Luis Raúl Valdés esperaba una justicia que nunca llegó-VÍDEO

02/09/2013 |
Fue tiroteado a traición y un juez absolvió a su agresor de todos los cargos

Villalba. La vida de Luis Raúl Valdés Ortiz transcurría como cualquier otra: junto a su familia; disfrutaba de su finca en el barrio Camarones, rodeado de animales y llevaba una rutina tranquila y feliz.

Sin embargo, de golpe, todo cambió cuando sucedió lo impensable el 16 de julio de 2010: Edwin Colón Pizarro se dejó cegar por la ira y, sin ninguna provocación, disparó cuatro veces por la espalda al padre de familia, dejándolo confinado a una silla de ruedas.

Luis Raúl sobrevivió a las heridas físicas, pero hay otras que no se curan, como el sentido de impotencia.

Y es que un juez absolvió al responsable, por lo que lamenta no haber encontrado justicia en un tribunal, aunque asegura que ya, en su corazón, perdonó a su agresor.

A casi tres años del suceso, el hombre recibió en su hogar a Primera Hora y narró la pesadilla que vivió junto a su hija, de apenas siete años de edad, aquella noche en que se disponía a cerrar el portón que da acceso a su propiedad.

Explicó que en el lugar tiene un vecino y que la carretera conduce a un parque, pero tras varios incidentes en los que –por lo solitario del paraje– sorprendió a parejas en pleno acto sexual, el ex alcalde Waldemar Rivera Torres ordenó colocar un portón que se mantendría cerrado de 6:00 de la tarde a 6:00 de la mañana.

“Ese día iba a cerrar el portón, pero como sabía que gente iba a caminar al parque subí para no dejarlos encerrados, y (en eso) vi dos carros”, recordó Luis Raúl.

Como estaba oscuro, no podía distinguir a las personas, por lo que se estacionó para ir a indicarles que cerraría el portón. “De momento vi al hombre con una pistola y, cuando intenté decirle que dejara el arma, le di la espalda y me disparó”, narró.

Ya herido en el suelo, escuchó al hombre decirle a una mujer que se fuera, que lo iba a matar, al tiempo que escuchaba los gritos de su hija suplicando por la vida de su padre.

“Me puso la pistola en la cabeza y algo me hizo mover el brazo, y el disparo atravesó mi brazo derecho”, añadió.

Aunque Luis Raúl cargaba un rifle de juguete de sus sobrinos, aseguró que en ningún momento hizo algún gesto de apuntar al hombre que, sin mediar palabras, le disparó. “Estoy vivo de milagro, pero más milagro es que ninguna de esas balas alcanzó a mi niña”, dijo el hombre de 44 años.


Inexplicable desenlace judicial

En noviembre de 2012 inició el juicio contra Colón Pizarro, quien enfrentaba cargos por tentativa de asesinato y violación a la Ley de Armas. Finalmente fue declarado culpable en la sala del juez Pedro Saldaña y, en ese momento, Luis Raúl respiró con alivio, pero luego ocurrió lo impensable: mientras Saldaña evaluaba el informe presentencia, que era positivo para el acusado, la abogada Jane Hoffman pidió una reconsideración y, el pasado 6 de febrero, el juez determinó absolver a Colón Pizarro de todos los cargos.

“Yo no entiendo qué le pasó al juez; siento que perdí el tiempo en el tribunal”, dijo Luis Raúl.

La fiscal Natalia Zambrana, por su parte, admitió que no esperaba el drástico giro que tomó el caso, considerando que el juez, al emitir su determinación, no le dio la oportunidad al Ministerio Público para argumentar.

“Acatamos la decisión del juez, pero no estamos de acuerdo. Es una injusticia para el perjudicado”, aseguró Zambrana.

Hoy, la vida en la casa de Luis Raúl continúa, pero ya nunca será lo mismo. Evelyn Rivera, esposa del perjudicado y quien es enfermera de profesión, ha hecho todo para mantenerlo cómodo y suplir sus necesidades médicas, pero acepta que la odisea no ha sido fácil, ya que este era la fuente principal de ingresos de la familia.

“Si nos ponemos a pensar, no sobrevivimos”, dijo su esposa Evelyn, quien añadió que su hija, que hoy tiene 10 años, no ha podido superar el amargo momento.

Al final, acepta que no le guarda rencor al hombre que le causó grave daño a su esposo, pero le recomendó que busque de Dios, porque “de la justicia divina nadie se escapa”.

Luis Raúl, sin embargo, tiene otra filosofía, que es la que le ayuda a seguir adelante. “He aprendido a perdonar, y si lo veo (a Colón Pizarro), le estrecho la mano”.