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Rafael Rodríguez explica cómo sus perras han aprendido a ir nadando desde su hogar en Guánica hasta la isla de Guilligan, asombrando tanto a los visitantes como a los vigilantes del Departamento de Recursos Naturales que se encuentran con ellas. ([email protected])  
Blacky, Nicole y Vela no se divierten corriendo tras gatos, ellas prefieren cruzar el charco y llegar a Guilligan.

Guánica. Blacky y Nicole adoran el mar. Son de las perras que disfrutan el agua y los chapuzones, y lo hacen a menudo porque su familia vive en la costa guaniqueña.

Sin embargo, ellas están a otro nivel, pues su aventura consecuente es nadar un cuarto de milla desde el muelle de su residencia hasta la Isla de Guilligan. 

En unas instancias, lo hacen para irse detrás de sus cuidadores Rafael Rodríguez y Zinnia Quiñones, cuando estos van de pasadía a la isla. Pero también se escapan solas, tres y cuatro veces por semana, y pasan el día jugando, no solo en Guilligan, sino en el Canal de Ballenas y en otra pequeña isla que llaman Solitaria.

Su hermana perruna Vela no siempre se apunta, pero cuando lo hace, goza tanto o más.

 
Las perras nadadoras

Blacky, Nicole y Vela no se divierten persiguiendo gatos, ellas prefieren nadar y gozar en la islita Guilligan.


Los que no las conocen se sorprenden o preocupan al verlas en una isla donde están prohibidos los animales. Incluso, en un momento dado los vigilantes del Departamento de Recursos Naturales y Ambientales llegaron a pensar que alguien las abandonaba en la isla o que sus encargados las llevaban a propósito en contra del reglamento. 

Ahora bien, los locales y asiduos a estas playas saben quiénes son y tan pronto las ven llegar las saludan, juegan con ellas, las retratan y alimentan. También el trío gusta de cazar iguanas y peces.

Práctica heredada

El gusto por el mar se lo transmitieron las perras que les antecedieron en el hogar Rodríguez Quiñones. 

La pareja contó que sus primeros canes, Coral y Marina, empezaron la costumbre de nadar hasta Guilligan. 

Coral le enseñó a su hija Ocean y esta, a su vez, se lo transmitió a Blacky, la primera perrita rescatada por esta familia.

“Coral murió hace tres años y Ocean en verano pasado. Blacky se quedó sola y se puso muy triste. Pensamos en buscarle una compañera, pero apareció Vela y yo me enamoré de ella, así que nos la llevamos a casa. Después llegó Nicole, también adoptada, y Blacky se encargó de enseñarles a nadar a ambas”, relató Quiñones.

Rodríguez es un capitán de barco que divide sus meses entre Luisiana y Puerto Rico por motivos de trabajo. Cuando está en la isla, le toca buscarlas luego de sus andanzas. En su ausencia, ellas se las arreglan para regresar a casa.

“Si yo estoy, las busco, pero si no, ellas regresan nadando feliz. Vienen y van nadando felices. Si la gente les dio mucha comida en la isla o comieron muchas iguanas, agarran ‘poncito’. En cualquier bote que vean, de tres o cuatro personas que ya conocen, se montan y ellos las llevan de vuelta. Si no, se montan en kayak, en el ferry o en el bote de (la hospedería) Copamarina”, explicó Rodríguez.

“Ya las conocen, son famosas”, afirmó orgulloso.


Durante un viaje en bote junto a Primera Hora, las perras miraban todo a su alrededor y en la medida en que se acercaban a Guilligan, más inquietas lucían. 

A mitad de camino entre el muelle y la isla, Blacky y Nicole no aguantaron más y se lanzaron al agua. 

Nicole, que todavía no llega al año, asumió la delantera, mientras Blacky, que está por cumplir siete años, iba sin prisa, pero sin pausa. 

Al llegar a tierra, empezaron a correr de un lado a otro en la orilla, junto a los bañistas y entre los mangles. Vela prefirió esperar a subir por el muelle de la isla para unírseles al ejercicio de exploración.

“Esas perras nadan desde allá (Guánica)”, le dijo una mujer a su grupo cuando las vio pasar. Otros les hacían caricias o las perseguían con sus cámaras fotográficas para capturarlas en acción.

En fin, que las perras se veían felices en las aguas cristalinas de esta joya sureña. 

“A veces cuando hay mal tiempo, a algunas personas les da miedo y dicen que las perras se van a ahogar, pero ellas nadan para acá, es inevitable. No sé qué tiene la isla que las atrae”, señaló Rodríguez.

 El matrimonio puntualizó que nunca han amarrado a sus perras, porque no creen en ello, y que no importa cuántas veces las vayan a buscar, siempre regresarán a Guilligan. 

“Han pasado dos días en la isla, y cuando las vengo a buscar no se quieren ir. Así que no es que se abandonaron, sino que vienen y regresan nadando. Les encanta la isla”, manifestó Rodríguez. 

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