Un año después... son más pobres-VÍDEO Y FOTOS

Por Nydia Bauzá / nbauza@primerahora.com 09/30/2013 |
La vieja casa de madera y zinc de María Fuentes Fuentes “se está cayendo” y su mayor preocupación es que su hijita Eliahnis, de 3 añitos.
Luz Amelia Cruz se busca un dinerito ayudando en la confección de dulces de almendras para pagar el deducible de los medicamentos de su hija de 23 años, paciente de salud mental. (jose.reyes@gfrmedia.com)  

Luz Amelia Cruz Mercado no tiene estufa y la vieja nevera de su casa tiene la puerta rota. Se busca “unos pesos” ayudando a hacer dulces de almendras para pagar el deducible de los medicamentos de su hija Yahaira, de 23 años, paciente de salud mental.

La vieja casa de madera y zinc de María Fuentes Fuentes “se está cayendo” y su mayor preocupación es que su hijita Eliahnis, de 3 añitos, resulte perjudicada por un accidente en la frágil vivienda.

Hace un año, Primera Hora expuso las penurias de estas dos loiceñas que viven sumidas en la pobreza. Recientemente, volvimos a Tocones y Colobó y pudimos ver que estas mujeres siguen batallando entre la miseria y la precariedad.

En todo este año ninguna agencia del gobierno les ha tocado las puertas. Sólo “una estrellita” -así llaman a Karen Lynch Lance- les ha tendido una mano amiga. Se trata de una norteamericana que desde que llegó a Puerto Rico a finales de los años '80, quedó prendada de la cultura del Pueblo de Santiago Apóstol.

“Cuando abrí las páginas del periódico el año pasado, las historias de esas mujeres me tocaron bien profundamente en mi corazón y decidí que tenía que hacer algo para ayudarlas”, expresó Karen, en un español agringado. La artista gráfica de profesión acompañó recientemente a este medio en un seguimiento a las condiciones de vida de estas loiceñas.

Cuando llegamos a Tocones era casi mediodía. Luz Amelia estaba descalza debajo de un flamboyán con un nieto en brazos. La estampa era similar a la del año pasado, aunque Luz Amelia luce ahora más delgada y su rostro estaba matizado por unas manchas blancas.

“Me dicen que estoy floja de hemoglobina”, dijo Luz Amelia, quien se sacó un grito de alegría cuando vio llegar a Karen. “Ella me ayudó bastante. Me ayudó con cosas materiales, se que ella quería ayudarnos mucho más y yo le agradezco con todo el corazón porque me ha ayudado mucho espiritualmente”, expresó.

 
Loiceñas que batallan con la estrechez

Las mujeres de Tocones y Colobó solo han recibido ayuda de una estadounidense, quien se conmovió con sus historias.


¿Estás contenta de que Karen esté aquí?

(Ríe) Que, qué... muchísimo. Yo estaba loca por verla. No podía comunicarme con ella porque el teléfono se me perdió.

El año pasado, su casita de madera y zinc estaba a punto de colapsar y Luz Amelia se tuvo que refugiar con su mamá. Con la ayuda de vecinos, su esposo y su hermano Santos, lograron reforzarla con paneles.

“Faltan unos arreglos, pero estamos viviendo en la casa”, dijo. Su esposo Esteban, quien es obrero migrante, estuvo un año en Estados Unidos y regresó hace unos meses porque no logró conseguir trabajo.

Con la ayuda de Karen y su red de amigos, el año pasado Luz Amelia y su familia recibieron ropa, zapatos, medicinas, un televisor y hasta una fiestecita el Día de Reyes. “Todos los niños estaban contentos. Ahora mismo ellos me estaban preguntando si Karen volvía y el teléfono de Karen se me había perdido”, sostuvo la humilde mujer.

¿Qué te hace falta ahora?

Una estufa y la nevera que está dañá, tiene la puerta caída.

¿Cómo cocinas?

En casa de mi mai.

Sobre su hija Yahaira dijo que “está tranquila” con un nuevo medicamento, pero le gustaría que estuviera participando en un taller. “Lo que ella necesita es que la lleven y la traigan porque se enzorra ya que todos se van pa' la escuela y se queda conmigo y le da con estar caminando”', sostuvo.

“Ella está en sus citas en seguimiento en APC de Carolina y con otro medicamento que está tomando. Con ese medicamento está un poquito mejor porque ella estaba muy agresiva”, añadió Luz Amelia.

Allá en Colobó...

A media tarde llegamos a Colobó y encontramos a María en el balcón.

“Todo sigue igual”, nos dijo en voz baja. El único cambio que notamos fue un remiendo de tablas en el piso de la cocina, que cuando camina se mece como una hamaca.

“Con la ayuda de un vecino me arreglaron la cocina con paneles añadidos, pero en muchos sectores de la casa el piso está muy blandito y el zinc está roto. Sigo esperando poder continuar con la construcción de la casa”, dijo señalando a una pared de bloques a medio terminar de una nueva vivienda que hace años empezó y que no ha podido terminar por la falta de recursos económicos.

¿Y la alcaldía, el Gobierno, te brindaron ayuda?

Nada. Tampoco he conseguido trabajo y mira que sigo llevando solicitudes a todas partes, hasta Río Grande y Cánovanas. Con ayuda de mi familia la nena pudo comenzar la escuela (Head Start).

María sigue haciendo lo que puede “con los mismos 60 pesos de los cupones” que recibe al mes. Tampoco tiene nevera en la casa.

“Tengo una nena de 3 años que me duele (llora) que no tenga una casa en condiciones y me preocupa que el día de mañana pase algo aquí y que mi bebé me la quite Servicios Sociales, cuando yo quisiera que mi casa estuviera bien y mi nena estuviera bien... yo se que esta casa no está en condiciones, pero no tengo más nada. Es lo que tengo para darle. Eso si me duele”, dijo la madre de 33 años.

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