Sin lugar a dudas, los programas de detectives que veía en la televisión y las películas de acción que le gustaban a su abuelo, Pepe Cases, lo influenciaron de tal forma que terminó por ingresar al Negociado Federal de Investigaciones (FBI), cumpliéndose así su destino de convertirse en el flamante director de la agencia federal para Puerto Rico e islas Vírgenes.

Carlos Cases mira atrás y rememora los momentos felices de su niñez, su crianza y desarrollo en la urbanización Floral Park, en Hato Rey, y los hermosos recuerdos de sus abuelos alcahuetes, como todos los abuelos, en particular Pepe.

“Mi abuelo por parte de padre estaba metido en la política, y era conocido. Era bien protector de todos sus nietos. Todos mis hermanos –somos cinco– nos pasábamos los fines de semana metidos en su casa. Ellos vivían en Floral Park. Tengo gratos recuerdos”, dijo con los ojos humedecidos.

“Nos tongoneaban mucho. Nos llevaban a Plaza Las América, nos compraban ropa, nos compraban juguetes. En aquel tiempo John Wayne estaba en todo su apogeo y mi abuelo era fanático, y lo único que recuerdo es que nos pasábamos viendo películas de John Wayne y Charles Bronson”.

Aparte de esa importante influencia, Cases también se ve retratado en sus padres.

“Mi papá es una persona sumamente inteligente. Bien pausado, él piensa antes de actuar. Mi mamá es más fuerte de carácter. Una persona bien decidida. Yo tengo un poquito de los dos”.

¿Hizo maldades?

Hice maldades, pero yo me crié prácticamente en la marquesina de mi casa. Entré al FBI y no había sido ni boy scout. Vine a entender la calle siendo agente del FBI.

¿Y por qué se metió al FBI?

A mí siempre me gustaban los programas de detectives, (como) Kojak. Tengo un hermano que es agente de FBI y es abogado.

¿Qué piensan sus hijos de un papá director del FBI?

Yo no lo escondo. La gente lo va a saber como quiera. De hecho, cuando viajo, estoy montao en un avión y me preguntan qué tú haces, yo digo que soy un agente. No miento, no digo que soy contable. Si puedo hablar de mi trabajo, pues hablo de mi trabajo. La gente piensa que hay cosas supersecretas. Hay unas cosas en el FBI que no se pueden hablar, pero hay otras que sí.

“Me gusta mi trabajo”

Definitivamente, lo hace con pasión. “A mí me gusta ser agente del FBI. Llevo 21 años en esto. Es un cargo al cual estoy satisfecho de haber llegado. Me gusta mi trabajo y todos los días, durante 21 años, siempre me levanto con ganas de ir a trabajar. Le digo a la gente, a mi esposa particularmente y a mis hijos, que el día que yo me levante por la mañana y me sienta que no tengo ganas de ir a trabajar, es tiempo de empezar a pensar en hacer otra cosa”.

Contrario a lo que se puede pensar, Cases indica que un agente no es un robot, sino un ser humano.

“Somos personas como cualquiera otra. Hay unos que son serios; otros a los que le gusta el vacilón”, asegura, confesando que él es de los segundos. Se considera una persona jovial, que mantiene una relación relajada con sus empleados. “Me gusta hacer chistes”, dijo.

Aunque le pedimos uno, no se le ocurrió ninguno que fuese publicable y rompió a reír.

“La mujer de mi vida”

Cases lleva casado 23 años y tiene dos hijos, un universitario de 19 años y una jovencita de 14. Estudió en la Universidad de Puerto Rico un bachillerato en administración de empresas con concentración en contabilidad.

“Tengo un apego a la Universidad, pasé muy buenos tiempos allí... Yo era tranquilo”, recuerda. “Conocí a mi esposa cuando estaba en la UPR; yo estudiaba administración y ella comunicación pública. Nos conocimos a través de un amigo en común y lo demás es historia. La conocí en 1986 y, 27 años más tarde, todavía estamos juntos.

¿Y la ama?

“Seguro que sí. Es la mujer de mi vida”, dijo con emoción, levantando la voz.

¿Piensa tener más hijos?

No.

¿Por qué?

Porque no. Yo creo que dos son suficiente. Somos cuatro en casa.

Le gusta la salsa gorda

El director del FBI es un “cocolo” total, amante de la salsa gorda y no es poco común el que durante su rutina diaria se le escuche cantando los temas de sus favoritos, como Gilberto Santa Rosa, El Gran Combo, Luis Enrique...

“La conciencia me dice que no te debo querer”, tarareó a insistencias de Primera Hora.

¿Le gusta bailar?

A mi esposa le encanta bailar, yo nunca fui bailarín. Me defiendo un poquito. Tomé clases de salsa hace varios años.

“Es una de las cosas que debiera hacer más”, reconoce. “Mi esposa y yo somos bien caseros. No somos de salir. Bueno... salimos a comer, estar con la familia, ir al cine de vez en cuando. No soy de discotecas porque en la calle la cosa está mala. Mi esposa piensa igual. Mientras más uno sale, más expuesto uno está. Soy casero”.

Cases se crió jugando fútbol americano desde los ocho años.

“Soy un freak del ejercicio. Hago ejercicio cuatro o cinco veces a la semana, 40 a 45 minutos por sesión. Levanto un poco de pesas y hago cardiovascular. Corro y llevo casi 16 años haciendo spinning. Eso es lo que me gusta”.

En la mira el crimen de cuello blanco

El jefe del FBI considera que una de las razones para un incremento tan grande en la criminalidad es “la falta de oportunidades de nuestra juventud y la falta de empleos”.

“Hay gente con grados universitarios que tiene que irse a Estados Unidos porque aquí no hay oportunidades. Eso crea desasosiego y la gente recurre a cometer actos ilegales que, de lo contrario, no lo hubieran llevado a cabo”, asegura.

“Aquí también hay crímenes de cuello blanco donde hay personas en altas esferas de las compañías y del sector del Gobierno, a todos los niveles, estatal, municipal y federal, donde abusan de sus posiciones para lucrarse personalmente, y yo no encajo con eso. Por eso vuelvo a repetir que la corrupción pública es mi prioridad número uno”.

¿ Pronto se podrá ver algo?

No te puedo decir pronto, pero hay investigaciones corriendo. Hay unas en curso y cuando estén maduras...

¿Y habrá sorpresa?

“Siempre hay una sorpresita que otra”, dijo con una sonrisa.

Una primicia, ¿quién va preso?

Ay , yo no te puedo decir eso. Lo único que te puedo decir es que estamos bien activos en la corrupción pública, en todos los niveles. No solamente corrupción policiaca. La prioridad es no tolerar y atacar la corrupción, a los funcionarios público y a los electos, que el pueblo seleccionó para trabajar y para hacer un Puerto Rico mejor y no hacen lo que tienen que hacer.