Joshua quería unir a su familia

02/20/2013 |
Los familiares describieron al menor como alegre y que no le negaba una sonrisa a nadie.

Corozal. Sus primos y amiguitos de la escuela elemental Segunda Unidad Demetrio Rivera no podían parar de llorar.

El sufrimiento de saber que no verían más a Joshua Santiago González jugar baloncesto, caminar por las calles del barrio y dedicar largas horas a su huerto casero les hacía derramar lágrimas sin control. Allí, frente al ataúd azul en el que estaba el cuerpo del niño de 12 años en el Centro Comunal Erasmo “Titi” Santiago Rivera, en el barrio Magüeyes, a pasos de su casa, todos le decían adiós al “siempre alegre” jovencito.

“Jugaba bien”, alcanzó a decir su primito Raymond González, de la misma edad de Joshua, sobre su desempeño en el baloncesto.

“Mañana (hoy), los nenes de la escuela vamos a ir al cementerio en bicicleta porque él siempre quiso una”, añadió el pequeño con los ojos rojos de tanto llorar.

El mejor amigo de Joshua, su primo Brian González Albaladejo, de 14 años, apenas podía hablar y su padre, Eduardo González, buscaba la manera de consolarlo.

“Él era espontáneo, siempre riéndose… todo era risa. De verdad que lo vamos a extrañar. Él llegaba a casa y yo le decía: ‘¿Qué pasó?’. Él me decía: ‘No, que Brian me estaba buscando por la carretera’, y yo le decía: ‘Pues Brian está abajo’ y se iban para el canasto. Ellos eran bien unidos… se buscaban mucho”, dijo Eduardo, quien también es tío de Joshua.

“Él se preparó porque hizo muchas cosas en la semana que nosotros, pensando, chacho, en esa misma semana con el primito de él, Keniel, se llevó un plato y cuando vienen de la escuela, le dice a Keniel: ‘Mira como explota ese plato allá abajo, allí mismo (en el lugar del accidente)’. En la casita sembró y en esta semana puso un pañuelito blanco e hizo un dibujo del Señor abrazando a un niño”, añadió el tío.

Estas acciones del menor son las que les dan un poco de consuelo a los padres de Joshua, Jesayda González Collazo y Manuel Santiago Albaladejo, quienes creen que su hijo está ahora en un mejor lugar.

“Iba a ser, o será allá arriba, un gran agricultor. Antes de irse, me dejó su primera cosecha de gandules desgranados porque le gustaba labrar la tierra. Tenía ajíes, recao, gandules, de todo, y todos los días venía de la escuela y me decía: ‘Mami, los gandules ya están maduros’… El Señor necesitaba un agricultor allá arriba y lo mandó a buscar porque tenía muchas cualidades”, expresó la progenitora acompañada de su esposo mientras ambos sujetaban una foto de Joshua en la que se ve con la sonrisa que lo caracterizaba.

“Esto tuvo un propósito y fue unirnos como familia, eso era lo que él quería. Según las palabras de su hermano, en el trayecto antes de accidentarse, no sé si él, en su inocencia, él veía que la familia tenía sus cosas y él le dijo a su hermano que lo único que quería era que su familia estuviera unida”, siguió contando la madre.

“Yo sé que él no sufrió, mi instinto, mi corazonada, me dice que él no sufrió, que se fue tranquilo”, declaró la mujer tranquilamente, quien agradeció el respaldo de familiares y desconocidos.

Los arreglos fúnebres fueron costeados por maestros, estudiantes y padres de la escuela, ya que la familia no tenía para pagar por el entierro.

El domingo, el auto en el que viajaba Joshua con su hermano mayor, Jonathan Fabián, cayó por un precipicio de casi 200 pies de profundidad en la PR-568, en el barrio Palmarejo, en Corozal.

Hoy, su cuerpo será enterrado en el cementerio municipal luego que sea transportado a la escuela donde estudió para que sus compañeros se puedan despedir de él.