Milagros Vicente tiene el ritmo español en la sangre-VÍDEO

Por Rosa Escribano 06/08/2013 |
Milagros Vicente comparte sus logros como intérprete de la danza española.
En los años 80, recibió un premio del Gobierno español por su labor como bailarina y maestra de baile. (angel.rivera@gfrmedia.com)  

La gran cantidad de recortes de periódico y de fotos que hace referencia a su participación en eventos de baile en Puerto Rico y España apenas puede resumir el cúmulo de anécdotas que atesora en su mente.

Aun así, Milagros Vicente las repasa, seleccionando al azar páginas amarillentas que el paso de tiempo amenaza con deshacer. “Este (reportaje) es de un recital en el Tapia, del periódico El Mundo, en el 1954”, narra mientras nos muestra el papel guardado en uno de los álbumes que separó para mostrarnos durante la entrevista, y uno de los que difícilmente trata de resumir la trayectoria de toda una vida de logros.

Su academia de baile, que lleva su nombre y desde 1978 está instalada en un rincón de Trujillo Alto, es el escenario donde hace más de dos décadas disfruta enseñando la danza española, ballet y aeróbicos tanto a pequeñines como a adultos. Pero su historia en los escenarios comenzó mucho antes. Y tiene en sus capítulos nombres de ilustres como Juan Ramón Jiménez, Jesús María Sanromá y Arturo Somohano. También, de íconos de la danza española como Lola, Carmen Sevilla y Marisol.

Siendo original de Santurce, ¿por qué se dedicó al baile español?

Me gusta mucho la música de aquí. Pero en realidad, las disciplinas en que me había entrenado de niña eran el ballet clásico y el baile español. A los cuatro tocaba castañuelas y como a los 12 fui a un concierto de una bailarina en el Teatro Tapia. Me entusiasmé para seguir también esa línea del baile español. Luego vino Pepe Montes de maestro a Puerto Rico y estuve un año de estudiante, hasta que regresó a España por compromisos artísticos.

Su talento la llevó a contar con el aval de ensayar en el Teatro Tapia. Fue en una de esas ocasiones que la escritora española Zenobia Camprubí Aymar, esposa de Juan Ramón Jiménez, se asomó para verla bailar y le preguntó a su mamá si podía invitar a su esposo a presenciar un ensayo.

 
Bailarina Milagros Vicente habla de los comienzos de su carrera

Bailarina Milagros Vicente habla de los comienzos de su carrera.


¿Cómo fue ese primer encuentro con el poeta Juan Ramón Jiménez?

A él le gustó mucho como yo interpretaba. Quedó entusiasmado. Decía que yo tenía mucha madurez artística y bastante dominio del baile.

Desde entonces, el autor de Platero y yo y el también premio Nobel de Literatura en 1956 se convirtió en un gran apoyo para sus aspiraciones. No solo la presentó en varias actividades en la Isla, donde residía el escritor, sino que redactó una amplia reseña sobre su desempeño artístico y escribió cartas de recomendación para cuando fuera a España. “Era una persona sumamente amigable y humilde, y su esposa también”, añade Milagros, y –entre risas– recuerda que “doña Zenobia me quería mucho. Hacía merengues y, como yo soy dulcera, me llamaba para ir a su casa y comer merenguitos”.

Una agenda de compromisos artísticos se asomó a tan temprana edad. En una de las presentaciones culturales conoció al reconocido pianista puertorriqueño Jesús María Sanromá.

¿Cómo fue el acercamiento del pianista para que trabajara con él?

Me vio bailar en una presentación y me escogió para su programa Puerto Rico en el arte. Me presenta como talento mayor en baile español en Puerto Rico. También, en un programa que hizo con María Esther Robles sobre las Siete canciones de Falla. En ese año (1955) fui reconocida como Revelación Artística del Año en Televisión.

Su maestro Pepe Montes, quien luego se convirtiera en su esposo, regresó a la Isla, lo que representó una gran oportunidad para seguir perfeccionándose en la danza española. Los años se hicieron cómplices para unirlos en el amor.

¿Cuándo se muda a España?

A mis 17, cuando me casé.

¿Cómo fue la experiencia de dar presentaciones en territorio español siendo puertorriqueña?

Debuté en España en el teatro Calderón de Madrid, donde me acompañó con la guitarra ‘el Pescaílla’ (Antonio González Batista), esposo de Lola Flores. Aproveché y estudié en el Real Conservatorio de Danza de Madrid y me gradué de las cuatro escuelas de baile español: flamenco, bolera del siglo XVIII, clásica y regional.

¿Se relacionaba con Lola Flores?

Estuvo en mi casa muchas veces, y su hija, la mayor. Tengo fotos de mi hija mayor con Lolita.

¿Con qué otras figuras de la danza española se relacionó?

Con Marisol, con Paquita Rico, Antoñita Moreno, con Carmen Sevilla. ¡Estuvo en casa fregando platos y de todo! Hasta me invitó a su boda.

De hecho, la maestra de baile hace una pausa para buscar en uno de los álbumes la invitación casi intacta del evento y una foto de ambas.

¿Cuál fue la que más le impresionó conocer?

Carmen Amaya, porque era una artista excepcional y una persona que emanaba paz y una bondad tremenda. Ella estuvo en el bautizo de mi hija mayor.

Ellas hacían películas para la televisión. ¿Recibió ofertas para grabar?

Sí, varias veces. Pero ya estaba casada. Mi prioridad era la familia y ya tenía a mi hija mayor.

¿Le hacía falta Puerto Rico?

Yo iba y venía. Siempre dije que quería que mis (cuatro) hijos nacieran en Puerto Rico. Las Navidades siempre eran aquí. Cuando no estaban en grados muy altos, hablaba (en la escuela) para, en abril, poder adelantar exámenes. Me los podía llevar a allá y estábamos hasta septiembre.

¿Qué extraña de aquellos días?

Mi vida completa ha sido bailando, en realidad. No me puedo quejar. Tengo que darle gracias a Dios que he tenido una vida plena tanto familiar como artística. He tenido muchos logros. A pesar de que pude haber hecho más artísticamente, no me siento frustrada porque hice lo que quería, compaginar mi vida privada de familia con mi vida artística.

¿Le han preguntado si es española?

Dondequiera. En España yo tenía que presentar mi pasaporte para que me creyeran. Muchas veces, todavía, al final del show me gritan: “¿De qué parte de España eres?”, y les digo “puertorriqueña”, porque aunque me haya dedicado al baile español, mi abuelo paterno y bisabuelos eran españoles y me gusta mucho mi madre patria, soy puertorriqueña, nacida y criada en Puerto Rico. Siempre lo llevo adentro, con orgullo. Eso no me lo quita nadie.

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