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Urge atender la salud mental de los veteranos

Por Michelle Estrada Torres / [email protected] 01/11/2017 |09:00 a.m.
Los casos lamentables protagonizados por militares boricuas han tenido sus antecedentes que están atados a algún trastorno que no fue atendido adecuadamente. (Archivo)  
Muchos no buscan ayuda porque les puede afectar en los ascensos y en sus aspiraciones militares

¿Hay otros potenciales Esteban Santiago Ruiz entre los soldados y veteranos de guerra puertorriqueños?

“Sí”, respondió sin titubear la sicóloga Sonia Santiago Hernández, fundadora de la organización pacifista Madres Contra la Guerra.

“Son bombas de tiempo, no solamente en Puerto Rico sino en Estados Unidos también”, prosiguió la activista.

Atender adecuadamente los problemas de salud mental de militares y veteranos es un reto mayúsculo. Por una parte, no todos los soldados activos divulgan a sus superiores o familiares lo que les ocurre, para buscar ayuda profesional. Y cuando se trata de excombatientes, la Administración de Veteranos (AV) parece no dar abasto para prestar servicios con celeridad y dar el seguimiento correspondiente.

Santiago Ruiz, de 26 años y veterano de la guerra de Irak, será acusado de matar a cinco personas y herir a otras seis en medio de una balacera en el aeropuerto internacional de Fort Lauderdale, en Florida. Su familia dice que tenía problemas mentales, pero que la Guardia Nacional de Alaska -donde se enlistó luego de terminar un ciclo en Puerto Rico- y el Negociado Federal de Investigaciones no lo atendieron bien. 

Anteriormente, en 2014, el soldado boricua Iván López López mató a tres personas, hirió a 16 y luego se suicidó en el Fuerte Hood de Texas. López requirió tratamiento siquiátrico a su regreso de Irak.

“Uno de cada tres militares que regresan de escenarios bélicos tiene un trastorno de salud mental, principalmente el trastorno de estrés postraumático. Sospecho que Esteban tuvo una fuga sicótica, algo que le hizo sentir que estaba en un escenario de guerra”, opinó Santiago.

Indicó que muchos de los soldados que han estado en combate tienen un pobre control de impulsos y carecen de destrezas para manejar conflictos; recurren a la violencia como solución; son inestables en el trabajo, en los estudios y en sus relaciones humanas. “Muchos de ellos se aíslan de su familia, esposa, tienen problemas con sus hijos y puede que haya algún maltrato”, dijo.

Axel Román, portavoz del Hospital de Veteranos, dijo que la mayoría presenta ansiedad, irritabilidad y problemas de sueño.

Algunos incurren en violencia de género, abuso de alcohol y drogas ilícitas. “Hay un montón de casos de veteranos que a su regreso cometen actos delictivos”, planteó, por su parte, Santiago.

Recordó el caso del exmarino veterano Orlando Rivera González, quien resultó convicto de matar a dos personas en Ponce, en 2014. 

“Su familia lo había llevado al Hospital de Veteranos y le dijeron que no había cama y que lo llevaran a un hospital privado. Luego de dos hospitalizaciones, asesinó a dos personas”, manifestó. 

En ese caso, no prosperó la defensa de incapacidad mental y Rivera González fue sentenciado a cumplir una vida en prisión por las muertes de Pablo Martínez Madera, de 51 años, y Carmen Delgado Rivera, de 73.

“No estoy diciendo que haya impunidad. Ellos son culpables en el sentido de que cometieron los delitos, pero ¿por qué los cometen? Jamás se les debe imponer la pena de muerte. En todo caso, que los ingresen en hospitales psiquiátricos”, opinó.

Cortos en Veteranos

Al referirse a la AV, Santiago dijo que “no es que no haya servicios, sino que son pocos y se diluyen. Es un solo hospital para miles de veteranos y las citas se dan (con espera de) para cuatro meses”.

Román, mientras, señaló que en la Isla hay aproximadamente 100,000 veteranos, de los cuales 65,000 reciben servicios en nueve clínicas de la AV. De esos, 20,000 reciben servicios de salud mental. Lo revelador es que solo hay 60 siquiatras y 35 sicólogos para atender esa demanda.

Román dijo que esa cantidad de especialistas era menor y aumentó con contrataciones hechas en años recientes, pero no precisó cuál debería ser la cuota apropiada para que el sistema corra eficientemente.

En respuesta a la crítica sobre la tardanza de las citas, el portavoz indicó que “eso puede ser cierto en el seguimiento regular”. 

“Un paciente nuevo se va a ver entre 14 a 30 días. Un paciente de seguimiento y estable, posiblemente va a tener las citas en uno, dos o tres meses, pero es bien importante resaltar que si se identifica que está en un periodo vulnerable se cita con más regularidad”, aseguró.

Añadió que en la sala de emergencia siquiátrica del Hospital de Veteranos hay 30 camas y que la misma “está a capacidad prácticamente todo el tiempo”. Sin embargo, rechazó que se niegue el servicio de hospitalización por esa razón.

