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Ponencia de Luis Fortuño (español)

miércoles, 24 de junio de 2009
01:19 p.m.
Primera Hora

A continuación, la ponencia de Luis Fortuño, gobernador de Puerto Rico, que expuso hoy en la Cámara de Representantes, en Washington, sobre el proyecto para celebrar un plebiscito sobre el futuro del estatus políticos de Puerto Rico.

TESTIMONIO DE LUIS G. FORTUÑO
GOBERNADOR DE PUERTO RICO
ANTE LA COMISIÓN DE RECURSOS NATURALES
CAMARA DE REPRESENTANTES DE LOS ESTADOS UNIDOS
VISTA SOBRE EL PROYECTO H.R. 2499, “LEY PARA LA DEMOCRACIA EN PUERTO RICO DE 2009”

24 DE JUNIO DE 2009

Gracias, señor Presidente y Líder de la Minoría Hastings, por la oportunidad de presentarme ante esta Comisión para expresar mi apoyo al proyecto H.R. 2499, la Ley para la Democracia en Puerto Rico de 2009.

Señor Presidente, comparezco ante ustedes como Gobernador de Puerto Rico. Como sabe, soy también presidente del Partido Nuevo Progresista, el cual aboga por la estadidad como solución final al más que centenario problema del estatus de la isla. Pero en el día de hoy, como Gobernador, comparezco ante esta Comisión en representación de todos los residentes de la Isla. He pedido al ex Gobernador y ex Comisionado Residente—y por muchos años miembro de esta Comisión—Carlos Romero Barceló que presente la posición oficial del Partido Nuevo Progresista más adelante esta mañana.

Señor Presidente y Líder de la Minoría Hastings, quisiera encomiar a ambos por el liderazgo que han demostrado al traer a la discusión pública este asunto fundamental de la democracia Americana. Así mismo quisiera reconocer al Comisionado Residente Pierluisi por su liderazgo al presentar el proyecto, logrando así que sus constituyentes—más de cuatro millones de ciudadanos Americanos sin derecho al voto—den un paso de avance hacia la verdadera libre determinación.

Como saben, el derecho de los ciudadanos de Estados Unidos en Puerto Rico a decidir su futuro político fue una de mis prioridades cuando serví en el Congreso y en esta Comisión del 2005 hasta el año pasado—cuando fui electo Gobernador—y continúa siendo una de las más altas prioridades de mi administración. Por esa razón, agradecí especialmente al Presidente Obama por el compromiso que expresó, no sólo a mí sino a todo el pueblo de Puerto Rico, en ocasión de mi inauguración como Gobernador, de trabajar juntos para asegurar que el asunto del estatus político de Puerto Rico se resuelva de manera definitiva durante los primeros cuatro años de su administración.

Con su permiso, señor Presidente, quisiera someter para el récord la carta del Presidente Obama en adición a mi testimonio escrito.

Señor presidente, las razones para apoyar este proyecto de ley son tan evidentes que no tendrían que argumentarse. Doscientos treintitres años después de la Declaración de Independencia y doscientos veinte después de la ratificación de la Constitución, nuestra Nación sigue condonando un arreglo de gobierno sobre cuatro millones de sus ciudadanos que es aberrantemente contrario a los principios consagrados en esa Declaración justificándolo en base a la anacrónica supervivencia de la Cláusula Territorial de esa misma Constitución. Tenemos que resolver, de una vez y por todas, esa contradicción de la democracia Americana. Tenemos que hacerlo porque es lo correcto. Y el momento de hacerlo es ahora.

Independientemente de cual haya sido el papel del sistema de territorios en el nacimiento y desarrollo de nuestra Nación, lo cierto es que los Padres Fundadores nunca pretendieron que ese sistema se quedara permanentemente como el ordenamiento de gobierno por parte del gobierno federal sobre los ciudadanos de la República. Más importantemente, ese sistema territorial claramente ofende los valores de la democracia Americana del siglo 21, máxime cuando el Congreso ha permitido que ese sistema tan inherentemente antidemocrático permanezca vigente sin haberle dado la oportunidad a los gobernados de expresar su opinión al respecto.

