Padre Olin: salvador de los haitianos

Por Rosita Marrero / rmarrero@primerahora.com 01/04/2014 |
El padre Olin Pierre es un sacerdote haitiano establecido en Puerto Rico hace 14 años. (wandaliz.vega@gfrmedia.com)  
Además de ser el líder espiritual de los feligreses de la parroquia San Mateo en Santurce, se desvive por rescatar a sus hermanos, los inmigrantes que huyen de la miseria.

¿Cómo se puede calificar a una persona que además de ser el líder espiritual de los feligreses de la parroquia San Mateo en Santurce, se desvive por rescatar a sus hermanos, los inmigrantes haitianos que huyen de la miseria y el hambre que se ensañó contra Haití, tras la inclemente destrucción y devastación provocada por el terremoto de 2010?

El padre Olin Pierre, un sacerdote haitiano establecido en Puerto Rico hace 14 años, dice que no tiene nada extraordinario la tarea que se ha echado encima, de recibir grupos de 50, 25 u once hombres y mujeres, a quienes les está dando actualmente refugio.

Los recibe, les ofrece un techo, les provee ropa y comida, los pone en contacto con sus familiares en Miami, consigue dinero y les compra pasajes para que se reúnan con su familia, porque regresarlos a Haití sería devolverlos al infierno.

El padre Olin es de Jérémie, una ciudad al sudeste de Haití. Proviene de una familia de siete hermanos, que aún viven en su país. Los padres ya fallecieron.

¿Cómo fue su niñez?

Yo era monaguillo desde mi niñez. Yo hacía tres cosas: la iglesia, estudiar y jugar fútbol.

¿Usted vivió la miseria?

Sí, porque mis padres trabajaban la tierra y mi madre hacía comercio en la calle. Mis amigos sufrieron más la miseria, porque yo tuve la oportunidad de estudiar y otros no. Muchas veces no tenían qué comer.

“En mi casa había comida. A veces no. A veces comíamos una vez al día. Otras, dos veces. Pero los domingos mi padre se encargaba de que hubiera carne. Tenía gallinas”.

El padre Olin atribuye el haber estado mejor alimentado que muchos de sus conciudadanos la razón por la que no se enferma.

“Porque en Haití no se come sano. En el campo comíamos plátano, mangú. Yo comía sano. Mi madre vendía cerdo. Cuando los matas, no pasa a la nevera. Tengo mucho tiempo sin ir al médico, sin enfermedad. Me siento feliz”.

Recordando su pasado, en medio de su loable faena, relata que aún continúa con su afición al fútbol.

“Voy dos veces a la semana a jugar con un grupo de jóvenes en Ocean Park, o en un parque cercano al puente Teodoro Moscoso o en Bayamón. Voy al complejo deportivo Rebekah Colberg, porque hay un grupo de latinos aquí, unos 20 o 30, que juegan. Ahora en Puerto Rico la gente tiene deseo de jugar soccer, porque es un deporte completo”.

El sacerdote comenta que no hace dinero con el fútbol como Lionel Messi, pero juega para mantenerse saludable.

 
Autorretrato: Padre Olin Pierre

El padre Olin Pierre, un sacerdote haitiano, establecido en Puerto Rico hace 14 años, habla de su experiencia en el sacerdocio.


Los Reyes Magos

El sacerdote comenta que los niños haitianos adoran el fútbol, y recuerda que cuando era pequeño se las ingeniaban para hacer una bola china: envolvían un globo con cuanta cosa encontraban para hacer el balón, porque no había dinero para comprarlo.

La próxima semana, el sacerdote se convertirá en rey mago para llevarle alegría a muchos niños haitianos, y les llevará lo que más les gusta: “Llevo una docena de bolas para regalar allá”, dice con alegría.

“Voy a Puerto Príncipe para llevar juguetes a los niños, el día 9 de enero. Ellos no tienen regalos. Es una felicidad. Saben celebrar, pero no tienen un regalo. Es más fácil para una madre comprar arroz que comprar un regalo. O prefiere mandarlo a la escuela”, reflexiona.

En Haití, país caribeño y antillano y de un gran fervor religioso, celebran la Navidad y los Reyes Magos, pero sin regalos.

¿Doce bolas de fútbol van a hacer felices a muchos niños?

