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Solo falta que Oscar López llegue

Por Nydia Bauzá / [email protected] 12/29/2016 |09:00 a.m.
Los parientes de Oscar López Rivera lo esperan en el barrio Aibonito Guerrero en San Sebastián de las Vegas del Pepino, donde se crió de niño y a donde aspira a regresar si es liberado. ([email protected])  
La familia extendida de López Rivera tiene todo listo para su regreso a casa.

San Sebastián. El barrio Aibonito Guerrero, un trozo de tierra húmeda donde los martinetes se confunden en la espesura de alargadas palmas reales, tecas y caobas, siempre está presente en las añoranzas de Oscar López Rivera.

En los lares del Pepino que lo vio nacer hace casi 74 años, la familia extendida de Oscar se prepara para recibirlo cuando sea, sin prisa. Su primo Millo y su esposa, Ana Delia, le tienen preparado un cuarto con la cama en metal que pertenecía a su abuela Carmela. En la alameda, un bohío con dos hamacas tendidas al lado de una charca, invitan a la tertulia.

“Lo estamos esperando con los brazos abiertos para celebrarlo aquí en familia, pero la fiesta grande de la comunidad va a ser en el parque de la Escuela Carmela Pérez, donde Oscar estudió”, afirmó Millo, de 78 años de edad. Este y otros miembros de la familia detallaron a Primera Hora los preparativos que hacen para un eventual regreso a casa del prisionero independentista por el que miles de puertorriqueños han levantado bandera para pedir su excarcelación y no pierden la fe. El presidente Barack Obama tiene hasta el 20 de enero para firmar el indulto.

En el batey de la finca, Millo construyó una cabaña en pichipén, sin puertas ni ventanas, que ha convertido en una especie de museo familiar. Un busto en piedra de Oscar López Rivera se alza entre las cientos de piezas antiguas colgadas de los setos. Al lado, en otra estructura pequeña, un fogón de tres piedras espera por que se encienda la candela con leña.

Millo recordó que en los años ’50, antes de que emigraran a Estados Unidos, sus familias vivían de la agricultura. Él le trabajaba cuatro horas a “Andreíta” la madre de Oscar, por 25 centavos. “Oscar era el que nos ayudaba. Era chiquito, pero ágil. Era un tipo fuerte”, dijo. 

 
Familiares de Óscar López tienen todo listo para su regreso

Hace siete años, cuando lo visitó en la prisión, le sorprendió ver en él tanta fortaleza y paz. “A pesar de tantos años en la cárcel, se mantiene como si no estuviera allí”, sostuvo.

“Oscar entró a la escuela a los cuatro años. Era bien inteligente y responsable. Antes los muchachos iban tarde a la escuela y él estaba pendiente de los que no sabían y los ayudaba a hacer las asignaciones”, relató Ana Delia, cuyo hermano Pedro y Oscar, eran inseparables.

Otro primo, Cristóbal (Toba), de 70 años recordó las travesuras que le hacía Oscar en el barrio. “Nuestros padres eran compadres y cuando Oscar y su hermana Mercedes venían de la escuela y llovía, tenían que esperar en nuestra casa en lo que bajaba la creciente. Él se ponía a bromear conmigo y a hacerme maldades en lo que la vieja mía les hacía café”, relató Toba, quien fue a visitar a Oscar a la prisión, pero no logró verlo.

Las sobrinas de Oscar, Aracelis (Babi) y Lourdes destacaron las anécdotas que vivieron con su tío en Chicago, a donde la familia emigró poco a poco desde mediados de 1950 en busca de mejorar sus condiciones de vida. La madre de estas, Clara Luz y Oscar, emigraron juntos en 1957.

“Cuando yo nací en Chicago, él me llamó Babi, por una muchacha que le gustaba de una serie de televisión y Babi me quedé”, sostuvo la mayor de las sobrinas.

Relató que unos años después, el padre de Oscar, Alberto López Méndez, regresó a Puerto Rico y abandonó a su esposa con sus siete hijos en Chicago. En ese momento, Oscar y los hermanos mayores asumieron la responsabilidad económica del hogar. 

“Nosotros vivíamos en la Division Street, donde estaba el Teatro San Juan y ahí traían muchos artistas que eran de acá. Me acuerdo haber visto al Gran Combo allí y desde ese momento, Oscar empieza a bailar salsa”, relató Babi. Dijo que a su tío le encantaban Pellín Rodríguez y Andy Montañez. “Al principio se le hizo difícil, pero después bailaba como un trompo. No dejaba baile que no iba y se vestía de punta en blanco”, afirmó.

“A mí ,Oscar me enseñó a bailar bugalú”, contó Lourdes, quien también recuerda que su tío le llevaba lollipops (paletas). Las hermanas confesaron que Oscar les hacía muchas travesuras, les escondía la ropa y les amarraba los cordones de los zapatos.

“Una vez fui a verlo al Metropolitan Correctional Center de Chicago y cuando me voy a parar, me había amarrado los gabetes”, recordó Lourdes entre carcajadas.

Luego se le quebró la voz cuando recordó el momento en que Oscar fue capturado por agentes federales el 29 de mayo de 1981. “Me quedé frisada… El temor de nosotros era lo que el FBI nos había dicho que el día que lo agarraran lo iban a matar”, sostuvo.

Lourdes tampoco olvida que al principio del confinamiento de Oscar le llevó arroz con gandules en una bolsa plástica escondida. “Llegué al salón de visitas y con mucha discreción pude bajar el arroz de mi ropa para que Oscar comiera un poco de comida puertorra”, expresó. Poco después, sostuvo que empezaron las restricciones de visitas y posterior al juicio, vino el aislamiento en la prisión de Kansas. “Teníamos que guiar 13 horas y a veces no nos dejaban verlo”, recordó.

“De los 35 años que lleva preso, por lo menos lleva 34 sin comer nada casero. Una de los cosas de las que las que él siempre habla es del café porque nosotros todos somos cafeteros. El día que salga vamos a tener que llevarle tres termos con café de Puerto Rico”, añadió.

Pero la familia de Oscar, también le tiene otra sorpresa.

La primera cena que compartirán en el batey de Aibonito Guerrero será en una vajilla blanca con diseños azul añil que Oscar López Rivera le regaló a su difunta madre Andreita. “Un día llego a la casa de mi abuela y me dice: ‘Babi, esa vajilla fue la que me regaló Oscar. No quiero que nadie la toque porque en esa vajilla le vamos a hacer la comida cuando él sea libre. Tiene que ser arroz con gandules, un cantito de pernil y pasteles’”, recordó Babi que fueron las palabras de su abuela antes de morir. 

Un buen día, sin saber por qué Babi sacó la caja del clóset donde guardaba la vajilla y cuando la abrió se percató de que en el primer plato, su abuela había puesto “un retratito de Oscar”. 

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