Oscar Schmidt: “¡Que muchas veces le gané a Puerto Rico!”

 
 
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Oscar Schmidt: “¡Que muchas veces le gané a Puerto Rico!”

Oscar Schmidt asegura que su éxito como anotador se dio gracias a su esmero por aprender a meter el balón de todas las formas posibles. (Primera Hora / Juan Luis Martínez)

lunes, 13 de septiembre de 2010
05:59 p.m.
Raúl Álzaga / Primera Hora

Estambul, Turquía.- Para muchos en Europa, los nombres más conocidos de las 16 personalidades que fueron extaltadas este fin de semana al Salón de la Fama de FIBA fueron el serbio Vlade Divac y el lituano Arvydas Sabonis.

Pero, para los que vivimos del otro lado del Océano Atlántico, nadie ha presenciado un  jugador de mayor impacto internacional fuera de la NBA que aquel brasileño al que apodaban “Mano Santa”.

¿Quién no recuerda a Oscar Schmidt? Aquel anotador avasallador, que le podía meter 50 puntos a cualquier equipo más fácil que comerse un limber.

“¡Que muchas veces le gané a Puerto Rico!”, dijo Schmidt en tono jocoso tan pronto Primera Hora lo abordó con preguntas.

“Creo que si me ganaron dos veces fue mucho. Si mal no recuerdo una fue en los Panamericanos de 1979 y la otra en el Preolímpico de 1995 en Argentina, y creo que en ése último el equipo ya empezaba a renovar y jugamos demasiado con el banco”.

La realidad es que Schmidt sí fue como una espina en el costado de los boricuas y de la mayoría de los equipos del mundo. Su capacidad de meter el balón uno contra uno a 30 pies de distancia, posteado o saliendo de cortinas era magistral.

Pero esa cualidad no se dio por suerte, sino por horas diarias de práctica disciplinada a través de sus 32 años de carrera, donde acumuló la friolera de 49,703 puntos – la mayor cantidad anotada por un baloncelista en la historia de este deporte.

“Tiraba 1,000 tiros al canasto todos los días. Mi esposa era mi compañera de prácticas. Era la que buscaba el balón y me lo pasaba para yo tirar esos mil tiros diarios. Definitivamente no era fácil meter 970 tiros todos los días”, sostuvo entre carcajadas el ex canastero de 52 años de edad, quien se retiró a los 45 tras liderar en anotaciones la liga de Brasil en el 2003.

“Me acuerdo que cuando tenía a Bogdan Tanjevic como dirigente (actual dirigente de Turquía) para 1982, él nos daba un día libre a la semana y yo siempre iba y tiraba  mis mil tiros comoquiera. Él se aparecía en la cancha y me preguntaba: ‘¿Qué haces aquí? Si vuelves a venir te voy a multar'. En mi próximo día libre estaba otra vez allí tirando mis mil intentos al canasto. Nunca me importaron esas multas y él se dio por vencido. Y no estamos hablando del Tanjevic de hoy día, que es bastante tranquilo. En aquel momento era una bestia. Pero gracias a él fui el jugador que fui. Siempre me sacó el máximo”.

Además de sus eternas prácticas, Schmidt también explicó que su éxito como anotador se dio gracias a su esmero por aprender a meter el balón de todas las formas posibles.

“Creo que ofensivamente tienes que ser versátil, poder jugar de frente al canasto, pero también de espaldas al canasto. Hoy día hay muchos que no les gusta jugar de espaldas al canasto y eso es un gran error. Hasta los mejores gares anotadores de la NBA como Michael Jordan y Kobe Bryant han sido excelentes anotadores posteados de espaldas al canasto. Eso te brinda la capacidad de jugar de frente si tu oponente es más alto que tú o postearlo y jugar de espalda al canasto si tu defensor es más pequeño que tú. En mi caso, siempre quise sacarle el mayor provecho a mis 6’8” de estatura”, indicó Schmidt. 

Un juego inolvidable

Durante su carrera internacional, Schmidt participó de cinco olimpiadas y cuenta con 10 récords olímpicos, incluyendo mayor cantidad  de puntos  en Olimpiadas (1,093 puntos), mejor promedio de puntos de por vida en una Olimpiadas (28.8 por juego) y mejor promedio de puntos en una Olimpiada (42.3 puntos por juego en Seúl 1988).

Pero ninguno de esos récords, ni ninguna de sus múltiples medallas internacionales o campeonatos de ligas equiparan con lo que consiguió en los Panamericanos de 1987 en Indianápolis: una medalla de oro ante Estados Unidos con Brasil como equipo visitante.

“Esa victoria está en el penthouse de mi lista. Mi mejor momento, por mucho, fue ese juego en Indianápolis. Es la primera vez que Estados Unidos perdía en su propio país y por la medalla de oro”, recordó Schmidt de aquel juego frente al equipo de NCAA que incluía a David Robinson, Danny Manning, Danny Ferry y Pervis Ellison.
Brasil perdía por 14 puntos, 68-54, al acabarse la primera mitad y los estadounidenses ya daban la victoria por segura… hasta que la mano de Schmidt calentó.

“Les metí 35 de mis 46 puntos en la segunda mitad. Los retamos. No les teníamos miedo y tres de nosotros ya estábamos jugando el mejor nivel de Europa. Yo los estuve agitando todo el juego (trash talk), usando la psicología. Les decía “dale, dale, acaba de tirar la maldita bola. Esto es para ahora, no para mañana”. Como no eran jugadores disciplinados, tiraban la primera bola que cogían. Eso benefició nuestro juego rápido y pudimos sacarles el juego. Fue emocionante ver las caras de la gente en las gradas, que no lo podían creer”.

Apoya a “Piculín” Ortiz

En torno a la posibilidad de que el boricua José “Piculín” Ortiz sea exaltado al Salón de la Fama de FIBA en los próximos años, Schmidt dijo que no tenía la más mínima duda de que eso sucederá pronto.

“No tengo dudas. Ortiz ha sido uno de los mejores jugadores de nuestro continente. Tenía el mismo instinto matador que yo. Era un ganador”, dijo Schmidt.

“Para mí es sólo cuestión de tiempo de que esté aquí conmigo en el Salón de la Fama”.