En juego la vida en El Tuque

02/25/2013 |
Residentes del barrio muestran las balas que a diario recogen en los patios de sus viviendas.

Ponce. Las municiones que se disparan en los dos polígonos enclavados en el barrio El Tuque no solo afectan el ambiente académico en la escuela vocacional Lila Mayoral Wirshing, sino que el peligro de una bala viva acecha en cualquier momento a los residentes de las viviendas cercanas a los campos de tiro. 

No hay límites. Los plomos y fragmentos que caen en los patios y residencias de la calle Lorencita Ferré y en el sector Nueva Vida interrumpen la vida cotidiana de los vecinos del barrio más grande de la Ciudad Señorial. Los disparos han afectado incluso al antiguo taller de santos de palo de la reconocida familia de artesanos Orta, donde las balas parecen “chocar” con el arte y la cultura. 

Primera Hora visitó la atribulada comunidad ponceña y, tan pronto nos bajamos del carro, a eso de las 10:30 a.m, fuimos testigos de las detonaciones, que poco después cesaron, quizá al advertir nuestra presencia.

Testimonios

Luis Edgardo Díaz, catedrático de historia de la Pontificia Universidad Católica y ex director ejecutivo del Instituto de Cultura Puertorriqueña (ICP)

“Yo vengo aquí al taller madre de talla de santos desde  hace muchos años.        Ellos (los Orta) fueron  mis maestros. Vengo los sábados a tallar y hace alrededor de un mes y medio, cuando voy a abrir el portón para entrar al taller, oigo un ruido en un árbol. Era una bala que le dio a la rama del árbol que yo tenía al frente, luego chocó en la verja y cayó en el piso. Aquí la guardo”, narró el historiador  mostrándole  el proyectil a Primera Hora.

¿Qué pensó en ese momento?

El peligro que acarrea vivir en esta zona. Eran como las 11:00 de la mañana de un sábado. El problema no se ha resuelto. Aunque han cesado un poco las prácticas, esto parece un campo de guerra. A veces se exceden. Eso es ta, ta, ta, ta…   Yo me siento aquí (en la silla del taller) con miedo.

José Orta, Tallador  de santos

“Hace como siete años, yo estaba parado en el portón frente a donde mi mamá tenía un negocio. De momento, siento una quemazón en el área del pecho y, cuando me doy cuenta, era una bala que me había rozado la piel. Traté de cogerla, pero no la pude rescatar porque la bala se fue resbalando por la alcantarilla. Eran como las 3:00 de la tarde. A veces uno está con los niños y, cuando empiezan a tirar, uno tiene que recogerlos y esconderse. El viejo mío decía que eran unos mentirosos porque cuando le preguntaban por las balas, decían que ellos lo que hacían era matar rolitas”.

Domingo Orta (hijo) tallador de santos

“En una ocasión, mi papá estaba convaleciendo en la casa y una bala impactó una ventana. Él nos  dijo: ‘Me van a matar aquí’. En esta casa, las balas corren por encima del zinc. Aquí uno no puede estar tranquilo en ningún sitio. Cuando están tirando, es como si estuviéramos en Irak. Mi mamá Santia murió hace un mes y ella vivía aterrorizada con esos disparos.  Esos campos de tiro los deben reubicar”, dijo el artesano mostrando las marcas que han dejado  las municiones que  chocan con  la cortina de aluminio del balcón de su humilde residencia de madera y zinc. Mostró también un frasco de cristal lleno de proyectiles que han recogido en el patio y otro impacto que dejó  un plomo en una ventana de aluminio en otra casita de madera, propiedad de su hermano Héctor Luis Orta.

¿La talla de santos se interrumpe cuando disparan?

Claro que sí. Este es un trabajo que requiere mucha concentración.  Cuando uno oye un impacto, suelta la pieza… a veces son como metralletas. Nosotros  vivimos de este oficio, que fue lo que nos enseñó nuestro padre.  Nosotros fuimos de los primeros en vivir aquí en los años 70. Aquí antes casi no había casas y el camino era de tierra.

