Familia puertorriqueña despedirá el año en cementerio

12/31/2012 |11:17 a.m.
Cerca de lápidas, flores y cadáveres bajo tierra, los hermanos Alejandro, de 58 años y Manuel, de 59, permanecerán en su residencia enclavada en el interior del cementerio El Señorial de Cupey.

Como han hecho por más de 50 años, los puertorriqueños Alejandro y Manuel Cruz Santana, despedirán este 31 de diciembre en un cementerio de Cupey, junto a otros familiares.

Cerca de lápidas, flores y cadáveres bajo tierra, los hermanos Alejandro, de 58 años y Manuel, de 59, permanecerán en su residencia enclavada en el interior del cementerio El Señorial de Cupey, frente a las lápidas de distintas personas fallecidas que han sepultado en el lugar.

Los hermanos, quienes se llevan un año de diferencia, ambos nacidos el 21 de abril, acostumbran cada año a invitar a los demás miembros de su familia para recibir el nuevo año en su casa en el camposanto, donde este año no será la excepción.

“No nos da miedo vivir aquí. Hay personas que me han dejado en la entrada del cementerio y a cualquier hora puedo caminar hasta mi casa”, relató a la agencia Inter News Service (INS) Manuel Cruz.

La vivienda es una herencia de sus fallecidos abuelos Emeteria González y Cirilo Cruz, y sus padres Juan Pablo Cruz y Herma Santana, quienes junto a su otra hermana Herma Cruz, están sepultados en el Cementerio, frente a la casa donde se criaron y residen.

Esta familia vivía allí antes de que comenzaran a construir el cementerio, pero previamente, en 1974, se  proyectaba construir una urbanización, pero detuvieron los planes y en el 1978 comenzó a establecerse el cementerio.

Aunque hubo ofertas de comprarle su vivienda y el terreno, decidieron no venderla ya que no le ofrecían $50,000, lo que según comentó Alejandro, le costaba la propiedad.

“Para el 1985 nos ofrecieron $50,000 pero yo hablé con mi papá, que era contratista, y le dije que no, porque ya Los Paseos estaban construidos y allí cuesta $25.00 el metro y aquí nos estaban pagando solo dos dólares con 50 centavos el metro”, manifestó Alejandro.

Añadió que le explicó que a su progenitor que esa suma no les daría para comprar un terreno y construir una casa, a pesar de que era contratista y tendría la ayuda de sus dos hijos para las labores de construcción.

Alejandro dijo a INS que se lamenta porque ya ese lugar no era el campo donde ellos se criaron, rodeados de al menos tres manantiales que fueron eliminados y la antigua finca de la familia de Pedro Albizu Campos, cercana al lugar.

“He vivido en la ciudad, pero no cambio la vida del campo por nada”, manifestó Alejandro, mientras su hermano Manuel mencionó que de cierta forma fue beneficiosa la construcción del cementerio porque “si esto no hubiera pasado, no tendríamos camino para que pasaran los carros, estaríamos todavía caminando a pie para llegar a nuestra casa (varios kilómetros”.

Para llegar hasta su vivienda los hermanos Cruz Santana tienen que hacerlo por la entrada principal del cementerio, cuya administración les provee copias de llaves del portón principal cuando está cerrado.

Manuel ha trabajado casi toda su vida en construcción, mientras que Alejandro lo hizo por 28 años en la Industria Lechera de Puerto Rico.

Aunque ninguno de se ha dedicado o trabajado en algo relacionado a lo fúnebre, el hijo de Alejandro Cruz, Israel Cruz de 28 años, labora en el cementerio como empleado de campo.

Rodeado de plantas ornamentales como menta, albahaca, moringa, cebollines y jobo, Alejandro, siempre acompañado de su hermano Manuel, expresó que dedica su tiempo a sembrar y a su vida como pastor de la Congregación Yhawhe, luego de haberse discapacitado tras sufrir un accidente laboral el 1 de mayo de 2000 en la Industria Lechera.