Autorretrato: La música es el antídoto de Ana Ríus contra la tensión

Por Rosita Marrero / rmarrero@primerahora.com 03/08/2014 |
La secretaria de Salud, Ana Ríus, aclara no puede dejar a un lado la carrera de anestesióloga porque perdería las destrezas, y su profesión es su vida. (ana.abruna@gfrmedia.com)  
Reclama que aquí se marcha por todo, pero no por la dignidad de los pacientes mentales.

Gusta de la lectura y la música, dos pasiones a las que da rienda suelta en sus momentos de ocio, liberando las tensiones que conlleva atender la salud de un pueblo y los imprevistos de cada día.

La secretaria de Salud, Ana Ríus, está en un corre y corre constante. De momento, entró una llamada del Centro de Control de Enfermedades Infecciosas de Atlanta (CDC, por sus siglas en inglés).

Seguramente trataba de resultados, de cultivos, de viruses o del brote de la bacteria Acinetobacter baumannii, que en Mayagüez arrebató la vida de dos personas.

No hay forma que pueda escapar de la tensión que provoca el dirigir una agencia con tantas divisiones y particulares problemas, comentó.

“Todos notifican y recaen sobre mí y hay que buscar soluciones para que no llegue el final del día sin poder prestar atención”.

¿No era mejor ser anestesióloga?

(Se ríe) “La gente está equivocada con la profesión. Un anestesiólogo es como el piloto de un avión, que es responsable del despegue, de la seguridad de una tripulación y unos pasajeros y llegar a un aterrizaje perfecto. Así mismo sucede con los pacientes: hay que dormirlos con sus complicaciones o sin ellas. Se manejan drogas potentes. Se está atento a eventualidades que puedan surgir durante la cirugía. Por último, el proceso de despertar al paciente, que es como el aterrizaje”, describió.

Ríus aclara no puede dejar a un lado la carrera de anestesióloga porque perdería las destrezas, y su profesión es su vida.

Al iniciarse en su cargo gubernamental, Ríus se hizo consciente de una situación dramática por la que nunca se había interesado: el grave problema de salud mental de nuestro pueblo.

“Aquí caminan por los niños. Aquí caminan por el cáncer. Aquí caminan por cualquier causa proselitista y de la enfermedad mental nadie se ocupa. Es curioso porque en la enfermedad mental, al paciente perderse a sí mismo, se pierde la dignidad de la persona. No solo se pierde, sino que nosotros no sabemos dársela. Los estigmatizamos y los rechazamos y los hacemos más indignos”.

¿Qué podemos hacer?

Es difícil. Es tan difícil. Como que solos no podemos hacerlo. Tenemos que usar la comunidad y a empezar a crear conciencia que a todos les puede pasar. No es solo ir a un siquiatra y que le den medicamentos. Esto conlleva más en el hogar, desde la niñez, de la educación, de crear un ambiente adecuado. Hay proyectos de ley. Todo el mundo está interesado en la salud mental. El problema es que tenemos que hacer el gran proyecto de país y ponerlo todo junto”.

Una mala palabrita de vez en cuando...

Con tantas preocupaciones, preguntamos a la secretaria si en las noches sueña con fórmulas, anestesia, con pacientes mentales o con el hongo del edificio que alberga el Departamento de Salud.

“Puede ser que haya dos días o uno en que haya soñado, pero me pongo a ver muchos programas cómicos, a leer mucho mis libros. Mis nietas ocupan una parte importantísima de mi vida”.

¿Qué programas?

Televisión española. Aquí no hay quien viva... es de Antena Tres. De aquí no veo nada. Tengo que ser sincera.

¿Por qué no?

No veo novelas mexicanas porque los buenos son buenos, buenos zánganos; y los malos son, malos, malos, que uno no puede creer que existan. No me gustan los programas de chismes. Los detesto.

Al planteársele que en esas comedias españolas se dicen malas palabras, contestó riéndose: “¡Ah, no importa, de vez en cuando, soltar una palabrita! No sabe cómo libera eso. Soltar una de vez en cuando es bueno. Eso libera. Esos son malas palabritas para nosotros, pero para los españoles es su forma de hablar”.

¿Cómo las usa usted?

“A veces las grito en el baño. A veces caminando por ahí”, contesta a carcajadas.

¿Cuál es su favorita?

¡Esto esta ca...!

Las cosas buenas de la revolución

Ríus, oriunda de Cuba e hija de padres españoles, llegó a Puerto Rico el 1 de diciembre de 1969. Su familia salió de Cuba en 1968, directamente a España. Nunca había vuelto a su patria hasta hace tres años, cuando fue a cuidar a una tía enferma.

La galena reconoce las aportaciones positivas de la revolución cubana, aseverando que como estaba la situación en Cuba hacía falta un Fidel o un cambio. Sin embargo, no es adepta al régimen.

“Cuando llené la tarjeta de Aduana, me hicieron borrar porque puse ciudadanía estadounidense y ellos me corrigieron”.

“Usted es ciudadana cubana”, me indicaron. “Sí, a mucha honra. Yo nací aquí”, contesté.

Al preguntarle sobre la belleza de La Habana, dijo con gracia: “La Habana es una vieja con colorete. (Se ríe). Posee elegancia. Además, a La Habana Vieja la han puesto preciosa, con todo los fondos que han recibido de la Unesco. Pero es una vieja con colorete. Tú la ves elegante, digna, bien señora”.

“Me van a matar los cubanos del exilio, verdad, pero yo creo que si Cuba no hubiera tenido un embargo no hubiéramos tenido un régimen como el que tenemos. Creo que la revolución tuvo cosas muy buenas, como el proceso de educación. Soy producto de la educación cubana. Tuvo un proceso de alfabetización del que participamos todos”.

Sin embargo dijo, que con lo que no concuerda es “con eso de la igualdad de todo el mundo”. “El pobre acá y la clase política allá arriba. No”.

Se confiesa bohemia

Ríus expresó su gusto por la música y el canto. Sabe bailar, sobre todo salsa, aunque no tiene muchas oportunidades de practicarla.

“Puedo decir que anoche, en medio de mi soledad, busqué todas las canciones viejas que me gustan, en You Tube”.

Mientras bajaba una melodía del italiano Domenico Modugno, en su celular, comenzó a cantar, muy entonada, por cierto:

Come prima/ piú di prima/T’amero

Per la vita/ la mia vita/

Ti daro

Sembra un sogno rivederti/ accarezzarti

Le tue mani/ fra le mani stringere ancor

Il mio mondo, tutto il mondo sei per me

A nessuno voglio bene come a te

Ogni giorno, ogni stante

Dolcemente ti diro'

Come prima

Piu di prima/t’amaro.

 
Autorretrato: Ana Ríus