Ciara López Figueroa, niña de 12 años

“Yo estaba barriendo el balcón de la casa y escuché un ruido, escuché que algo chocó contra el marco de la ventana de cristal. Luego sentí algo caliente que me quemó el pie, lo cogí y pensé que era algo que había brincado de abajo porque mi papá estaba limpiando el patio. Bajé y le pregunté y, cuando se lo enseñé, me dijo que era una bala. Me asusté porque yo nunca había visto una bala y no quiero que pase algo. Si no hubiera chocado contra la ventana, me pudo haber dado a mí, a mis hermanos, a mi mamá o a mi papá”.

¿Sientes miedo?

Un poquito porque no quiero que nada malo pase.

Rafael López, Padre de Ciara

“La nena me dice: ‘Papi, mira lo que cayó en el balcón’ y, cuando me  da la bala, todavía estaba caliente. La bala dio en el marco de una de las ventanas. Sonó bastante duro como cuando  una canica da en el piso. La guardé y no se la había enseñado a nadie porque pensaba que no me iban a creer. Esto es un peligro porque mi casa es de madera. Las ráfagas se oyen bastante frecuentes por las tardes. Da miedo porque ¿quién se va a hacer responsable? Lo de aquí  fue el pasado  Black Friday (viernes negro). No puedo decir de cuál de los dos polígonos salió la bala, pero cayó de frente, en dirección de allá (de los campos de tiro)”.

Amalia Flores Pérez, Residente

“Me siento bien preocupada porque cuando empiezan a tirar, no me atrevo a salir al patio. Le entregué a la Policía un frasco y no me lo devolvieron”.

¿Teme por su seguridad?

Sí, yo temo por mi vida y mi seguridad. Una señora estaba con su nieto en el balcón y se tuvo que encerrar. Estas balas (mostrando un empaque plástico) las encuentro en el patio, en la escalera y encima de la casa. La señora que murió aquí al frente, doña Santia, tenía una copa llena (de plomos y fragmentos).

Ángel Báez Lugo, Residente

“Una bala cayó en el patio de mi casa y le rompió el cristal del carro de mi esposa. Eso fue en 2008. Ella acababa de comprarse el carrito. Hicimos una querella en la Policía y, hasta el sol de hoy, nunca dijeron nada. De balística nos dijeron que iban a investigar, se llevaron el plomo y no hicieron nada. El cristal me salió en $155. Damos gracias a Dios que esa bala cayó abajo y no arriba en la casita, en la que vivía mi yerna con dos nenes. Estos disparos son por las tardes y los fines de semana. El problema no se ha arreglado. El problema sigue igual y los plomos chocan acá. Yo resido hace 37 años aquí”.

Sara Vélez Torres, Residente

Mostró  un frasco de cristal lleno de plomos. “El último lo encontré hace como dos meses por la parte de atrás del zinc. En otra ocasión, mi esposo estaba en el balcón y oímos el ruido (de la bala) cuando chocó en el garaje. Oímos el cantazo y buscamos, pero no encontramos la munición. En diciembre pasado fui a la alcaldía de Ponce para poner una querella, a la semana vino la Policía Municipal y me entrevistaron. Yo les enseñé las balas, pero les dije que no se las iba a dar porque esta es mi evidencia”.

Julio Torres Torres, Residente

“Hoy empezaron a tirar tempranito, desde las 8:00 de la mañana. A veces los disparos se oyen más fuertes, pero a lo mejor saben que ustedes andan por ahí y se aguantan. Esto se siente como si fuera un campo de batalla. Este es un problema de hace muchos años. Hace como un año, frente al garaje de mi casa, encontré una bala aplastada por los dos lados y, en el balcón de esa casa de al frente, una bala le dio a una silla plástica y le arrancó un pedazo. Había gente dentro de la casa y encontraron la bala. Se la entregaron a la Policía. Para mí se deben llevar esto (los polígonos) para otro lado, donde no perjudique tanto a los estudiantes y residentes. Mire que han caído balas por ahí que de milagro no ha ocurrido una desgracia. Tengo dos perritas, la blanquita ya no les tiene miedo, pero la marrón se me vuelve loca cuando empiezan los tiros. Muchos vecinos le tienen miedo al Gobierno, por eso no hablan”.

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