Expulsados de la Universidad de Puerto Rico por vida -VÍDEOS

02/20/2013 |
Solo una amnistía les permitiría regresar a la UPR.

Salieron victoriosos “todos” con la eliminación de la cuota de los $800, pero cuatro –por disposición de la actual administración de la Universidad de Puerto Rico– nunca más podrán regresar a esa institución, a menos que se decrete una amnistía.

“Volver, terminar lo que uno empezó... sería fantástico”, expresa con emoción Ibrahim García ante la posibilidad de un retorno a la universidad por la que luchó en dos huelgas consecutivas.

A Ibrahim lo acusaron de agredir al director de Seguridad de la UPR durante el motín del 7 marzo de 2011. Le imputaron un delito grave, pero salió inocente.

El joven ya agotó todas las apelaciones posibles a nivel administrativo y no ha querido recurrir al foro judicial por un compromiso colectivo: teme que a causa de “la situación política que impera en el Tribunal Supremo”, ese foro termine protegiendo las determinaciones de la administración universitaria, se establezca un precedente y eso perjudique a los demás estudiantes.

“La jueza que vio el caso determinó que los argumentos que usó la fiscalía en mi contra eran estereotipados, que evidenciaban vicios de persecución selectiva”, dijo el joven sobre el proceso en corte.

Sobre el incidente del 7 de marzo de 2011, señaló que en todo momento él se mantuvo alejado del lugar donde se evidenciaron los actos de agresión.

Ibrahim estudió cine en Argentina y, al momento de su expulsión, hacía un bachillerato en la Facultad de Ciencias Sociales.

Ahora mismo trabaja de mesero en un restaurante y, sin paga, coordina la producción de una revista política.

Sus sueños: terminar el bachillerato, hacer una maestría y combinar la producción audiovisual con los estudios sociales.


Waldemiro Vélez tenía pinta de enfant terrible durante el proceso huelgario. Dos años después, lo encontramos dando clases en un colegio privado para estudiantes de escasos recursos en Villa Padres, Río Piedras.

Hace lo que le gusta: promover que los jóvenes “echen para adelante a través de la educación”.

“De eso se trató la lucha universitaria”, dice.

Waldemiro utiliza un método cibernético para impartir sus clases, pero no tiene la licencia de maestro que le permitiría trabajar en el sistema público de enseñanza.

Lo expulsaron de la UPR cuando apenas le faltaba año y medio para terminar el bachillerato y sufre la “pena capital” de la expulsión de por vida por irrumpir en unas vistas públicas del Senado Académico de Río Piedras y también por el seat-in en la Rectoría del Recinto. Por ese último “delito”, no expulsaron a más nadie.

El examinador que vio su caso sugirió una suspensión de dos años, pero el presidente de la UPR, Miguel Muñoz, no estuvo conforme y lo botó para siempre.

¿Quieres volver a la UPR?

“Me encantaría... En estos momentos, quiero luchar por mis estudios... por el futuro”, contesta Waldemiro, quien no descarta concluirlos en el extranjero si no dejan que los termine aquí.

Más tarde se ve haciendo una maestría en la UPR y laborando en una organización sin fines de lucro en la que pueda trabajar con comunidades en riesgo.

Rafael Ojeda siempre estuvo enamorado del deporte. Antes de que lo expulsaran de la UPR, quería ser maestro de educación física, un anhelo que quedó tronchado por la expulsión.


“Para serte sincero, por bastante tiempo me sentí bien perdido... Me quitaron las posibilidades de hacer lo que uno verdaderamente quiere hacer”.

Hace dos años, viene “brincando de trabajo en trabajo”, primero vendiendo ropa, luego en el deli de un gimnasio y ahora ofreciendo tours a turistas en jet ski alrededor de El Morro. “No es el tipo de trabajo que uno quisiera hacer por siempre”, confiesa.

A Rafael lo acusaron criminalmente por romper el cristal del pasajero de la guagua de la rectora de Río Piedras. Le rebajaron el cargo a menos grave y pagó una multa de $100.

En el incidente, nadie resultó herido y el examinador que vio su caso también había pedido para él una pena más leve.

¿Por qué quieres volver a la UPR, solo a la UPR?

Porque es la de mayor prestigio, porque dimos una lucha por ella, por lo que vale.

Rafael también es el mayor de seis hermanos y, en su casa, “todo el mundo ayuda a todo el mundo” y él tiene que trabajar. Por eso tampoco sería opción otra universidad que sea más cara.

El cuarto expulsado es Kevin Báez. Kevin estudiaba en la UPR de Utuado y su expulsión vitalicia se debió a que le achacaron interrumpir una reunión lícita y supuestamente haber “secuestrado” a la rectora al tomar el edificio de la Rectoría.

En el tribunal también salió inocente. Kevin quisiera retomar sus estudios de filosofía. Ahora mismo trabaja en un restaurante español en el Viejo San Juan, donde hasta baila flamenco.