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El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, y el gobernador de Virginia, Timothy M. Kaine, colocan flores en un monumento hecho por los estudiantes, mientras los observan la primera dama de Estados Unidos, Laura Bush, y la primera dama de Virginia, Anne Holton. En el recuadro, Cho Seung-Hui, de 23 años, quien la emprendió a tiros contra estudiantes y luego se suicidó. (AFP)

Perturbado pasado del alumno suicida

miércoles, 18 de abril de 2007
Adam Geller / Prensa Asociada

BLACKSBURG El hombre que ocasionó la masacre que dejó 33 muertes el lunes en la Universidad Virginia Tech era un surcoreano de 23 años que cursaba estudios de literatura inglesa en esa institución, y cuyos escritos eran tan “perturbadores” que en determinado momento fue referido a un terapeuta de la institución.

Versiones de prensa dijeron también que Cho Seung-Hui habría estado tomando drogas antidepresivas, que paulatinamente se hizo más violento y errático, y que dejó una nota en su dormitorio en la cual criticó a los “chicos ricos”, la “degeneración” y los “charlatanes mentirosos” de la Universidad.

Otras teorías hablan de un drama pasional como desencadenante de la tragedia. Según estudiantes, la matanza comenzó tras una pelea del asesino con su novia por una supuesta infidelidad.

El presidente George W. Bush asistió ayer a una ceremonia de recordación en Blacksburg, y dijo que oraba para que los dolientes encuentren consuelo.

En la cancha de básquet de la Universidad, llena de estudiantes, muchos de los cuales llevaban camisetas naranja con el logotipo de la casa de estudios, el Presidente les animó a ayudar a los demás.

Citando frases bíblicas, el mandatario aconsejó a los que están enfurecidos a que no se dejen llevar por la mala voluntad.

“Hay gente que nunca los conoció a ustedes y que están rezando por ustedes, están rezando por sus amigos, por los que han caído, por los que están heridos. Hay poder en tales plegarias, poder verdadero. En momentos como éste, hallamos consuelo en la gracia, en la guía, en el amor de Dios”.

El atacante, Cho Seung-Hui, llegó a Estados Unidos en 1992 procedente de Corea del Sur, cuando era un niño, y creció en los suburbios de Washington, D.C., dijeron las autoridades. Vivía en un sector de la Universidad en una residencia de estudiantes diferente a donde comenzó el lunes la peor matanza de la historia estadounidense.

No se ofrecieron datos que puedan explicar qué causó su estallido de violencia.

“Era un solitario, y estamos teniendo dificultades para encontrar información sobre él”, dijo Larry Hincker, vocero de la Universidad.

La profesora Carolyn Rude, directora del Departamento de Literatura Inglesa, dijo que no conocía personalmente al atacante. Pero señaló que había hablado con Lucinda Roy, directora de creación literaria del departamento, quien tuvo a Cho en una de sus clases, y lo describió como un ser “perturbado”.

“Existía cierta preocupación sobre él”, dijo Rude, quien indicó, además, que Cho fue referido a un terapeuta de la institución, pero ignoraba cuándo, o cuál fue el resultado.

El periódico The Chicago Tribune dijo en su sitio de Internet que Cho dejó en el cuarto de su residencia una nota con una extensa divagación con sus quejas. El diario dijo que en fecha reciente el estudiante mostró señales de perturbación mental, como causar un fuego en la residencia y acechar a algunas mujeres.

La cadena de televisión ABC, que citó fuentes policiales, dijo que la nota, de varias páginas escrita por Cho dice: “Ustedes me obligaron a hacerlo”.

El Departamento de Seguridad Interna de EE.UU. confirmó que Cho era un residente legal.

Además, las pruebas balísticas demuestran que uno de los revólveres usados en la matanza en un edificio es el mismo que el usado en la otra matanza, en otro edificio dos horas antes.

Dos funcionarios policiales, que pidieron no ser identificados, dijeron que las huellas digitales de Cho fueron encontradas en las armas de fuego usadas en los tiroteos. Los números de serie en ambas armas habían sido limados.

Un policía dijo que Cho llevaba consigo una mochila donde se hallaron recibos de la compra de una pistola Glock de .9 milímetros adquirida en marzo por $571.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Corea del Sur ofreció sus condolencias y expresó también su esperanza de que la tragedia “no despierte el prejuicio racial o la confrontación”.

Charles Steger, rector de Virginia Tech, en entrevista con CNN, defendió la decisión de las autoridades universitarias de no alertar de inmediato a los estudiantes acerca del primer tiroteo.

Algunos estudiantes se quejaron pues la primera información fue enviada por correo electrónico a las 9:26 de la mañana, luego que el segundo tiroteo ya había comenzado.

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