Peligrosa pesadilla de familias que viven atrapadas en su propia comunidad

Por Osman Pérez Méndez / [email protected] 12/28/2017 |11:45 p.m.
En medio de la caminata nos cruzamos con Orlando Ortiz, quien sudaba mientras empujaba cuesta arriba una carretilla con una bolsa de ropa para llevarla a lavar. ([email protected])  
Vecinos del barrio Damián Arriba tienen que caminar entre derrumbes tratando de retomar sus vidas tras el azote de María.

OROCOVIS –  Luego de  100 días de la devastación causada por el potente huracán María, unas 15 familias del sector Meseta en el barrio Damián Arriba viven como hace 100 años, cuando aún los vehículos de motor no recorrían los empinados caminos de la sierra orocoveña y había que moverse por ellos mayormente a pie. 

Y no se trata de carezcan de vehículos, sino de que varios derrumbes cortaron el paso de la carretera que conduce a su comunidad. 

Desde entonces, todos los que viven allí se han visto obligados a caminar durante unos 40 minutos por la atropellada ruta y, al llegar al derrumbe más significativo, trepar unas piedras y un gran árbol caído, y bordear un deslave, para llegar a la parte de la carretera que se conecta con el resto de la Isla. 

En otro punto de la carretera, una enorme piedra obstruye casi por completo la vía, que además quedó socavada en su borde varios pies más adelante. 

Los carros que estaban no quedaron atrapados dentro de la montaña, se quedan a esperar al borde de la carretera, a pasos de derrumbe principal. 

La caminata se hace particularmente difícil en la oscuridad de la noche, o cuando hay que cargar suministros u otros artículos de un lado al otro. De día, por lo menos las espectaculares vistas resultan en algo de consuelo.

Para Alexis Ortiz todo el asunto se complica todavía más porque tiene que llevar a sus hijos de un lado al otro para que puedan ir a la escuela. 


“Este ahora es el pan nuestro de cada día”, afirma Alexis. “Es algo difícil. Y si llueve te tienes que quedar en la casa porque pierdes todo lo que llevas”. 

Mientras habla de cómo su hija de 10 años y su hijo de 12 bregan con la situación, Alexis no puede evitar que se le haga un nudo en la garganta y se le agüen los ojos. 

“Los nenes son fuertes, saludables, y para su edad entienden lo que está pasando y no ponen peros… pero se hace duro. Ellos llegan sudados a la escuela”, explica Alexis. “Ya van 100 días, y no ves ninguna acción. Ni siquiera un paso seguro”, lamentó. 

Más dramático es el caso de Carmen Neida Rivera, quien tiene un problema en una pierna que se le hincha al punto de no poder usar zapatos y  recorre todo el camino descalza para llevar comida a sus animales. 

Su hermano Eugenio Rivera iba en la tarde del jueves a buscarla para que no se quede allí, pues su casa la destruyó la tormenta. 

“Ella es brava. Sube toda esa cuesta a pie y sin zapatos. Ella no quiere irse porque dice que han vivido su vida felices allí”, afirma Eugenio en referencia a su hermana y su familia, que por si fuera poco acaba de recibir la noticia de que FEMA (Agencia Federal para el Manejo de Emergencias) le denegó la solicitud de ayuda para reparar la vivienda. 

En medio de la caminata nos cruzamos con Orlando Ortiz, quien sudaba mientras empujaba cuesta arriba una carretilla con una bolsa de ropa para llevarla a lavar. 

“Esta es la odisea que estamos viviendo aquí”, dice el hombre al tomar una pausa para saludar.

“Por lo menos pa’ ejercicio sirve”, bromea, tratando de hacer más llevadera la pesadilla. 

La carretilla se queda al borde del derrumbe, junto a otra carretilla y unas botas plásticas, lista para regresar luego, cargando agua, suministros, gasolina para las plantas o cualquier otra cosa que se necesite. 

Del otro lado del derrumbe, le espera su madre para acompañarle en su vehículo a su destino del día. Detrás, al final de la vía, se quedó su padre, bregando con los animales a los que les llevó un sacó de 50 libras de maíz que cargó sobre su espalda durante todo el trayecto. 

Don Jerónimo Ortiz, el padre de Orlando, no recuerda ninguna otra instancia en los muchos años en que ha vivido allí en Meseta en que hayan pasado por una situación tan desesperante como esta. 

“He vivido toda mi vida aquí, y es la primera vez en la historia que pasamos algo así. Ha sido bien fuerte”, comentó el hombre, quien estaba allí dando de comer a sus animales.

Don Jerónimo detalló que se vio obligado a abandonar su casa de forma temporal. “Me enfermé y decidí irme a otro barrio. La situación me forzó a marcharme”, aclaró. 

Respuesta en camino

Para este jueves, sin embargo, comenzaron a surgir algunas señales de esperanza para estas familias. El alcalde de Orocovis, Jesús E. Colón Berlingeri, quien defendió la gestión municipal para resolver la situación de las familias de Meseta, informó que ya se pactó con una compañía el contrato para reparar la vía. 

Colón, de hecho, ofreció una larga lista con las acciones tomadas para reparar la vía, que incluyen trabajos con una geóloga, un ingeniero, personal de FEMA, personal del Cuerpo de Ingenieros y labores de agrimensura. Al final de ese protocolo, está la elección de la compañía Jessimar Construction para la reparación. 

El alcalde adelantó que la reparación comenzaría la próxima semana, en cuanto se completen los papeles que se exigen por ley para esos trabajos. Agregó que, como parte del acuerdo, le exigió al contratista que mantenga un acceso peatonal mientras se hacen los trabajos. 

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