Esta Semana Santa la demanda de pescado fresco en la playa Punta Bandera de Luquillo, aledaña al balneario La Monserrate y los kioscos, ha sido lenta, como ya es usual en la región desde hace unos años.

Una serie de factores ha impactado negativamente la industria de la pesca en la zona, a tal grado que son muy pocos lo que hoy día sustentan a sus familias con el fruto del mar.

Don Germán Caraballo, residente en el barrio Fortuna y miembro de la Asociación de Pescadores El Capitán de Punta Bandera, se dedica a la pesca desde 1955 y es testigo de primera mano de la debacle que esta industria ha sufrido en las últimas décadas.

“La pesca ha disminuido porque ahora hay mucho ruido en la costa y eso afecta a los peces que, cuando sienten peligro, se van del área”, explicó el hombre de 73 años y quien pesca con trasmallo.

“Aquí hay muchos problemas con los jet skis, que no respetan y se ponen a correr eso por toda el área y tú no les puedes decir nada porque se te enfrentan”, añadió.

El veterano pescador señaló el incremento en la marea, relacionado con el cambio climático, como una de las principales razones por las que la abundante pesca que se obtenía en esta costa paradisiaca haya mermado considerablemente.

Según explicó, usualmente, para esta temporada, la pesca más abundante en la zona es la de la sierra, el atún, el casabe, la colirrubia y el róbalo, entre otros, aunque admitió que la cantidad ha disminuido con el tiempo.

“Antes nos íbamos con una guagüita a vender lo que pescábamos entre Palmer, Río Grande y Loíza Aldea y la gente nos esperaba y se vendía mucho, pero desde el 2002 nos suspendieron la venta de chinchorros y todo eso se acabó”, lamentó.

Para Jesús Acosta, presidente de la Asociación de Pescadores El Capitán, ubicada en el balneario La Monserrate de Luquillo, el oficio de los obreros del mar está en peligro de extinción.

“Esto es parte de nuestra tradición como pueblo, pero hay una falta de visión y de enfoque de parte del Gobierno que no han visto el potencial de desarrollo económico que tiene la pesca en este país”, aseguró Acosta, un ex policía retirado, natural de Río Grande, que pesca desde los cinco años.

“Yo quisiera poder vivir de esto porque lo llevo en la sangre, pero lamentablemente no se puede”, aseguró.

Acosta explicó que a esta falta de interés por parte del Gobierno se suma la dificultad que representa para los pescadores obtener los permisos requeridos para ejercer la pesca comercial en la Isla, además de la falta de instalaciones.

“El Departamento de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) exige demasiados requisitos para uno sacar la licencia de pesca comercial, además del costo que tiene sacar todos esos documentos. Para un pescador que vive de esto, es bien difícil asumir tantos gastos”, explicó.

El pescador aficionado indicó, además, que se han hecho varias gestiones con los gobiernos Municipal y estatal para que se les construya una rampa en Punta Bandera que facilite la entrada y salida de sus botes. No obstante, hasta el momento, no han recibido respuesta.

Don Jesús también lamentó que esta falta de interés en ayudar al pescador local se ha traducido en un incremento en el consumo de productos del mar importados del extranjero.

“Es increíble que seamos una isla y lo que se consuma en los sitios de venta de pescado en Puerto Rico sean productos congelados que vienen de afuera cuando aquí tenemos la capacidad de suplir esa demanda”, señaló.

“A nosotros los kioscos de Luquillo no nos compran porque no podemos suplir su demanda porque no tenemos las facilidades para hacerlo y consiguen el pescado congelado más barato, pero jamás es de la misma calidad que el que nosotros les podemos ofrecer”, añadió Acosta.

Don Jesús apuesta a que con una política pública dirigida a desarrollar la industria de la pesca local podrían crearse formas alternas para que las personas puedan ganarse el sustento a la vez que se promueve el consumo de productos frescos producidos por los recursos naturales de la Isla.

Pesca paratoda la familia

Sin embargo, los miembros de esta asociación –organizada en 2006– no solo se han dedicado a mantener la tradición de la pesca en el sector costero, sino que se han dado a la tarea de fomentar la práctica tanto a nivel comercial como deportivo a través de talleres y torneos de pesca.

“La idea es fomentar la pesca entre las familias que vienen a pasar un rato en familia y disfrutar de la naturaleza. Hay que rescatar esta industria y creemos que con estos eventos podemos hacer que la gente se interese y crear una nueva generación de pescadores”, indicó, por su parte, Aitza Acosta, hija de don Jesús y directora del comité de eventos de la Asociación.

“Damos talleres sobre nudos, carnadas, trasmallo (paños de red), cómo se comporta la marea y ahora estamos buscando auspiciadores para realizar el tercer torneo de pesca familiar. Tenemos que montarnos en la ola de hacer la diferencia”, añadió la directora de eventos.

Aitza indicó que la estrategia ya ha rendido frutos al sumarse a la colectividad 16 nuevos miembros con sus respectivas familias desde enero de este año. “Mi hijo tiene 13 años y para mí es una satisfacción bien grande ver cómo se interesa por la pesca y disfruta de los recursos naturales, en vez de estar todo el día frente a una pantalla de televisión”, añadió la mujer de 31 años de edad.

La Asociación invita a participar de sus actividades familiares llamando a los teléfonos 787-550-2989 y 787-909-6339.