Bolsas plásticas: una amenaza a las especies marinas

Por Rosita Marrero 03/06/2014 | 00:00 a.m.
En Puerto Rico, no existe una cultura de asociar el carey como un animal bonito o como una especie importante en el arrecife. (Archivo)  
La población de tortugas marinas está comenzando a recuperarse, tras 40 años de protección, al crearse la Ley federal de Especies en Peligro de Extinción.

Dejar bolsas y botellas plásticas  en las playas o  en la superficie de un zafacón sin tapa, o  tirarlos  directamente en el mar  tiene consecuencias  nefastas para  ciertas especies marinas y está en nuestras manos evitarlo.

No solo la acción antropogénica del ser humano provoca la muerte de especies como la  tortuga, sino de mamíferos como la ballena y el manatí. Más aún, las bolsas plásticas que caen o tiran en el mar, cubren los arrecifes y matan los corales, impidiéndoles obtener los nutrientes.

Carlos Diez,  biólogo marino del Departamento de Recursos Naturales (DRN),  llamó la atención al hecho de que son acciones provocadas por las personas las que afectan la vida marina, las que contaminan las playas  y las que provocan heridas con sus embarcaciones.

Aunque no se puede precisar qué fue lo que provocó la muerte  de una tortuga peje blanco, cuya imagen fue colgada en Facebook, se presume que su muerte pudo haber sido causada por la ingestión de un plástico.

  “Descartamos definitivamente que fue un arpón  o un golpe de una embarcación o alguna mordida de tiburón, porque físicamente por fuera, no presentaba ningún daño”, dijo.

“Cuando mueren así,  es porque internamente tienen un problema. En este caso, bien pudo ser que ingirió este plástico o murió de alguna otra causa natural, que no es obvia ante nuestros ojos”, acotó.

Diez indicó que sí han tenido casos en las que las han abierto y han encontrado gran contenido de plástico. No solo en tortugas marinas.  Este recordó que hace dos años se reportó sobre una ballena  Picuda, en Maunabo, que  presentaba en el estómago grandes cantidades de bolsas plásticas.

“Las tortugas confunden las bolsa con las aguavivas o la medusa. Hay algunas especies de tortuga, como el peje blanco, que es la tortuga verde, que son oportunistas. Aunque no es su alimento preferido, si se encuentra una aguaviva, va a meter el mordisco. Le dicen peje blanco, porque  el plastrón es blanco”, apuntó.

Pero el tinglar, agregó, que es la bien grande, esa consume exclusivamente aguavivas o medusas.

“Diría que la muerte por plástico en estos animales en Puerto Rico,  es mucho más alta que por la cacería furtiva y no solo de la tortuga marina, sino de los mamíferos marinos. El plástico se pega en los corales y  obstaculiza el que los corales puedan adquirir los nutrientes para vivir. Mata los corales”, denunció.

El biólogo destacó que las botellas de leche también tienen su impacto, como un caso que presenció en una playa de anidaje de tinglar, donde las tortuguitas iban a salir, pero había un pedazo de plástico que  servía como techo y les impedía la salida, porque estaba enterrado en el tope del nido.

“Con la acumulación de arena, se tapa. No pueden salir y se mueren”, señaló.

En vías de recuperación las tortugas

De acuerdo a Diez, la población de tortugas marinas está comenzando a recuperarse, tras  40 años de protección, al crearse  la Ley federal  de Especies en Peligro de Extinción.

“Han sido cuatro décadas  de manejo y conservación. En Puerto Rico no llevamos tantos años. En Puerto Rico, apenas hace unos años,  se está manteniendo estable. Aquí en el 73, se estableció la ley federal  y la estatal en el 86”, dijo.

En la última  década, según Diez, es que  se empezó a hacer más efectivo y  a iniciarse manejos de trabajo y conservación.

“Todavía falta mucho camino.  Muchos de los nidos se protegen. Por un lado, se protegen, pero en el mar tenemos basura y contaminación”, apuntó.

Con el carey, por ejemplo, se añade el problema de los cazadores furtivos contribuyen a su extinción. Pero el principal problema es la basura y la contaminación.

“En el caso del manatí, quizás no se lo comen pero su aleta  se puede enredar en el plástico  y evita que pueda nadar y encontrar alimento. Puede morir.  Aquí volvemos a lo mismo, una bolsa plástica que se le enreda en la aleta y los sixpacks de cervezas”, observó.

Degradación de hábitat

En Puerto Rico, no existe una cultura de asociar  el carey como un animal bonito o como una especie importante en el arrecife. Pero, según el biólogo,  gracias  a la intensa campaña educativa desarrollada por el DRN, la incidencia de gente cazando tortugas ha bajado, por lo menos, los casos reportados.

“Aunque la cacería furtiva sigue siendo un problema, la amenaza mayor en estos tiempos es la degradación del hábitat, la extinción de las playas o arrecifes. Las playas son importantes para el anidaje y el arrecife, porque es donde crecen y se alimentan. Se está contaminando. Se están degradando por la contaminación y la basura”, reiteró.

Diez no pareció optimista con el hecho de que las poblaciones de tortugas marinas, a nivel mundial, estén aumentando, porque mientras más se vayan recuperando, según éste, más se verán afectadas por la interacción de los humanos.

Dio como ejemplo el impacto de embarcaciones con las tortugas.

“Serán más afectadas por acciones antropogénicas, provocadas por el hombre, la basura en el mar, la contaminación, el uso de embarcaciones. Va a haber menos espacio”, dramatizó.

¿Qué se puede hacer, para evitarlo?, preguntamos.

“Evitar la contaminación de las playas y el mar. Asegurarnos que cuando botemos una bolsa plástica, esté bien metida en el zafacón y no se vaya volando”, alertó.

“Según van recuperándose  las tortugas marinas, se van a ir topando  con que no van a tener mucho lugar, pues la gente le ha quitado ese espacio, y en muchos casos, destruido”, anticipó.