jueves, 26 de enero de 2012
Janet González Bolívar / Primera Hora
Conforme avanza un día cualquiera, las personas suelen estar expuestas a distintas situaciones fastidiosas o frustantes que pueden llegar a complicar sus rutinas.
Estos contratiempos pueden ir desde tensiones cotidianas bastante comunes –los tapones descomunales, una discusión con algún colega o los horarios interminables de trabajo– hasta problemas más serios, como son las estrecheces económicas que afectan el presupuesto familiar.
Pero todas, sin duda, son una fuente potencial de ansiedad o estrés que, si no se manejan adecuadamente, pueden ejercer una influencia tóxica en la vida cotidiana y, peor aún, en la salud.
Según explica el psicólogo clínico Luis Caraballo, cuando hay un cuadro fuerte de ansiedad, no sólo se puede resentir la salud mental de la persona, sino además la física.
En este sentido, el experto destaca que, por extraño que les parezca a algunos, las sensaciones de angustia, miedo y hasta rabia que se agudizan con una “ansiedad desproporcionada” suelen manifestarse en diversas condiciones médicas.
Entre éstas señala, por ejemplo, los trastornos gastrointestinales (diarreas, vómitos, etcétera), respiratorios, musculoesqueletales y cardiovasculares, como la taquicardia.
“La ansiedad tiene diferentes maneras de manifestarse. Hay unas maneras más psicológicas, como sería el miedo, la preocupación y hasta el aislamiento, y están los síntomas fisiológicos. En este segundo escenario, se habla de ‘somatizar’ los síntomas y, en muchas ocasiones, las personas que somatizan son bien funcionales, de esas que jamás pensarían que una preocupación o algo mental los va a tumbar”, detalla el Dr. Caraballo, especialista en desórdenes psicosomáticos.
El psicólogo apunta a que los síntomas somáticos son aquellos que surgen ante situaciones extremas de tensión, en las que el cuerpo asume y carga con un malestar de origen emocional.
Puesto de otra forma, la llamada somatización sucede cuando las personas reaccionan a la ansiedad con un mal funcionamiento fisiológico, que incluso puede llegar a provocar daños severos y/o irreversibles.
“Básicamente, la somatización es cuando la persona empieza a tener un sinnúmero de quejas o síntomas físicos que no son explicados por una condición orgánica. Esto, concretamente, se traduce en dolencias”, observa el Dr. Caraballo.
“Ha sucedido, de hecho, que una persona tiene un dolor de pecho bien fuerte, palpitaciones y sudoración, por lo que piensa que está teniendo un ataque al corazón. Pero cuando va a la sala de emergencias y le hacen todas las pruebas, no hay evidencia alguna de un infarto. Y es que se trató de un ataque de pánico, o sea, que la misma ansiedad se manifestó físicamente”, advierte el también catedrático universitario, quien subraya la estrecha relación entre la mente y el cuerpo.
El experto indica, no obstante, que a pesar de los serios problemas de salud que la ansiedad cotidiana puede acarrear, aún son muchos los que no le prestan la atención que merece.
“La gente incluso se molesta cuando los doctores le dicen que no hay ninguna causa física y les da mucha frustración y miedo. Todavía existe un estigma en torno a los trastornos de ansiedad, por lo que se minimiza el efecto que pueden tener en el funcionamiento del organismo”, puntualiza el psicólogo.
Para contrarrestar estas complicaciones, el Dr. Caraballo recomienda acudir a donde un profesional de la conducta, quien determinará el tratamiento a seguir en cada caso particular.





