Para "Kiki" no hay imposibles-VÍDEO

01/26/2013 |
La joven de 22 años sufrió un accidente que la llevó a un estado comatoso y hoy lucha por retomar su antigua vida.

El año 2012 tuvo un sabor agridulce para María Cristina Sanfeliú. Comenzaba a saborear los frutos de años de esfuerzo y dedicación cuando, en instantes, su vida dio un giro que, aunque en el momento tuvo un resultado trágico, se convirtió en el vehículo que le ha permitido descubrir la mujer fuerte, decidida y valiente en la que se ha convertido.

La joven de 22 años finalmente obtenía su bachillerato en escritura de Syracuse University, en Nueva York. Por su destacado desempeño académico, le habían concedido una beca para estudiar periodismo en la Escuela de Comunicación Pública Newhouse, que era su gran sueño. No le podía pedir más a la vida.

Sin embargo, el 2 de mayo, cuando se dirigía a compartir con unas amigas, fue atropellada por un taxista en el momento en que cruzaba una calle cerca a su residencia. Su futuro era incierto. El golpe fuerte lo recibió en la cabeza. Los médicos no se atrevían a ofrecer diagnósticos precisos: si sobreviviría, cómo quedaría físicamente o si habría un daño irreversible.

“Era todos los días en esa habitación de hospital y no pasada nada. Yo estaba todo el tiempo en el cuarto y no pasaba nada”, recordó Marimer Cruz, madre de “Kiki” –como llaman de cariño a María Cristina–, de esos días en los que se hicieron compañía.

Hoy, madre e hija dan una mirada retrospectiva y no pueden hacer otra cosa que agradecer a la vida a pesar de la adversidad. Desde la tragedia no se han separado. Se han convertido en cómplices, confidentes y compañeras de ruta.

Marimer se casó el 7 de junio justo en la habitación donde su hija permanecía en estado de coma tras cancelar los planes por el accidente. ¿Su regalo de bodas? Ese día, Kiki despertó.

“El mismo equipo del hospital nos hizo un brindis, bizcocho, flores, un almuerzo... y ese mismo día por la tarde abrió los ojos por primera vez”, recordó Marimer sobre ese mágico momento en el que puede decir que volvió a vivir.

Debido a las secuelas físicas del accidente, Kiki fue trasladada a un centro de rehabilitación en Albany, donde estuvo hasta el 3 de agosto. “Allí estábamos ella y yo solitas. Yo lloraba todos los días, yo lloraba todo el tiempo”, contó.


El 24 de septiembre, después de una nueva intervención en el cerebro, regresaron a la Isla, desistiendo así de una batalla legal para que el responsable del accidente pagara por lo ocurrido. “Para mí lo más importante era su rehabilitación”, dijo la progenitora.

A ocho meses del accidente, Kiki ha mostrado una recuperación sorprendente. Y aunque todavía le falta un largo camino por recorrer en cuanto a terapias físicas y del habla se refiere, el pasado 6 de diciembre dio sus primeros pasos y hoy solo se apoya en un bastón.

Su hablar aún es pausado, al igual que su caminar, y no recuerda nada del accidente ni tampoco de los dos últimos años de su vida. Es su espíritu de lucha, el amor de su familia y su anhelo de convertirse en periodista, lo que la mantiene en pie de lucha para enfrentar el proceso que incluye largas terapias.

“Me sentí contenta y dije: ‘Yes! Estoy caminando de nuevo’”, fue su reacción al dar sus primeros pasos después de siete meses, mencionó.

Reconoció que ha sido un proceso difícil en el que se reveló contra los terapistas, especialmente durante el tiempo que estuvo en Estados Unidos, ante la urgencia por volver a ser la de antes. “Yo quiero caminar de nuevo, guiar de nuevo, nadar y volver a correr, yo corría todos los días”, compartió durante el proceso de terapias diurno que inicia a las 8:00 a.m. y termina a las 12:00 del mediodía en la clínica Stroke and Neurocognitive Rehab Center.

En las tardes toma otras terapias acuáticas, además de las asignaciones para el hogar.

Kiki ha comenzado a retomar su rutina. Ha ido al mall, al cine y a comer con sus amigas, salidas que le dan más estrés a su mamá que a ella. “Yo me quedé por allí por si me tenían que llamar, pero no... estuvieron toda la tarde juntas y yo tuve un descancito”, dijo la maestra, que tuvo que dejar de trabajar para dedicarse al cuidado de su hija.

¿Consideras la recuperación de tu Kiki un milagro?

Hay mucha gente que dice que ha vuelto a creer por Kiki y yo sé que así es. Nosotros hemos estado aferrado a la fe... Tenemos a Kiki aquí, está caminando, está contenta, tiene todo lo que ella quiere, estamos todos juntos, ¿qué mas se necesita?”, sostuvo.