Puerto Rico ha sido un territorio de los Estados Unidos por 111 años y sus residentes han sido ciudadanos de los EEUU desde 1917. Sin embargo, el Congreso nunca nos ha consultado formalmente sobre nuestras preferencias al respecto del estatus político de la Isla. Ni una sola vez. Con este proyecto lo haría. Debe hacerlo. Es lo correcto.

No hay duda de que los puertorriqueños han expresado su opinión sobre el estatus político de la Isla en el pasado. De hecho, algunos señores congresistas pudieran pensar que eso es lo único que hacemos cuando venimos aquí. De hecho, por demasiado tiempo lo único que ha tenido que hacer el Congreso ha sido escuchar cortésmente de tiempo en tiempo. Pero el Congreso mismo nunca le ha preguntado directamente a los cuatro millones de ciudadanos americanos en Puerto Rico qué piensan…y el mero hecho de preguntar hace una gran diferencia. Te responsabiliza por el proceso de una forma que no lo hace el mero acto de escuchar.

Los puertorriqueños hemos hecho incontables contribuciones a la Nación, tanto en la paz como en tiempos de guerra— a lo largo de nueve décadas, miles de nuestros hijos e hijas han dado su vida en defensa de los valores democráticos que la Nación representa. Y aun así, nunca se nos ha dado la oportunidad de expresar nuestra opinión sobre nuestra relación política con los Estados Unidos en el contexto de un proceso equitativo, imparcial y democrático auspiciado por el Congreso. Este proyecto, al fin, nos daría esa oportunidad. ¿Qué puede ser más correcto que eso?

El proyecto dispone un proceso de libre determinación para Puerto Rico que es justo e imparcial. La medida no excluye ni favorece ninguna opción de estatus en particular. Le permite al pueblo de Puerto Rico mantener el presente estatus territorial de la isla, si así lo escogen. Si lo hacen, el proyecto dispone una serie de plebiscitos periódicos para volver ha hacer la pregunta en el futuro, lo cual subraya el sentir del Congreso de que nuestro estatus territorial es, por su propia naturaleza, transitorio. Pero si en vez el pueblo de Puerto Rico escogiera cambiar el estatus, entonces tendría la oportunidad de escoger entre las tres opciones de estatus permanente y no territorial que permite la constitución de los EEUU, a saber, la estadidad, la independencia o la soberanía en asociación con EEUU. Opciones reales sin quimeras ni engaños.

En fin, el proyecto le permite al pueblo de Puerto Rico expresar su deseo al respecto del estatus político de la Isla de forma directa, en las urnas, mediante una serie de votaciones democráticas que permitirán que se escuche las opiniones de todo el mundo sobre este asunto tan fundamental.

Señor presidente, a través de los años se ha vertido para en el Record Congresional cantidad de testimonio que evidencia por qué es crucial y urgente para el pueblo de Puerto Rico que se resuelva de una vez y por todas el asunto del estatus.

La realidad es que el presente estatus de la Isla no le permite al pueblo de Puerto Rico alcanzar su potencial de desarrollo social, económico y político.

A pesar del flujo de alrededor de $20,000 millones en asistencia federal cada año, el crónico rezago económico de Puerto Rico continúa siendo razón de amarga frustración para todos. Esta realidad económica se traduce en sueños frustrados que alimentan una desesperanza que a su vez fuerza a tantos miles de mis constituyentes todos los meses a mudarse a alguno de los 50 estados en búsqueda de mejores oportunidades e igualdad.

