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Pelambrera lleva al boricua al empeño

Manuel Báez Vega mantiene récords computarizados de las adquisiciones y de las piezas del inventario en la Joyería y Casa de Empeño Monte Piedad. ( Primera Hora / Andre Kang )

lunes, 5 de mayo de 2008
Francisco Rodríguez-Burns / Primera Hora

Empeñan los sueños y recuerdos ante la crisis económica.

"Tenemos, entre nuestros clientes, gente bien reconocida que no quieren que nadie sepa sobre sus empeños”

Manuel Báez Vega  / Codueño de Joyería y Casa de Empeño Monte Piedad, Inc.

 

Cada vez son más las figuras conocidas que acuden a las casas de empeño para dejar una preciada prenda, una cámara electrónica, un entrañable instrumento musical, o cualquier otro artículo de valor económico y sentimental, como garantía de un préstamo que es otorgado por el dueño del establecimiento.

Ante la tambaleante economía puertorriqueña han abierto varios negocios que se dedican a la práctica ancestral. El resurgimiento de las casas de empeño coincide con el aumento en el costo de preciados metales- como el oro y el platino- así como con una estrechez económica que desplaza la fuerza laboral puertorriqueña hacia la pobreza.

“Tenemos, entre nuestros clientes, gente bien reconocida que no quieren que nadie sepa sobre sus empeños. Atraviesan una situación pasajera, difícil, pero pasajera. Sus tarjetas están saturadas o el banco no les presta. A través de sus prendas y equipos intentan resolver un problema (económico)”, sostuvo el codueño de Joyería y Casa de Empeño Monte Piedad Inc., Manuel Báez Vega. La empresa tiene ocho establecimientos en Río Piedras, Santurce, Dorado, Bayamón, y está por abrir otro en Isla Verde, que se sumaría a las más de 140 casas de empeño ubicadas en todo Puerto Rico.

Contrario a la mayoría de estos negocios -que impiden la entrada de periodistas al interior de su negocio-, Monte Piedad mantiene una política de puertas abiertas.

Muestra las joyas adquiridas, los récords computarizados de sus adquisiciones, así como otras piezas de su inventario que se extiende desde taladros electrónicos hasta amplificadores de guitarras eléctricas.

Según algunos conocedores de la industria, los establecimientos como Monte Piedad se han convertido en uno de los mejores barómetros para medir la economía puertorriqueña.

Padres que costean los estudios de sus hijos en Estados Unidos, familiares de políticos, al igual que reconocidos profesionales, figuran entre las personas que traspasan el umbral de los negocios para empeñar joyas de su familiares, equipos electrónicos, como videocámaras digitales, entre otros artículos de valor.

Las herramientas de construcción también se están empeñando con más frecuencia por obreros que no pueden conseguir un empleo por la escasez de obras de construcción.

Ante la posibilidad de que un artículo sea robado, la Policía de Puerto Rico mantiene una estrecha comunicación con los negocios representados por Báez para impedir su entrega y reventa. Cabe destacar que las ganancias de las casas de empeño se generan a través de los intereses generados por los préstamos y que son regulados por el Gobierno.

En los récords digitales de Monte Piedad, por ejemplo, también se marcan los nombres de personas que deben ser rechazadas por los empleados de sus establecimientos por estar bajo la mira de las autoridades. “No queremos cosas robadas ni manejos turbios”, indicó Báez Vega, quien mantiene un archivo digital de cada transacción.

Empeños sin cobrar

Ante la recesión económica que enfrenta la Isla hay otros negocios, como la casa de empeño La Nacional, que se han visto en aprietos económicos por una clientela que no puede recobrar sus artículos porque no tiene dinero.

El dueño del establecimiento, José A. García, muestra decenas de pequeños sobres que contienen joyería empeñada en el 2001, 2002 y 2004. La Oficina del Comisionado de Instituciones Financieras, agencia que regula las casas de empeño, exige que los artículos se mantengan en la custodia del negocio por un periodo máximo de 90 días, pero algunos comerciantes -como García- extienden el término por años para mantener al cliente asiduo.

“Pa' fuera la joya en otras casas de empeño al cumplirse los 90 días. Trabajo diferente y no me gano nada si vendo la joya”, sostuvo el comerciante, al mostrar las joyas que mantienen un profundo arraigo sentimental para sus clientes.

“A mí no me interesa esto”, sostuvo el comerciante mostrando un precioso anillo. “A mí me interesa recobrar el dinero”, añadió.

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