Vladimir llega al mundo en plena autopista-VÍDEO

02/27/2013 |
La agente Maritza Ramírez, de la Unidad Marítima, respondió al llamado de emergencia y ayudó a Olga Santos a parir al segundo de sus hijos.

Quebradillas. Vladimir tenía tantas ganas de nacer que no quiso esperar.

Eran cerca de las 10:30 de la noche del lunes cuando Olga Santos comenzó a sentir unas fuertes contracciones y señales de que daría a luz al bebé que esperaba para la próxima semana.

“Me estaba bañando y no había tenido dolor en todo el día”, dijo. Sin embargo, sabía que el momento se acercaba y, al salir del baño, le pidió a su esposo, Carlos Rivera, que la llevara hasta el hospital.

La pareja salió desde su casa en Quebradillas en dirección al Hospital de Área de Manatí, donde se atendería el parto de la mujer, pero en el camino las contracciones eran cada vez más frecuentes.

“Le dije a mi esposo que no iba a llegar”, recordó. Carlos entonces se comunicó con la Policía para pedir que los escoltaran hasta el hospital.

El padre, según contó, mantuvo la calma mientras conducía y pedía ayuda por teléfono.

“Yo lo cogí tranquilo porque, si me desesperaba, la iba a poner más nerviosa a ella”, dijo el hombre.

Mientras aceleraban hacia el hospital, no sabían que una patrulla de la Unidad Marítima, conducida por la agente Maritza Ramírez, estaba cerca. Ramírez había salido a vigilar las vías cercanas a las costas por una advertencia de oleaje fuerte, y nunca se imaginó que una noche rutinaria tomaría un giro inesperado, que resultaría ser una de las experiencias más hermosas que ha vivido.


Precisamente, fue a ella y dos compañeros a quienes les tocó atender la llamada de Radio Control y aparecieron para escoltar el vehículo donde viajaban Carlos y Olga con su otro hijo de tres años, Kaleb. En un punto de la PR-22 en Arecibo, cerca de la salida hacia Lares, tuvieron que detenerse porque el bebé no iba a esperar más tiempo.

Entre lo incómodo e impactante de atender un parto dentro de un auto, Maritza se encomendó a Dios para que le diera direcciones para actuar.

“Yo decía: ‘Señor, Señor, yo tengo que ayudarla para que el bebé salga bien, que los dos estén bien’”, reveló la agente, que actuó de manera instintiva, ya que no tiene ningún tipo de preparación para asistir en partos.

A las 11:45 de la noche, y después de que la madre estuviera más de 10 minutos en el arduo proceso de alumbramiento, el pequeño Vladimir llegó al mundo. La mujer policía lo limpió y arropó rápidamente con su propio abrigo, mientras esperaba por que llegaran paramédicos a cortar el cordón umbilical.

La familia, finalmente, logró llegar al Hospital Regional de Arecibo, donde madre y recién nacido fueron atendidos y se encontraban en condición estable. El chiquitín pesó seis libras y midió 20 pulgadas, y su nacimiento coincidió con el cumpleaños de su papá.

“Esto fue una obra de Dios y (muestra) del amor que nosotros tenemos hacia los ciudadanos. Este tipo de experiencia es algo maravilloso”, dijo la agente Ramírez, sorprendida por el rol de partera que tuvo que asumir.

“Fue una experiencia hermosa”, concluyó, por su parte, la aliviada y orgullosa madre.