ORLANDO, Florida – El anuncio sobre la visita del presidente Donald Trump mañana martes produce un efecto polarizante entre los boricuas que viven en esta ciudad de la Florida central: unos detestan a rabiar que el mandatario federal pise suelo borincano y otros miran con esperanza la visita de líder norteamericano.

A Hortensia Benjamín, de 80 años y quien viene de Santurce Puerto Rico, no le hace gracias la idea de que Trump siquiera pise Puerto Rico. “Sinceramente, no sé a qué va a la Isla pues no hará gran cosa y él nunca ha querido saber de nosotros. Es muy arrogante y nunca ha querido saber ni de los negros ni de los hispanos”, dijo la mujer mientras preparaba un aromático café.

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Su esposo, Roberto Benjamín intervino: “Nos ha estado despreciando desde el principio”. ¿Y si Trump se compromete con ofrecer ayuda financiera sustancial cambiaría su opinión?, se le preguntó. “Ofrecer es muy fácil. También siento vergüenza por los líderes hispanos que no han dado la cara”, dijo.

Pablo Cáceres, exdirector de la Administración de Asuntos Federales de Puerto Rico en Orlando (Prfaa) bajo la administración del exgobernador Alejandro García Padilla dijo que el viaje permitirá la presidente de Estados Unidos observar de primera mano los daños que sufrió Puerto Rico de manera que pueda dar la directriz para que todas las ayudas se presten con agilidad.

“Que el ‘Chief Commander’ (Trump) dé las instrucciones directas cuando se dé cuenta de que en la Isla se necesita actuar con más rapidez”, dijo Cáceres. “Esperamos que luego de ver la devastación, Trump empiece a mover todo el aparato gubernamental para que la gente reciba ayuda y que se activen las estructuras militares de restauración, como las brigadas que instalan plantas de purificación de agua, las que restauran puentes…”, agregó.

Annie Jiménez, natural de San Juan, acomoda cajas de agua, alimentos enlatados y otros artículos de primera necesidad que serían despachados a la Isla en estos días. “Espero que el presidente vaya con un corazón dispuesto a ayudar”, dijo al dramatizar la importancia de que la ayuda llegue a municipios de la montaña en donde ya escasea todo.

Los jóvenes Jesué Calderón, de 19 años de edad, y Ramfis Rolón, de 21, entienden que con su viaje a Puerto Rico, el presidente Trump podrá palpar de primera mano lo serio de la situación en el País. “Lo podrá ver con sus propios ojos”, comentó Calderón.

“ A pesar de las diferencias políticas entre el gobernador de Puerto Rico, Ricardo Rosselló, y Trump, creo que será positivo y que ayudará a la reconstrucción de la Isla de una manera más eficiente”, dijo Ramfis.