Como si se tratáse de un juego de baloncesto, los familiares y amigos de Héctor Rojas Dávila vitoreaban su nombre en el coliseo Raymond Dalmau, donde desde horas de la mañana estaba expuesto el cuerpo del joven atleta.

Luciendo una sudadera de los Piratas de Quebradillas, el equipo que lo había elegido a principios de año, los restos mortales del baloncelista yacían en un féretro blanco, en el que fue colocado una bandera de los Piratas.

El padre del joven, Héctor Rojas Cuevas, agradeció las muestras de apoyo por parte de las decenas de personas que llegaban hasta la cancha para ofrecer sus condolencias.

“Se me hace difícil expresarme en estos momentos... pero agradezco estas muestras de cariños y solidaridad de ustedes”, expresó, dirigiéndose al público presente.

Por otra parte, la madre de Rojas Dávila, doña Migdalia Dávila, tuvo que ser llevada hasta el área de los camerinos tras la terrible imagen de ver a su hijo sin vida.

Los compañeros de equipo de Rojas Dávila se unieron al dolor de la familia del jugador y acompañaron la guardia de honor que se ofreció al joven por cinco minutos.

Todavía la familia no tiene claro a qué hora será el sepelio de Rojas Dávila mañana, pues, intentan hacerlo junto a la familia del otro fenecido en la tragedia del fin de semana, Oscar Ramos Pérez.

Estos dos jóvenes, junto a Natasha Maisonet Vélez, de 19 años, fueron encontrados muertos el pasado sábado en un motel de Juana Díaz. Según el informe preliminar de la Policía, las emisiones de monóxido de carbono provenientes del vehículo encendido en el que dormía Ramos Pérez, intoxicaron al trío.