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Porteadores públicos hacen de tripas corazones para subsistir

Por Michelle Estrada Torres / michelle.estrada@primerahora.com 04/18/2017 |09:00 a.m.
Felipe Báez Lugo, de 61 años, quien cobra en su ruta $1.50 por persona, contó cómo la cantidad de clientes se ha ido al piso en los últimos años. (mestrada@primerahora.com)  
“Para nosotros hacer par de pesos se necesita”

Ponce.  “Antes me ganaba ciento y pico de pesos diarios, pero ahora lo que llevo son dos o tres pasajes (clientes). Y hay veces que llego al terminal vacío o me toca regresar sin nadie”, cuenta Roberto López, quien lleva más de 40 de sus 76 años de edad como porteador público.

Sentado en un banco del terminal de carros públicos Carlos Garay, que entre choferes y clientes no alberga a una docena de personas, López rememora la bonanza de años pasados en la ruta de Peñuelas a Ponce.

“Entre los años 1970 y 1985, más o menos, había 25 guaguas de 12 y 17 pasajeros. Ahora estoy yo solo y no tengo pasaje. Antes montaba a 12 y 15 pasajeros a $3 cada uno, pero ahora no es así. El pasaje se acabó”, afirmó.

Las razones para esta significativa merma son variadas y están atadas a la modernización de las ciudades. Pero lo que para unos han sido avances sociales, para otros ha significado la pérdida de su negocio y sustento.

“Ya no hay pasaje porque la gente que cogía carro público es mayor y no sale, otros se han comprado sus vehículos privados y pasa también que Peñuelas ha progresado mucho, tiene más tiendas y médicos, y las personas ya no tienen que venir tanto a Ponce”, explicó el conductor.

A eso hay que sumarle la proliferación de taxis, los sistemas de transporte público desarrollados por los gobiernos municipales, servicios como Uber y el decaimiento de los centros urbanos donde están ubicados los terminales.

Para el año fiscal 2009-2010, había 3,291 vehículos operando, según la página web del Departamento de Transportación y Obras Públicas (DTOP). Marivir Rivera Colón, directora de la Oficina de Regulación de Vehículos Públicos de esa agencia, dijo que en el 2012-2013 tenían registrados 2,118 vehículos, cifra que bajó a 1,884 en el 2015-2016.

En los 78 municipios hay porteadores, pero la mayoría está en San Juan, Caguas y Bayamón, dijo Rivera Colón. El máximo histórico de estos trabajadores lo conoce la Comisión de Servicio Público (CSP), que los regulaba hasta 2010, pero la cifra no fue divulgada.

“Cuando empecé, esto era vira y vira. Lo que pasa es que al poner la guagua de Sitras se tumbó la transportación pública. El pasaje empezó a bajar porque allá es de cachete. Al dar un bajón en clientes, esto se fue al piso”, dijo Felipe Báez Lugo, de 61 años, quien tiene la ruta de la avenida Hostos a $1.50 por persona.

El Sistema Integrado de Transportación del Sur (Sitras) ofrece servicio gratuito de lunes a viernes. 

“El cambio ha sido drástico, el pasaje ha mermado un 75%. Para nosotros hacer par de pesos se necesita. Ahora mismo hay pocas guaguas porque los choferes se han tenido que ir ya que no generan el dinero que tienen que generar. Y por otro lado las guaguas Sitras nos han hecho mella. El pasajero que va a ir al Centro Gubernamental, al hospital Dr. Pila o a la Universidad Católica viaja en la ruta de Glenview de Sitras, porque aprovecha que no le cobran nada”, sostuvo Pedro Rodríguez Borrero, porteador hace  40 años.

Esa baja en los carros disponibles ahuyenta, a su vez, a potenciales clientes. Es una especie de círculo vicioso.

“Como a la 1 p.m. o 2 p.m., ya no hay pasaje. A veces viene un señor a las 12:30 p.m. y el que está en turno tiene que salir solo, porque en el camino no recoge a nadie, hasta Villa del Carmen para $1.50 y de allá para acá tiene que arrancar solo otra vez si no aparece nadie”, observó Rodríguez Borrero.

La clienta María Rodríguez criticó la falta de vehículos después de cierta hora, pues la obliga a pagar por un taxi. 

“Supuestamente, aquí cierran a las 6 p.m. y al principio yo no tenía muchos problemas, pero luego empecé a llegar a las 5:15 p.m. cuando salía de trabajar y no había carro. El viernes pasado llegué a las 4 p.m. y ya no había nadie. Ellos dicen que la Sitras le quitó el trabajo, pero no, imposible quitarle el trabajo a un servicio que no está funcionando”, manifestó la pasajera.

Cinderella Castro prefiere este servicio por el costo, pero si le pasa como el día de esta entrevista, que llegó  cinco minutos después de que se marchara el carro que pretendía tomar para la Playa, tiene que pagar $5 por un taxi y “eso es un dolor”.

Mildred Yambó Maldonado, en cambio, está complacida y no le molesta esperar.

“El proceso me parece cómodo, es normal. Para cualquier gestión que uno tenga que hacer, hay que esperar”, dijo la clienta.

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