“Si tengo un veterano que necesita hospitalización, pero no tengo cama, le vamos a dar el servicio en un hospital con el cual tenemos un contrato. Nunca se le va a negar una cama a un veterano”, manifestó.

Actualmente, hay 1,300 veteranos que acuden a las clínicas para pacientes con estrés postraumático o que tienen traumas por acoso sexual, señaló Román. Otra forma de acceder a servicios de salud mental en la AV es durante la visita regular con el médico primario, que puede referir al veterano a un sicólogo inmediatamente si detecta algún síntoma.

Hay ayuda, pero...

Javier (nombre ficticio), un sargento boricua del Army destacado en el Fuerte Hood en Texas, expresó que la milicia provee varios servicios para atender la salud mental de los soldados. No obstante, destacó el hecho de que haya que depender de la sinceridad de los militares a la hora de responder las entrevistas y formularios, pues varios aspectos los llevan a mentir sobre sus verdaderos síntomas.

“Si yo pongo que estoy deprimido, eso va al récord y si tienes aspiraciones de subir de rango eso te afecta. Si te quieres convertir en oficial después es bien difícil. Por eso muchos contestan lo que ellos (los jefes) quieren escuchar, que es un no”, indicó el hombre que prefirió anonimato.

El sargento de 29 años y ocho de servicio enumeró varias alternativas para buscar ayuda. Una es decirlo al supervisor y otra es llamar directamente a una línea telefónica confidencial de una institución sin fines de lucro.

“A menos que no digas que tienes intención de hacerte daño, o hacerle daño a alguien más, esa información permanece confidencial”, señaló.

Sin embargo, un aspecto negativo de esa opción anónima es que como no se levanta un récord del soldado, cada vez que llame tiene que empezar de nuevo, lo que puede llegar a disuadirlo de continuar.

“Cuando yo entré tuve que recurrir a eso porque romper el lazo familiar me costó mucho y me deprimí. Llamé a ese número y nadie se enteró porque ellos no retienen récord, a menos que te hagan un referido. Pero lo dejé porque en cada ocasión tenía que volver a contarle todo al consejero, porque cambian”, recordó Javier.

Lo que no tienen disponible es un examen psicológico anual de rutina. 

“El chequeo físico completo no te lo hacen a menos que vayas a una escuela o si te van a sacar (a otro lugar) y no hay nada rutinario sobre comportamiento mental”, indicó.

Por otra parte, Hugo (nombre ficticio), sargento que estuvo destacado en Afganistán, contó que no recibió un servicio óptimo, sino “okay”. 

“Es más dirigido a lo que uno quiera decir y con la mente puesta en el estigma que aun persiste en el mundo militar. En otras palabras, you don't want to be the crazy guy. Y crees que no eres tú el del problema”, expresó Hugo, de 28 años y ocho de servicio.

En su caso, estaba destacado en Europa cuando fue enviado a Afganistán. Al regreso, pasó por las pruebas de rutina. 

“En mi primera visita todo estaba normal, ya luego en la segunda fue cuando cambié mis contestaciones y el que me estaba entrevistando hizo más preguntas. En ese momento, él me hizo llamar para hacer una cita con la psicóloga”, relató.

“Ella me dijo que intentara un método de respiración a ver si eso funcionaba, pero de algo más que eso no. Yo lo intenté y, bueno, realmente aprendí a superarlo. Ya no me irrito como antes, puedo estar en lugares donde hay mucha gente y puedo escuchar los fuegos artificiales”, continuó.

Hugo coincidió con Javier en que desde el principio de sus carreras militares les dijeron que buscar ayuda mental le puede dificultar subir de rango, lo que “es verdad en parte”. Sin embargo, resaltó que hay opciones confidenciales que pueden aprovecharse. “Creo que más que cambiar el sistema, hay una necesidad de enfrentar los problemas”, aseveró.

Distinto en la Guardia

Felipe (nombre ficticio), sargento de la Guardia Nacional de Puerto Rico, catalogó como “buenos” los servicios de salud que ofrece el cuerpo, del que ha formado parte durante 11 años. 

“Los que estamos activos, antes de cumplir el ciclo de 12 meses, tenemos que pasar por un montón de exámenes físicos y de sangre, y entre ellos está el psicólogo. Eso es para todo el mundo, independientemente del rango”, explicó el soldado de 32 años.

Felipe entiende que ahí está la ventaja del soldado sobre el veterano, porque una vez fuera de la milicia, la búsqueda de ayuda es opcional. 

No obstante, dijo que le consta que en ocasiones la AV no satisface todas las necesidades de los veteranos.

“He visto que le han negado desde máquinas para apnea del sueño hasta prótesis, y medicamentos para la presión. Normalmente, les dicen que no hay dinero y si hay pocos equipos les dan prioridad a los viejitos”, manifestó. 

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