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Parto del corazón

Félix Javier, Anabelle y Estefanía juegan a la izquierda. A la derecha, comparten con sus padres Roxana y Félix Correa. (Primera Hora / Andre Kang)

martes, 7 de abril de 2009
Rosita Marrero / Primera Hora

Un hijo deseado.

Roxana y Félix lucharon intensamente durante 12 años por tener hijos y día a día veían esas ansias frustradas, porque al igual que muchas parejas, enfrentaban el escollo de la infertilidad.

Como muchos, se sometieron a un tratamiento de fertilización para lograr cristalizar el sueño esperado de tener una criatura en quien desbordar todo ese amor que llevaban dentro, pero no tuvieron éxito.

El matrimonio Correa había decidido que si ella alcanzaba la edad de los 40 y no lograban concebir, adoptarían un niño. Así, hicieron las gestiones en el Departamento de la Familia, entregaron todo el papeleo y se olvidaron del asunto.

“Para nuestra sorpresa, nos llamaron para decirnos que tenían un bebé que se parecía a mi esposo. Es una eternidad lo que hay que esperar. Mi esposo y yo habíamos entregado los papeles y nos habíamos olvidado. Y nos llamaron”, relató Roxana a Primera Hora.

¿Qué sentiste?

Por poco me da un síncope. Para decirte más, la trabajadora social me llama y me dice: “Es fulana del Departamento de la Familia”. El corazón me brincó porque, cuando nos llamaron, ella tenía que llevar al bebé a la oficina para que lo viéramos.

¿Qué impresión te dio conocer al bebé?

Cuando conocimos al bebé yo quedé enamorada. Uno piensa que como no lo parí, no vas a tener instintos maternales. Pero estás equivocada. Una vez yo lo vi... un bebé rollizo, gordito... yo lo apreté. Se lo di a mi esposo para que lo cogiera y vi lo mucho que se parecían.

“La realidad es que fue como un parto en el instante. Esa felicidad de tener un hijo en los brazos. Tú estás en la luna. Todo lo que está a vuelta redonda tuya desaparece...”, rememora describiendo la emoción única de la maternidad.

Y también de la paternidad, pues tan pronto a Félix le depositaron al bebé en los brazos, las lágrimas se hicieron cómplices de la emoción que recorrió su ser.

El bebé, a quien se bautizó como Félix Javier, tiene ocho años. Éste fue dejado de bebito en el hospital. Ya a los seis meses un juez había determinado que iban a liberarlo de los padres biológicos, por lo que se le pudo ubicar en un hogar adoptivo. Para manejar “el estigma” de hijo adoptado, Roxana y Félix, quienes luego adoptaron a dos hermanitas biológicas -Anabelle y a Estefanía, de siete y cuatro años- les explican a sus hijos cómo la adopción es un parto diferente.

“Les decimos que es una manera diferente de ser papá y que en vez de la barriga sale del corazón. Y que ellos fueron escogidos. Un hijo biológico no lo ves. Yo vi la foto del bebé segundos antes de verlo en persona, y a las nenas las vi en foto primero. Tú los escoges. Tú dices: 'Claro que sí que lo quiero'. Les decimos que son privilegiados porque decidimos ser sus papás toda la vida”, dijo Roxana.

Anabelle, Estefanía y Félix Javier son felices. Encontraron unos padres, un hogar, estudian en una buena escuela y disfrutan de una mejor calidad de vida. Atrás quedaron las tristezas y penurias del maltrato y la negligencia. Atrás quedaron unos padres que probablemente, aunque amasen a sus hijos, no los podían tener.

El matrimonio Correa forma parte de la Asociación Puertorriqueña de Padres Adoptivos, organización que preside Félix.

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