Aibonito-. Mientras la podredumbre se apodera de las granjas contratadas por To-Rico como consecuencia de la muerte de miles de pollos durante el paso del huracán María, varios avicultores de este municipio aseguraron hoy haber sido abandonados a su suerte por la empresa.

El escenario -impregnado de un olor nauseabundo- se replica a través de las cerca de 20 granjas en Aibonito y levanta preocupación en torno a los problemas de salubridad que esto pudiera provocar.

Hace más de 20 años, luego del azote de Georges, la empresa proveyó a los criadores vacunas, máscaras, ropa especial y la maquinaria necesaria para cavar las fosas y sepultar las aves muertas. Sin embargo, en esta ocasión, el personal de To-Rico ha brillado por su ausencia, coincidieron los avicultores Carlos Ortiz y Iván Vargas.

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Ortiz solo había podido proveer máscaras y guantes a un puñado de empleados que le asistía a limpiar las granjas y colocar los pollos muertos en una extensa fosa cavada en los límites de su finca.

“Ellos (directivos de To-Rico) no se han comunicado con nosotros y esto es una catástrofe que puede llevar hasta una epidemia porque mire cómo está el pollo muerto por ahí”, alertó el veterano avicultor, que criaba en su finca unas 72,000 aves.

“Los pollos no son de nosotros, son de la compañía. Ellos nos pagan a nosotros para criar a los pollos. Mientras ellos no decidan qué van a hacer con los pollos, nosotros no podemos disponer de ellos”, dijo Ortiz, al explicar que no pueden sacrificar las pocas aves que sobrevivieron hasta recibir instrucciones de la empresa.

El aiboniteño, quien auguró que pasarán meses antes de que los puertorriqueños puedan volver a comer un pollo del patio, no pudo precisar a cuánto ascienden las pérdidas en las estructuras de su finca. Sin embargo, dijo que son bajas las probabilidades de que pueda levantar su granja y regresar al negocio. 

“A mi edad, creo que no voy (a poder levantarme)… Ya yo tengo 76 años. Mi único consuelo es que ya todo eso yo lo había pagado y no tengo hipotecas que me dejen en la calle como quizás a algunos les va a pasar… La pérdida es grande, el trabajo de uno de tantos años”, lamentó.

Vargas, por su parte, destacó las dificultades que han enfrentado los avicultores para conseguir maquinaria para cavar la fosas. Entre el municipio y la Agencia Federal para el Manejo de Emergencias (FEMA, por sus siglas en inglés) han copado la renta de las maquinarias, puntualizó.

Según Vargas, de no poder concretar en los próximos dos días la disposición de los miles de pollos de su granja, “no va a haber quién viva aquí”.

“El mal olor es violento y puede causar una epidemia con tanto pollo en estado de descomposición”, apuntó el hombre, cuya finca tenía unos 75,000 pollos listos para procesar previo al paso de María.

Al igual que Ortiz, Vargas teme no poder reponerse de las pérdidas provocadas por el fenómeno atmosférico. “No lo veo posible por esto y por los problemas con la planta y con la economía”, señaló el Vargas, quien mencionó que desde hace dos años los avicultores de Aibonito laboran sin contrato para To-Rico.

Criticó que, además de la productora de pollos, la Junta de Calidad Ambiental (JCA) no se haya presentado en el municipio.

 Entretanto, el avicultor José A. González se expresó preocupado no solo por el futuro de To-Rico, sino por la destrucción del que fue su hogar desde que tenía 15 días de nacido.

“Ya después de la 1:00 a.m. ya no puedo conciliar el sueño, pensando qué voy a hacer, cómo me voy a recuperar”, expresó.

“Hay mucha incertidumbre”, abundó.

Debido a los problemas de comunicación que persisten en la Isla, no fue posible contactar a ningún portavoz de To-Rico.

Finalmente, este medio supo que la JCA aprobó recientemente una dispensa para la disposición adecuada de animales muertos. Entre los requerimientos, se dispone que la disposición no deberá realizarse a menos de 150 pies de distancia de los cuerpos de agua.