El base vaquero Christian Dalmau (izquierda) trata de escaparse de la defensa de Andrés Ortiz, alero de los Conquistadores.
jueves, 14 de mayo de 2009
Raúl Álzaga / Primera Hora
No importa el deporte o juego, sea el póquer, las carreras hípicas, el billar o competencias de canastos de tres puntos, no existe en la plantilla de los Vaqueros de Bayamón un apostador más audaz que su veterano base suplente Orlando “Guayacán” Santiago.
Es común ver a Santiago apostando $10 o $20 con jugadores como Jabari Smith, Monty Wilson o Javier Mojica durante los calentamientos prejuego en las competencias de triples.
A mi llegada a la cancha Sammy Rodríguez en Aguas Buenas para el partido ante los Conquistadores de Guaynabo el martes 5 de mayo, Santiago ya participaba en una competencia de triples con algunos de sus colegas. Su primera víctima fue Mojica por margen de 10-8, seguido de Smith en tres ocasiones, una por 10-9 y las otras dos por 10-8.
“Ya les he tumbado $180 a nivel global en lo que va de temporada”, dijo Santiago.
Yo quería entrar en la acción de las apuestas, pero como sabía que no podría ganarle a él en una competencia de triples, le propuse apostar a que yo podía hacer 100 push ups en un minuto.
Pero Santiago, que conoce mi historial de 'rata de gimnasio', declinó. “Yo sólo apuesto en las cosas que sé que voy a ganar,” agregó.
Oscar Ramón Loubriel es uno de los miembros más antiguos de la franquicia de los Vaqueros de Bayamón y sus 28 años de servicio así lo comprueban.
La mascota oficial de los Vaqueros, apodada cariñosamente como “Moncho”, está encargada de repartir toallas y agua durante los juegos. Además, participa activamente de las rutinas prejuego y hasta es incluida en la introducción de los jugadores de Bayamón en cada partido.
Por eso no es extraño que a “Moncho”, quien luce un uniforme con el número doble cero, lo reconozcan en cada cancha que visita.
“Moncho”, quien tiene 38 años, recibe con un abrazo a todo el mundo e interactúa con el grupo de jugadores como si fuera su familia extendida. Su comunicación verbal es limitada, pero lo que no puede decir lo expresa por señas.
Sin embargo, una de las cosas que sí puede decir clarito y no falla a la hora de despedirse del camerino luego de la oración del equipo es el grito de “Vaqueros, ahí”.
Luego de esto, “Moncho” es motivado por los jugadores para que encabece la salida del equipo hacia la cancha para el inicio del juego.
El hecho de jugar contra un equipo sotanero, de ofensiva impredecible como Guaynabo y sin mucho que perder tenía incómodo al dirigente Leonel Arill y a su asistente, Mandy Cancel.
Por eso, su preparación prejuego fue tan exigente.
“Mi mayor preocupación es que ustedes entren a este juego relajados y no con el enfoque necesario. Vamos a jugar con un equipo moribundo cuyos refuerzos sólo están pendientes a poner números, pero no por eso podemos subestimarlos”, dijo Cancel en el camerino antes de repasar las jugadas que ejecuta Guaynabo.
Por su parte, Arill enfatizó la ejecución paciente en ofensiva y recalcó su promesa de otorgar el miércoles libre de práctica si el quinteto ganaba esa noche.
“Si podemos imponer nuestra ofensiva a media cancha, ellos van a tener muchos problemas. De seguro van a tratar de doblar a Christian (Dalmau) y a Jabari (Smith), así que manténganse moviéndose sin la bola y háganse disponibles al pase”, sostuvo Arill. “Vamos a ganar, que quiero cogerme el miércoles libre igual que ustedes”.
Realmente, con el trabajo que hacen Arill y Cancel, es ínfimo lo que yo puedo aportar al equipo en términos estratégicos. Sin embargo, sí hubo un granito de arena que pude aportarle al refuerzo Jabari Smith para tratar de contener a Lee Benson.
“Cada vez que Benson coge la bola en el poste, el 99 por ciento de las veces se gira hacia su izquierda para lanzar. Nunca se gira hacia la derecha para tirar un fade away. Antes de eso, prefiere pasar la bola”, le dije.
Smith hizo el ajuste y en dos ocasiones hizo fallar a Benson. “Funcionó”, le dije con júbilo.
En el cuarto parcial del partido, Bayamón impuso su juego altruista a media cancha y rompió el preseo a cancha completa de Guaynabo -tal como lo practicaron el día anterior– y salió airoso 99-91.
“Se ganaron el día libre. Ahora a celebrar”, les dijo Arill al terminar el partido.
Posteriormente, los jugadores se reunieron a comer en el restaurante El Mariachi en Caguas como invitación del apoderado Peter Rivera, y allí dieron rienda suelta a su apetito.
No exagero cuando relato que se pidieron cerca de 100 tacos y se los comieron como pirañas. Tan es así que hubo que ordenar como 50 más. “Que coman todo lo que quieran. Después que sigan ganando, no hay problema”, sostuvo Rivera.
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