En su encierro, pide perdón por asesinato

12/04/2012 |
Promociona la cooperativa que preside para ayudar a la población penal.

Miguel Martínez de León habla como un empresario que intenta vender un producto, una imagen o un sueño. Antes de incursionar en el bajo mundo, el confinado comenzó una carrera universitaria en administración de empresas y contabilidad. Su crimen notorio, sin embargo, presentó una antigua faceta del hombre que forma parte del récord público, un lado sangriento que le valió una posición destacada en las historias policiacas del país.

Es articulado en su hablar, de hecho, es muy convincente cuando promociona lo que se ha convertido en uno de sus proyectos de vida, la Cooperativa de Servicios Arigos del Centro de Detención Regional de Guayama. De hecho, el reo es el presidente de la organización, la cual provee a los presos un taller de artesanía, un vivero, entre otras actividades y programas para su rehabilitación.

Pero Martínez de León no puede escapar de su pasado. Hablará sobre su confinamiento por Twitter como parte de la nueva campaña de Corrección. ¿Por qué se seleccionó a Martínez de León?  Su ficha arroja algunas pistas. “Sentencia: 99 años,  delito: asesinato en primer grado y violaciones a la Ley de Armas, observaciones y recomendaciones: presenta buen ajuste institucional. Se recomienda favorablemente para las salidas artesanales”.

Ahora, para veraderamente conocer la historia de Martínez de León, hay que escudriñar los archivos de periódicos y hacer una búsqueda por Google. Todo está allí, en blanco y negro,  la planificación, la maldad y la violencia. ¿La víctima? El licenciado Roberto Farinacci, ejecutado el 4 de marzo de 1996 como parte de una conspiración de un narcotraficante de Bayamón que ordenó el asesinato para impedir que un rival suyo obtuviera la representación del letrado.


Otras personas fueron detenidas y sentenciadas por el crimen, y a Martínez de León, que fue vinculado a una banda criminal de narcotraficantes lo condenaron 99 años por su participación en la trama como conspirador. Cabe destacar que el confinado prestó guardia junto a otro sujeto frente a las oficinas del abogado cuando se cometió el crimen, que también dejó a la esposa de la víctima herida de bala.

“No conocí a la víctima ni a su familia. Inclusive, en un comité de víctimas, hablé sobre eso. Estoy arrepentido de no haber tomado otra decisión. Cuando uno está en el bajo mundo, hay que conocer que uno tiene dos caminos: la cárcel o el cementerio. Uno pone a su familia en riesgo. Yo pido disculpas, perdón y arrepentimiento, sobre todo”, aseguró Martínez de León, quien señaló que la red social le permitirá establecer una comunicación directa con jóvenes que podrían estar en malos pasos.

Al igual que otros confinados que fueron escogidos por el programa, Martínez de León, de 40 años de edad, se considera un ejemplo de rehabilitación. Pero su historial también llama la atención.  A diferencia de otros presos, que provienen de ambientes abusivos, Martínez de León contó con oportunidades y una familia que lo quería. Pero, según explicó, la ambición material pesó más que cualquier otra consideración moral.

“¿Qué cambió mi vida? Mi familia.  A mi mamá le dio un ataque al corazón. Murió el año pasado, joven, con 60 años de edad. No pude salir para verla. La cremaron. Cada vez que me visitaba, salía llorando. Para ella fue bien fuerte porque ella nunca me crió así”, aseguró.

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