En el Tuque muchas vidas penden de un hilo

03/04/2013 |
El pasado jueves se toparon con un proyectil dentro de la humilde vivienda.

Qué increíble: siguen corriendo peligro las vidas en comunidad ponceña.

La vida de la familia López Figueroa, como la de tantas otras que residen en la calle Lorencita Ferré de la comunidad El Tuque, en Ponce, pende de un hilo.

Son balas vivas las que se zafan de los polígonos de la Policía y del Ponce Experts Shooting Corp., como la que traspasó en días recientes la pared de la humilde casa de madera y zinc de Rafael López. El proyectil dejó un impresionante roto en la pared del dormitorio matrimonial. La bala atravesó la madera y pasó bien cerca del espejo que utiliza su esposa Damaris para arreglarse.

“No nos habíamos dado cuenta hasta ayer (el pasado jueves) por la mañana. Cuando voy a despertar a los nenes, me doy cuenta que la bala estaba en el piso al lado de una computadora que no sirve que tenemos en el piso”, narró el padre de tres hijos de 16, 13 y 12 años.

“Levanté a mi esposa y le dije: ‘Mira lo que encontré en el cuarto ahora’. Ella se alarmó mucho y me dice: ‘¿Pero por dónde entró eso?’. Me da por apagar todas las luces porque estaba amaneciendo. Eran como las 6:45 de la mañana y, como afuera estaba más claro, vimos el roto al lado de un espejo que mi esposa tiene en la pared para peinarse”, narró el humilde hombre.

Dijo que milagrosamente la bala no les hizo daño. “A la altura que entró es básicamente como si le fuera a dar en la sien a uno. El roto quedó redondito con los pedazos de estillas para dentro del cuarto. La bala traspasó la pared, pasó de un lado a otro, y como la casa es de madera completa, ese mi temor”, sostuvo.

“Estamos muy alarmados. Mi esposa empezó a llorar por las probabilidades de que pase algo malo”, dijo. “El nene ahora mismo no está durmiendo en su cuarto, que queda al frente de la casa. Se acuesta en un matrecito al lado de la cama de las hermanas en el cuarto del medio”, agregó.

Rafael dijo que los dos polígonos deben ser reubicados a una zona en la que no haya viviendas porque corren peligro muchas vidas. “Esto es demasiado de peligroso”, sostuvo. Solicitó a las autoridades que abran una investigación de inmediato, pero que “no quede en palabras muertas”.

Dijo que cuando disparan mucho en los campos de tiro, “nos quedamos todos adentro y, si alguno está en el patio, nos vamos para la cocina, que es lo único que tenemos en cemento”. Indicó que había escuchado antes que las balas rebotaban en el cemento de la escuela, “pero ahora ya vemos que llegan hasta acá”.

“Nuestra fe en el Señor es nuestro escudo, nuestra defensa, pero algo se tiene que hacer porque hay muchas vidas en peligro aquí”, afirmó Rafael, quien a sus 37 años está incapacitado por un defecto congénito en ambos pies. “No tengo tobillos. Camino con mucho dolor. Por eso me da miedo, porque yo siempre estoy aquí y no podría escapar de los balazos”, sostuvo.