El éxito en el Clásico Mundial derrota al pesimismo

Por Arys L. Rodríguez Andino 03/19/2013 |
Esa euforia por el triunfo deportivo, que viene precedido por un gran sentido de propósito, evidencia que también es factible “definir mejor nuestro proyecto de país”. (Archivo)  
Para el sociólogo César Rey, es interesante que, de alguna manera, “cuando hay propósitos nacionales que nos entusiasman”, se aviva el sentido de identidad.

Si algo demuestran los logros del equipo de Puerto Rico en el Clásico Mundial de Béisbol, es que el país es capaz de hacer cosas buenas y que, con unión de propósito, es posible “tener una sensación colectiva de dirección”.

Para el sociólogo César Rey, es interesante que, de alguna manera, “cuando hay propósitos nacionales que nos entusiasman”, se aviva el sentido de identidad.

“El deporte aquí une mucho y, sociológicamente, cuando uno tiene un proyecto de país, llámese pelota, pista y campo, cultura, da mucho sentido de identidad, de dirección, y cuando cualquiera de nuestros atletas tiene éxito, uno siente que el país puede. Es una sensación de logro, de que podríamos hacer más cosas”, analizó Rey.

Esa euforia por el triunfo deportivo, que viene precedido por un gran sentido de propósito, evidencia que también es factible “definir mejor nuestro proyecto de país”.

“Independientemente de las diferencias, pequeñas o grandes, desde el punto de vista de afiliación política, es inmaterial si tenemos claro el propósito de país”, señaló. “Hay países que han logrado armonizar sus diferencias en virtud de la calidad de vida”.

¿Para qué nos sirve el triunfo deportivo?

Para reflexionar como país de las capacidades que tenemos. De las reflexiones más interesantes es la capacidad de jugar en equipo y, si se gana, es que hubo mucho desprendimiento y generosidad.

A juicio de la psicóloga Mercedes Rodríguez, el deporte es una de las pocas experiencias sociales colectivas que la gente puede disfrutar como unidad y sugirió trasladar a otras áreas de la convivencia los valores que se le atribuyen al deporte.

“Si las familias, las comunidades, el país, pudiese amanecer trabajando en equipo, sería un gran logro. No va a haber magia, pero sí habría una voluntad colectiva”, expresó.

Rodríguez reconoció que “no hay que ser fanático ni fiebrú para sentir la alegría y el orgullo”, por lo que no le adjudica ningún balance negativo al logro deportivo. “Aun quien no vio el juego, vio la primera plana y sonrió. Es una oportunidad de alegría y un tema de conversación que no daña a nadie”.

Las manifestaciones de euforia a Rodríguez no le extrañan porque “el orgullo boricua es algo que se construye alrededor del deporte”.

“Eso no es nuevo. En Puerto Rico hay una gran tradición de apego al deporte vinculado a lo patriótico. Ahí hasta el más penepé está detrás de su bandera”, expuso.

Según el psicólogo Alfonso Martínez, lo que convierte en extraordinario este evento deportivo es que no es algo que ocurre con frecuencia.

“Si fuera algo que ocurre semanal o mensual. Pero este evento es algo que ocurre quizás en una década, que estemos a punto de ganar algo tan grande. Es algo tan inusual y tan extraordinariamente bueno que la gente se ha unido y tiene unas expectativas de apoyo y reales de que podemos ganar”, indicó.

De la respuesta masiva en la que el país completo parece ser fanático del béisbol, Martínez señaló que es que no es una fantasía.

“Como este equipo está representando a Puerto Rico la gente se une a pesar de que no conozcan mucho. Tenemos un equipo que está llamando la atención, a la gente le da curiosidad y también entusiasmo”, explicó.

Además de que quienes juegan son bastante conocidos, el psicólogo entiende que entre los jugadores hay una química que se percibe desde afuera, donde están los fanáticos.

“Se ve que hay una unión entre peloteros que contagia de cierta manera”, observó.

El éxito del equipo destruye, además, la mala concepción que tienen los puertorriqueños sobre sí mismos.

“Hay unos estudios un poco viejos, de los 80, pero que todavía se citan, que establecen que los puertorriqueños tienen una mala opinión de los puertorriqueños. La gente tiene una opinión de que el puertorriqueño es vago, que no da la milla extra, y hemos internalizado que aquí no se produce nada bueno, y eso puede estar relacionado con la mentalidad del colonizado, uno se acostumbra a que el otro es mejor... Y en momentos como este, se pone eso en duda”, profundizó.

Más allá de los anuncios de que Puerto Rico lo hace mejor o que somos más grande, “ya no es retórica, no es un anuncio, es realidad”.

Ahora, de la duración de este periodo de felicidad no se puede esperar mucho.

“No dura demasiado, por eso la gente busca otras cosas”, expuso al reiterar la necesidad de “saborear” los triunfos.

 
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