“Ser papá es una bendición”

Por María de los Milagros Colón 06/19/2017 |09:00 a.m.
Las visitas y las llamadas que recibe don José Lleonart, especialmente ayer Día de los Padres, lo hace sentir alegre y conforme. ([email protected])  
Dos padres que han decidido pasar sus días en un centro de cuido de personas de la tercera edad, hablan de su satisfacción en la vida.

“¿Quién cumple años hoy?”

Una vocecita se escuchó desde el fondo del balcón. No tardaron las reacciones en el hogar de ancianos Casa Bella, en Cupey Alto, cuando los dueños del establecimiento, Carlos Reyes y Jimmy Cepeda, llegaron con bizcocho y regalos en mano para celebrar en el Día de los Padres a dos de las 21 personas que cuidan en el lugar.

“Hoy es el Día de los Padres”, corrigió Reyes enseguida, y acostado en una butaca don Julio Álvarez, de 67 años, agarró su obsequio, agradeció, echó una mirada rápida adentro de la bolsa, agarró lo que encontró, una camisa, la devolvió a la envoltura y sonrió. “Está muy bonita”.

Don José Lleonart, de 96 años, lo sostuvo sin prisa. “Si es un regalo de ustedes tiene que ser de buen gusto”, dijo alegre a Reyes y a Cepeda. Sacó también una camisa, la desdobló, la miró con calma y la puso una vez más en la bolsa. 

 
Papás felices

Dos padres que han decidido pasar sus días en un centro de cuido de personas de la tercera edad, hablan de su satisfacción en la vida.


Ayer, ambos recibieron las llamadas o las visitas de los suyos en el hogar y estaban contentos. Si bien la alegría no era de esas que te ponen a saltar y a sonreír, se trataba de una sensación más cercana a la satisfacción, al gusto del deber cumplido. 

“Mi hijo me llamó de Santo Domingo para felicitarme. Me dio mucha alegría ver que se acordó. Eso es muy importante. Cuando en la vida tú te acuerdas de alguien que quieres y no le dejas pasar una fecha sin que tú saludes, quiere decir que está en tu corazón”, manifestó Lleonart. 

Desde una esquina, su otra hija -Nancy Lleonart- lo miraba sin hablar, pero con una sonrisa de esas que hace que los ojos se pongan pequeñitos. “Está bien contento”, dijo antes de irse. Él se quedó en el balcón mostrándole a una de sus compañeras de hogar un libro con copias de sus trabajos durante los años en los que destacó como publicista en Argentina, Cuba y Puerto Rico.

Si hay algo que llena de orgullo a Lleonart, además de sus hijos y nietos, son los muchos logros que obtuvo mientras construía su carrera. Criado en Buenos Aires, salió a Cuba cuando el general Juan Perón regresó en su último término a gobernar Argentina. En Cuba duró cerca de una década haciendo campañas para distintos productos y servicios, incluyendo el legendario cabaré Tropicana. Pero también emigró.

“Yo siempre me fui porque en cada país donde estaba entró un dictador”, dijo riéndose.

Su hijo y su esposa le acompañaron durante esa travesía. Tocó a la familia llegar a Puerto Rico “con una mano alante y otra atrás”, empezar de cero y es quizás por esa razón que su mejor regalo de padres es su éxito y el de su hijo, que fue un alto ejecutivo de una compañía financiera, así como el de sus cuatro nietos que “todos son ingenieros”, afirmó.

“Es increíble. Yo pienso que esa posición la lograron por lo que ellos valen, no se las regalaron y eso tiene un mérito enorme. Quiere decir que su capacidad como profesionales es grande y se les reconoce. Le diría a cada uno que les felicito. Mi corazón está henchido de eterna alegría”, dijo Lleonart a un rato de secarse las lágrimas.

Las distancias entre padres, hijos y nietos también se estiran con la diáspora, con los que se van buscando progresar y los que se quedan porque ya han construido aquí lo suyo. Lo que queda es acostumbrarse y procurar levantar el teléfono con frecuencia.

A diferencia de los hijos de Lleonart, las dos hijas de Julio Álvarez viven en Boston, aunque él asegura que hablan todos los días y que viajan algunas veces al año para verse. Este diciembre le tocará a él y eso le alegra.

“Ser papá es una bendición y tener dos nenas más todavía porque las adoro y estoy pendiente todo el tiempo, inclusive ahora mismo que no estoy cerca de ellas, pero yo me comunico a diario y hablo con mis nietos”, dijo antes de lanzar: “uno se acostumbra”.

Álvarez fue administrador hípico desde el 2000 al 2006, nombrado por la exgobernadora Sila María Calderón. “Es una industria bien caliente, bien movida, bien efervescente”, confesó a Primera Hora antes de levantarse la camisa y mostrar la cicatriz que dejó una operación a corazón abierto por las “presiones del trabajo”.

Aprovechó para decir a sus cuatro nietos “que sigan las instrucciones de sus padres, que los padres siempre buscan lo mejor para sus hijos y que se instruyan y se eduquen para que en el futuro puedan afrontar la vida”.

Y allí se quedó, sentado en la butaca, esperando por los familiares que irían a verlo en un par de horas, con la tranquilidad del lugar donde pareciera que el tiempo pasa de una forma distinta, sin ajetreos y con el ruido de la brisa y las voces bajitas del resto de los adultos mayores que lanzan historias y resumen décadas en minutos.

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