Cuento de no acabar el de menores alcoholizados

01/22/2013 |
La imagen de menores intoxicados tirados a un lado de la calle pasando la nota volvió a repetirse durante los cuatro días de celebración de las Fiestas de la Calle San Sebastián.

La imagen de menores intoxicados tirados a un lado de la calle pasando la nota volvió a repetirse durante los cuatro días de celebración de las Fiestas de la Calle San Sebastián.

El rato de jangueo llevó al Departamento de la Familia a intervenir, durante el fin de semana, con 12 menores de 16 y 17 años, cuyos padres o tutores tuvieron que responder a las autoridades por el estado físico en que se encontraban. De estos, 10 estaban intoxicados.

Los progenitores de cuatro de los menores fueron referidos para investigación a Familia, confirmó a Primera Hora la portavoz de la agencia, Lymari Vélez Sepúlveda.

Según Familia, en esta edición de las Fiestas fueron 10 los menores, mientras que el año pasado se registraron incidentes con siete, entre los 13 y 17 años. En el 2011 fueron cuatro. Usualmente, la intoxicación es el resultado de consumir diferentes bebidas alcohólicas sin comer, lo que los lleva a desestabilizarse.

“Siempre se buscaba al tutor o adulto responsable y se entrevistaba y orientaba, pero hubo algunos casos que fueron referidos a la Línea de Maltrato para investigar si se fundamentaba o no la negligencia”, detalló Vélez.

Personal de la Policía Municipal y de Familia también intervino con ocho negocios por el expendio de bebidas alcohólicas. Sin embargo, las agencias no pudieron ofrecer a este diario los nombres de dichos comercios.

Para el sociólogo José Rodríguez, este tipo de incidentes es una situación que se va a continuar repitiendo a pesar de las iniciativas de prevención que se tomen. Claro, siempre hay medidas para minimizar el riesgo.

Lo primero es reconocer que se trata de menores inexpertos que carecen de la información necesaria para saber a lo que se exponen. Por lo que, por ello, siempre debe haber una supervisión o, al menos, una orientación antes de verse expuestos.

Con esto, explicó, no quiere decir que el padre no le dé a su hijo el espacio para disfrutar junto a sus amistades de equis actividad social, pero sí deben haber unos parámetros establecidos por el padre.

“Es necesario que vivan unas experiencias pero no unas que vayan a ponerlo en peligro, y ahí es que está la importancia de saber con quién va”, dijo.

Además de conocer a los acompañantes, el padre debe discutir los límites de tiempo y horario y establecer una comunicación a través de su celular. “No es estar encima de él, pero debe estar supervisado. Es una cuestión de sentido común”, insistió.