Reunidos en un salón de actividades, empleados del Departamento de la Familia fueron notificados de que quedaron cesantes de sus trabajos.
martes, 29 de septiembre de 2009
Francisco Rodríguez-Burns / Primera Hora
A muchos se les hizo difícil conciliar el sueño durante el fin de semana. Creían que iban a ser despedidos el pasado viernes con la primera ola de cesantías programadas por la administración de Luis Fortuño, pero regresaron a sus hogares sin saber si aún contaban con un trabajo.
Ayer, por la mañana, se reportaron a sus puestos en las oficinas regionales del Departamento de la Familia como cualquier otro día de trabajo. Pero los minutos comenzaron a sentirse como días a medida que se acercaba la hora de almuerzo. Algunos habían tomado un tranquilizante. Los nervios los traicionaban.
A las 2:30 de la tarde, los supervisores inmediatos de la instalación comenzaron a leer los nombres de los empleados que tenían que acudir a un salón de reuniones. La mayoría de los trabajadores comenzaron a sospechar que los empleados de las listas iban a ser despedidos antes de la hora de salida.
“No he recibido la carta, pero creo que sí, me van a despedir”, indicó la oficinista Leila Villanueva, de 29 años de edad, antes de su entrada al salón donde se comenzaron a sentar varios trabajadores de la agencia. “Nos pudieron haber acortado la jornada. Esto me ha afectado muchísimo. Hoy no pude trabajar”, sostuvo la empleada, quien tramitaba los pagos de hogares de crianza.
La tristeza que se podía respirar en la reunión también permeaba las oficinas ejecutivas de la agencia.
Una secretaria del recibidor de la directora regional de la agencia no podía contener las lágrimas. Se acaba de casar, pero ahora se encontraba sin trabajo. La empleada del cubículo contiguo intentaba ofrecerle una palabra de consuelo. En los pasillos de la instalación, otros trabajadores se confundían en abrazos y se daban palmadas en la espalda.
“No pensaba que iba a ser una de las personas despedidas, ya que llevo 12 años en la agencia, pero pienso seguir hacia adelante, quiero seguir con mi vida. Por mis hijos haré lo que sea”, sostuvo Eddie Sánchez, de 37 años y residente de Río Piedras.
El conductor de la Unidad de Investigaciones Especiales fue despedido junto con otros 40 conductores de la unidad. Era movilizado a atender querellas de maltrato que se podían suscitar a cualquier hora del día, pero ahora duda que la unidad podrá funcionar con los únicos cinco conductores que no cayeron en la mira de los despidos. Simplemente no hay suficiente personal para atender todas las querellas, según opinó.
“Podrían haber bajado los salarios de los legisladores o de todos los asesores del Gobernador. Ésta no es la manera para resolver la situación”, indicó Alexis Marcano, otro de los conductores que esperaba por su carta ominosa.
La plantilla de trabajadores de algunos departamentos fue reducida por más de la mitad. Entre los trabajadores despedidos figuraron abogados, psicólogos, incluso, empleados que contaban con 15 años de experiencia. Para ahogar sus penas, algunos sostuvieron que tomarán un Black Label o una cerveza. Otros prefirieron desencadenar su coraje contra la figura del Gobernador, que sonríe desde las fotos que colgaban de varias paredes de la agencia.
“Ésta es la persona que más mentiras dijo. En la campaña sostuvo que sólo botaría a una persona y que ésta se llamaba Acevedo Vilá”, indicó el oficinista Gerald Nieves, de 42 años de edad, quien ahora desconoce cómo pagará la pensión alimenticia de sus dos hijos de seis y tres años de edad.
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