En broma: El drama de convencer quitándose la camisa
Esta semana, José Raúl Arriaga se descamisó para mostrar las cicatrices que le dejaron las puñaladas.

Nota de archivo: esta historia fue publicada hace más de 15 años.
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“Tengo la camisa negra y debajo tengo el difunto”
Si Juanes fuera José Raúl Arriaga y anduviese por los pasillos del tribunal como víctima de las múltiples puñaladas propinadas por un joven con quien pretendría tener sexo a cambio de pagarle, probablemente tendría que cambiar la letra de la canción.
El color de la camisa sería indiferente, pero debajo no estaría el difunto, sino la evidencia que mostraría en un oportuno momento dramático.
Esta semana, el ex periodista radial se descamisó para mostrar las cicatrices que le dejaron las puñaladas. Y, contrario a los cartelitos que colocan en algunas mercancías donde se advierte que se puede mirar pero no tocar, Arriaga invitó a que le palparan sus heridas, como si eso hiciera más cierta su posición de víctima.
“Yo quiero que el pueblo de Puerto Rico vea mi 'mentira', pero que la toquen. Que verifiquen mis heridas y me digan si yo miento. No miren, toquen. Que el pueblo juzgue”, dijo Arriaga a los periodistas.
Nadie tocó.
El torso descubierto de Arriaga trae a la memoria otro pecho que se hizo famoso en un momento en que era casi imposible añadir más drama.
El ex presidente cameral, Ronaldo “Rony” Jarabo, no titubeó en mostrar en vivo y a todo color lo que ya había enseñado a través de unas fotografías que se hizo tomar en privado.
Para demostrar que era él el agredido y no la ex reina de belleza Elizabeth Zayas, Jarabo se quitó el gabán y la camisa y dejó al descubierto su versión de los hechos.
Probablemente porque sabía que los golpes parecían haber sido propinados por varios individuos en una callejón oscuro, Jarabo se apresuró a decir que Zayas “parece que tiene alguna relación con el boxeo definitivamente... tiene una gran técnica, ella sabrá dónde la aprendió”.
Nunca quedó claro, eso sí, cómo es que Jarabo llegó a la casa de su presunta victimaria a reclamarle que el marido de ella estaba de amante con la esposa de él. De lo que sí ofreció detalles fue de la supuesta agresión.
“Se me golpeó repetidamente en ambos lados de la cara, y se me arañó en mi cuello y se me intentó estrangular con mi propia corbata”, abundó en ese momento de 1991.
Si de todas maneras podía decir eso en corte, ¿por qué quitarse la camisa en público?
“Mal parece que solo me quedé”...