Así pues, poco a poco se ha ido forjando un creciente consenso en Puerto Rico de que nuestra relación con los EEUU—como es, territorial, desigual en cuanto a los derechos y obligaciones de nuestra ciudadanía americana, no enteramente democrática, no enteramente de gobierno propio y no enteramente consensual—ha dejado de servirle bien a ambos Puerto Rico y los EEUU.

De lo que se trata el H.R. 2499 es del derecho de los habitantes de Puerto Rico a su libre determinación como vehículo para alcanzar el pleno gobierno propio. Pero el asunto ante la consideración de esta Comisión no es si Puerto Rico es un “territorio no incorporado”; ni cuál pudiera ser el significado de la frase “in the nature of a compact” [“similar a un pacto”] que aparece en la Ley 600; o si el así llamado “Estado Libre Asociado mejorado” estaría o no sujeto a la Cláusula Territorial de la Constitución.

El asunto del estatus político de Puerto Rico no es ni complejo ni difícil de resolver. Todo lo que requiere es liderazgo inspirado en principios.

El asunto fundamental que presenta la Ley para la Democracia en Puerto Rico de 2009 es el significado de la ciudadanía Americana, pues pone ante la consideración del Congreso la simple pregunta: ¿fue o no la intención de los autores de nuestra Constitución que la ciudadanía American fuera la fuente y salvaguarda de la igualdad de derechos?

La acción requerida de este Congreso se deriva directamente de la respuesta a esa pregunta…y uno esperaría no encontrar un solo congresista que contestara que “no” o que “depende”.

La respuesta a la pregunta fue clara e inequívocamente “sí” cuando libramos la Guerra Civil para terminar con la esclavitud…“sí ”, cuando se le reconoció el derecho al voto a las mujeres…y “sí”, cuando el Tribunal Supremo decidió que “separado” es inherentemente “desigual”.

Claramente, los autores de la Constitución no pretendieron que a algunos ciudadanos americanos se les privara de los derechos que disfrutan otros ciudadanos americanos. Sin embargo, Puerto Rico es una comunidad de ciudadanos americanos privados de sus más básicos derechos ciudadanos en una democracia representativa: el derecho al voto y el derecho a estar representado en el cuerpo político que aprueba las leyes que rigen sus vidas.

Así pues, la consecuencia de no tomar acción sería renunciar a los principios de la Declaración de Independencia y devaluar los derechos que reconoce la Constitución a una mera expresión retórica. ¿Está o no nuestra Nación fundamentada en el principio de que todos los hombres y mujeres son iguales? ¿Y está o no la igual protección de las leyes garantizada a todos los ciudadanos?

Pero, señor presidente, la urgencia en este asunto no concierne únicamente a Puerto Rico, sino a la Nación. En tiempos en que los enemigos de nuestro país pretenden cuestionar nuestro liderazgo moral alrededor del mundo, los EEUU tiene que asegurarse que continúa liderando con su ejemplo. Y tenemos que hacerlo de forma contundente…como lo hizo el Presidente Reagan en Berlín cuando retó al Presidente Gorbachev a que desmantelara la Cortina de Hierro. O como lo ha hecho recientemente el Presidente Obama cuando nos ha recordado repetidamente que los EEUU tienen que vivir de acuerdo a sus valores y que el apoyo a la democracia comienza en casa.

La importancia de que los EEUU continúe liderando con su ejemplo ciñéndose a los mismos principios que predica a otros no es menos aplicable en el caso de Puerto Rico; en todo caso es más aplicable precisamente porque los puertorriqueños somos ciudadanos americanos. Y aún así, los ciudadanos americanos en Puerto Rico están separados de sus conciudadanos en los Estados por una pared de desigualdad política construida sobre la zapata de nuestro presente estatus territorial. Señor presidente, es tiempo de que derribemos esa pared.

Urjo a esta Comisión a que considere favorablemente el H.R. 2499. Deben hacerlo porque es lo correcto…y lo menos que se merecen los cuatro millones de ciudadanos americanos de Puerto Rico.

Muchísimas gracias.