¡Uuuf! Es el deporte más preciado. Pregúntale a un niño en Haití quién es Leonardo. Ellos te explican toda la vida, porque saben mucho de fútbol, igual que aquí con el béisbol.

Un llamado

Olin relata que fue monaguillo desde pequeño, porque su madre era sacristana de una iglesia. Recuerda que la misa era en latín y que su madre contestaba al padre, pero él no comprendía.

Era en la Iglesia Nuestra Señora de Fátima, construida en unos terrenos que donaron sus abuelos.

¿Era su vocación?

No, primero hubiese querido ser médico. Ginecólogo. Como era bueno en matemática, quería estudiar administración y economía... Estudié administración de empresas en Santo Domingo. Después vi otra realidad y quise ser sacerdote. Mi madre, desde que era chiquito, dijo que iba a ser sacerdote. Yo imitaba al padre canadiense, con su misma voz y caminando como él.

¿Cómo se decidió?

Yo sentía una llamada para ayudar a los demás. Yo tenía un tío sacerdote que ayudaba socialmente. Yo quería imitarlo. Sentí el llamado.

A los 15 años entró al seminario y a los 20 años se hizo fraile.

¿Y porqué no se quedó en Haití?

Yo entré como misionero con los Padres Paúles y tienes que ir donde te mandan.

En el 2004, el padre Olin le expresó su deseo al arzobispo de San Juan, Roberto González Nieves, su deseo de ser sacerdote.

“El Monseñor me mandó a México a estudiar con una beca”.

El protector de los inmigrantes

El sacerdote tiene una gran misión en su parroquia que es la de acoger a sus hermanos haitianos inmigrantes que abandonan su país en yolas, huyendo de la miseria.

“Para mí no es una gran misión, estoy haciendo lo que hay que hacer. No es gran cosa, porque el papel de un sacerdote es ayudar a los necesitados”.

Usted ha convertido la iglesia en un refugio...

Esto ha sido así desde el terremoto de Haití, el 12 de enero de 2010, que la gente empezó a traerme cosas para llevarlas a Haití. He llevado muchas cosas a Haití y he llevado mucha gente conmigo.

“Doy gracias a los y las periodistas, que me hicieron la causa de Haití su causa. Y cuando se habla de la situación, todo el mundo ayuda”, comenta.

Olin llamó la atención al hecho de que los puertorriqueños sienten gran cariño por su pueblo y cuando se menciona algo todos ayudan.

Usted tiene 11 haitianos ahora mismo aquí.

Tengo que ayudar a los inmigrantes, porque Jesucristo fue inmigrante. Porque tuvo que huir de Israel para que Herodes no lo matara. Tenía que dejar su país para salvar su vida. Y hoy los haitianos están huyendo de su país para salvar su vida.

Cuando el Servicio de Inmigración y los Guardacostas detienen a los haitianos, llaman al padre Olin, le preguntan si quiere recibirlos y se los entregan.

“Ayudo a todos cuando vienen aquí en la yola. Llegan hasta sin pantaloncillos. Los ayudo hasta conseguir el dinero para mandarlos a Miami con sus familiares”.

El país más pobre de América

La indignación es patente cuando se le habla de la miseria en la que está sumida la isla.

“Haití está a una hora de Miami, donde hay un montón de comida que se desperdicia. En la homilía de Acción de Gracias, dije que cómo es posible que se bote un montón de comida, cuando hay un país pasando hambre”.

Se les ha mantenido aislados...

Por la política. Francia tiene culpa desde la independencia. Francia nunca aceptó que Haití fuera independiente desde 1804. La historia de Francia tiene que ser de ‘mea culpa’ ante el mundo por maltratar a Haití. Por eso el presidente Aristide pidió a Francia que devolviera el dinero que tuvimos que pagar por la independencia y, en vez, le dieron un golpe de Estado.

El sacerdote afirma con vehemencia que la miseria de Haití fue planificada.

“Francia hizo que toda Europa aislara a Haití, como Estados Unidos lo hizo con Cuba, pero Cuba tuvo aliados y Haití no”, aseveró.

¿Hay esperanzas?

Siempre hay esperanzas. Los haitianos nunca van a bajar el brazo, siempre luchan. Estamos orgullosos de ser independientes y salir de las manos de Francia, aun en la miseria.

¿Le da pena su pueblo?

A veces me desespero y me pregunto cuándo saldrán de esa miseria... de pedir y pedir por culpa de los gobiernos corruptos.

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