuales. Si suma, el pueblo invierte cerca de $250,000 por cada estudiante público hasta su bachillerato. ¿Para qué? ¿Qué logramos con esos diplomas si la universidad está enajenada, dando diplomas sin prestigio alguno en el mercado global? No me venga con que muchos triunfan, porque obviamente siempre hay gente excepcional que triunfa aun en el peor escenario, pero en la política pública hablamos de la media y la mediana, no de excepciones. Incluso muchos terminan yéndose del País. Si de los 50,000 que se fueron el año pasado 35,000 fueron de escuela y universidad públicas, el pueblo invirtió en ese grupo nada más $8.7 billones.

¿Para qué? ¿Para que se nos vayan a saludar a Mickey y a vestirse de Donald? Imagínese que Microsoft invierta $8.7 billones para desarrollar empleados y cuando llegue la hora de devolver lo invertido se vayan para Apple. Pues eso es lo que está pasando y la inmensa mayoría son fondos locales, no son federales.

Aun así lo peor es que actualmente nuestra mejor universidad está en la posición 749 en el mundo y las otras ni aparecen en las listas globales de relevancia. Por eso la premura de exigirle a Walker. El gobernador se referió a la UPR como “el proyecto de desarrollo socioeconómico más importante del País” y lo es.  Pero pasaron los meses y los vientos de cambios dejaron de soplar. En el período de 100 días, Walker solo se ha expresado públicamente para confirmar que las críticas que recibió del PNP por aumentar sueldos de sus empleados de confianza eran ciertas y que redujo 3% de los sueldos de su gente. Luego se unió a la Junta de Gobierno para empezar a meter el cuco de los recortes presupuestarios y las alzas de matrícula, a lo Ygrí Rivera.

Esos proyectos que mencioné arriba son de hace una generación. Complételos, Walker, e infórmenos los nuevos que usted propone.  En este espacio he compartido dos ideas adicionales que son trascendentales. La primera es el desarrollo de una Escuela de Empresarismo -fuera de la UPR- que fomente el desarrollo de líderes empresariales emprendedores e independientes y capaces de desarrollar localmente el empresarismo de alto impacto que necesitamos para ser autosuficientes. La segunda es el desarrollo de un centro de investigación en Silicon Valley donde nuestros estudiantes puedan ir con el apoyo del Gobierno y de la UPR a formar sus propias empresas y, una vez formadas, trasplantar sus modelos de negocio y su propiedad intelectual a Puerto Rico. Esto lo hacen muchísimos países. No nos sigamos quedando atrás. 

Incluso, se pueden hacer cosas más sencillas como fundar incubadoras verdaderamente eficientes. Centros de apoyo al ciudadano que tiene ideas de negocios para que la UPR y sus estudiantes le hagan los estudios de mercado, páginas de internet para exportación, campañas de promoción, traducción, ingeniería de una tienda y centros de distribución para pequeñas empresas, libros de contabilidad, finanzas, ubicación, proceso de permisos, estudios y creación de patentes, etc. Con ello les damos la práctica a nuestros estudiantes y desarrollamos pequeñas empresas que no podrían pagar los costos de ello en la empresa privada. Hacer competencias entre los recintos universitarios para crear aplicaciones que hagan innecesarias las filas en los Cesco, pagar planillas y servicios desde el celular, que se comuniquen las agencias y corporaciones públicas entre ellas mismas y que hasta los teléfonos corran por IP, ahorrándonos millones largos anuales.

Aquí hacemos competencias de atletismo, pero es tiempo de transformar la patria explotando nuestros recursos en otros frentes. Mientras nuestra mejor universidad sea la 749 en el mundo de nada sirve lo demás. Walker, ya sabe que hay 748 universidades que nos están comiendo los dulces. ¿No le molesta eso? ¿No le provoca rabia y deseos de romper con todo para demostrar que podemos estar entre las mejores 100 del mundo?

Tras el cierre de las compañías 936 ya no nos queda nada que ofrecerle al mundo que no sea la envidiable tierra hermosa con ubicación geográfica brutal que tenemos y el cerebro de cada boricua como capital humano. Por el alto costo de las leyes de cabotaje y el turismo local esa alternativa turística y de transporte es buena, pero limitada. Lo único que nos queda es el cerebro de cada boricua. Que sean cerebros educados mejor que nadie en el mundo, creativos, que desarrollen la mejor pastilla, el mejor celular del mundo, la mejor patente de televisores, de computadoras, de software, los mejores plomeros del mundo, mecánicos, electricistas, los mejores empleados públicos, los más ágiles y eficientes, etc. Eso atraerá el capital local y foráneo solitos. Lo único que nos va a sacar de este marasmo económico es la búsqueda de la excelencia en la acción de cada uno. Dejar la mediocridad y condenarla como un cáncer social cambiable por productividad de primer nivel.

Walker, usted no tiene la culpa de que la UPR y Puerto Rico estén como están, pero usted tiene una oportunidad única en la vida de los pueblos de tomar el batón y demostrarle al País y al mundo de lo que somos capaces.  Empiece por dar señales de vida, dígale a Puerto Rico que la universidad está viva y vibrante y lista para cumplir su propósito. Dígale al País cuáles son sus planes. Cálleme y demuéstreme que usted sí sabe lo que está haciendo y que usted sí tiene algo que aportar. Por favor, Sr. Walker, no sea otro Alberto Bacó.