Más allá del dolor familiar, su muerte ha marcado a otros

12/05/2012 |
La muerte del publicista José Enrique Gómez Saladín ha transformado su pequeño espacio laboral en un lugar donde el silencio revela dolor.

La muerte del publicista José Enrique Gómez Saladín ha transformado su pequeño espacio laboral en un lugar donde el silencio revela dolor.

“No vamos a ser los mismos; esto marca, para nosotros, la trayectoria y la historia de lo que es la compañía, ¿entiendes? Y de cada uno de nosotros, porque no nos sentimos igual”, compartió Marina Puello, gerente de operaciones de Mediapol, empresa en que la que José Enrique laboraba.

Ya no verán entrar por la puerta al hombre “bonachón” y de “ojos dulces” que siempre respondía con una sonrisa; que si tenía que extender el horario de trabajo, lo hacía, porque se destacaba por ser disciplinado, cooperador y reconciliatorio. Ese valor por el trabajo es lo que, precisamente, les dejó a sus colegas. “Todo el mundo tiene una misión en la vida y se van después de que cumplen su misión... Él cumplió con la misión de ser un ejemplo de lo que es ser un buen empleado”, expuso.

“(Y) si la situación por la que José pasó sirve para seguir concienciando de las cosas que tenemos que hacer y cómo tenemos que mejorar como pueblo, pues eso es otra razón (de su misión)”, agregó.

Ayer sus colegas tenían la opción de ausentarse del trabajo, pero prefirieron permanecer porque “esta situación compartida en grupo, pues es mucho más llevadera”.

Para Puello, el homicidio de Gómez Saladín, por severo trauma corporal tras ser víctima de un carjacking, revela que “estamos en manos de personas que no tienen conciencia, no miden las consecuencias”. Por eso, Puello habría deseado que “un pajarito” le dijera al oído –minutos antes de despedirse de él en el ascensor antes de que partiera a una actividad– que le dijera “no vayas; me hubiese gustado hacerlo, pero no tengo control, ni yo ni nadie tiene ese control”.

Ese fue su último contacto con él. Le dijo que “le contara mañana” de la actividad, pero “mañana no llegó, no, no llegó...”.