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No cabe ni un alma más en los cementerios

Por Bárbara J. Figueroa Rosa / [email protected] 04/15/2018 |11:45 p.m.
Ahora el desborde de la capacidad en los cementerios supone un gran problema para muchos alcaldes que para manejar la crisis hacen malabares dentro de sus limitadas entradas económicas. (Archivo)  
Alcaldes trazan sus planes para lidiar con la falta de espacios y poder enterrar a la gente en los camposantos.

Si hay algo seguro en la vida, es la muerte… y se está quedando sin espacio en muchos de los 162 cementerios públicos de Puerto Rico donde escasean los lugares para llevar a cabo las sepulturas.

El decrecimiento poblacional -en un país que desde el 2016 enfrenta el escenario de ver morir más gente de la que nace- fue un factor ignorado durante décadas por las administraciones de los cementerios municipales donde, al parecer, hubo poca planificación y reglamentación al momento de designar las fincas donde se construyeron panteones, tumbas o nichos. 

Ahora el desborde de la capacidad en los cementerios supone un gran problema para muchos alcaldes que para manejar la crisis hacen malabares dentro de sus limitadas entradas económicas para tratar de resolver la situación, según pudo constatar Primera Hora mediante entrevistas con los primeros ejecutivos de una docena de municipios.

Ante la necesidad pública, algunos recurrirán a las facultades que provee la Ley 81 de Municipios Autónomos para iniciar un proceso de exhumación de cadáveres en aquellos espacios que, por ejemplo, han sido abandonados durante décadas por las personas encargadas de las fincas o en los casos en los que ha habido incumplimiento de contrato. 

Otros alcaldes hacen ajustes en sus finanzas para obtener terrenos aledaños a cementerios ubicados en sus pueblos, mientras algunos se las ingenian para iniciar nuevos conceptos de sepulcro como los que se llevan a cabo en los “cementerios ecológicos”.

El caso de Toa Baja

Entre los municipios que enfrentan la escasez de espacios en los cementerios públicos se destaca el caso de Toa Baja, donde desde enero no hay un solo espacio disponible para enterrar a sus ciudadanos. 

Los toabajeños fallecidos, en muchas ocasiones, tienen que ser sepultados en otros pueblos, según confirmó a Primera Hora el alcalde Bernardo “Betito” Márquez, quien hace una semana publicó un edicto a página completa en la que se anunciaba que tras la aprobación de una ordenanza municipal (43-2016-2017) se comenzaría un procedimiento de exhumación de cadáveres y disposición de osamentas en el mausoleo municipal, el cual ubica en el barrio Campanillas. El propósito de la acción será liberar fosas y nichos que puedan ser reutilizadas para el entierro de otros ciudadanos.

 “Tenemos tres cementerios y están llenos a capacidad. El mausoleo, por ejemplo, tiene 3,262 espacios y todos están ocupados. Es una situación triste porque he tenido casos de personas, nacidas y criadas en Toa Baja, y no tenemos espacios para enterrarlos... he tenido que llamar a otros alcaldes para que me ayuden y que sean enterrados en otros municipios. A eso hemos llegado”, dijo Márquez. 

Expresó que el año pasado también tuvo que recurrir a la exhumación de cadáveres mediante un proceso en el que se liberaron 49 nichos que en cuestión de siete meses fueron ocupados.

“En esta nueva etapa pensamos liberar 291 nichos para el verano”, estableció al mencionar que uno de los factores que abonó al conflicto fue la falta de seguimiento a los contratos de arrendamiento de los espacios, los cuales se supone que estén vigentes por cinco años. Después de ese periodo, los restos son exhumados y colocados en un osario, como se le llama a la fosa común donde se ubican los óseos extraídos.

 “Todo esto se hace garantizando la solemnidad del acto y la dignidad de nuestros ciudadanos fallecidos y de sus familiares”, dijo Márquez al hacer hincapié en que antes se debe tener un permiso del Departamento de Salud y cumplir con las especificaciones del reglamento general de Salud Ambiental para estos fines.

“Cuento los espacios con una sola mano”

En Toa Alta el escenario no es muy distinto. El alcalde Clemente “Chito” Agosto ejemplifica la situación diciendo que puede contar con una mano los espacios disponibles en los dos cementerios públicos “y creo que me sobran dedos”.

“Y para colmo los espacios que hay están en un área húmeda porque colinda con una quebradita. Casi no se puede enterrar gente allí porque ese terreno a la vez que metes una pala lo que sale es agua y puede salir flotando la caja, porque ya ha pasado”, dijo apesadumbrado.

 Al igual que el alcalde de Toa Baja, su opción será recurrir a una ordenanza municipal para iniciar al exhumación de cadáveres.

“De momento, eso es lo que puedo hacer porque tenía un proyecto para la edificación de un mausoleo, pero ese dinero ahora lo vamos a tener que utilizar para culminar otro proyecto que heredé de la otra administración y que también es apremiante”, dijo al explicar que se trata de un edificio multiusos que también proveerá estacionamiento para los visitantes al casco urbano.

“Me da pena, pero la situación económica ahora mismo no me permite comprar un terreno para un cementerio. Estoy trabajando con una reducción de jornada desde febrero de 2017 y la realidad es que cada día nos recortan más fondos. Por el momento, tenemos que exhumar”, dijo.

 Destacó que están en el proceso de hacer inventario de tumbas e identificarlas pues “hay mucha data que se perdió y muchos panteones que ni siquiera tienen nombres”.

“La mala planificación de todas las administraciones juegan un rol en lo que ahora estamos enfrentando pues no hubo control al vender panteones -que muchas veces lo que le costaron a esos dueños fueron $50- ni con la expansión que se hizo en los cementerios donde ahora mismo tu ves gente enterrada en los pasillos... uno tiene que estar brincando entre tumbas cuando hay que sepultar a alguien”, denunció.

Cementerio ecológico

En la región norte, el alcalde de Arecibo, Carlos Molina, también confronta escasez de espacios en los cuatro camposantos públicos que hay en el municipio donde “ahora mismo no llegamos ni a 100 tumbas disponibles”.

 Ante la urgencia, Molina adelantó que tiene en miras la construcción de un cementerio ecológico, un modelo innovador jamás visto en la Isla.

“Sembrando vida... así se llamaría y es un tipo de jardín donde las cenizas de la persona se entierran en un lugar donde se sembrará un árbol”, dijo el alcalde.

Detalló que acogió el modelo -que ha visto en países como Colombia- porque además de ser “pro ambiente” es mucho más económico.

“Esperamos ser el primero en Puerto Rico... será algo espectacular porque la gente, en vida, puede escoger el árbol en el que quiere renacer”, expresó.

“La persona puede decir que quiere que lo siembren en un árbol de roble; que lo siembren en un mangó o que lo siembren en un aguacate o en unas rosas...”, agregó al explicar que tiene visualizado el terreno para el plan, pero no quiere dar detalles para evitar situaciones con “opositores” que puedan llegar a “criticar la idea”.

Según el censo de cementerios que realiza el Departamento de Salud a través de la Secretaría Auxiliar de Salud Ambiental, en Puerto Rico hay 209 cementerios y de éstos 162 son municipales. De los 78 pueblos, 18 tienen un solo camposanto. Los municipios con más cementerios son Ponce (9), Carolina (8) y San Juan (7).

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