Carlos Ortiz viajó desde Nueva York a la develación de la estatua que adornará uno de los pasillos del Museo del Deporte. (Primera Hora / José L. Cruz Candelaria)
viernes, 27 de agosto de 2010
Carlos González / Primera Hora
Cuando se habla de los mejores boxeadores puertorriqueños en la historia, omitir a Carlos Ortiz podría considerarse un sacrilegio.
Su brillante carrera le valió ser exaltado al Salón de la Fama del Boxeo Internacional en Nueva York en 1991 y, desde ayer, una estatua del legendario campeón ligero ocupa un lugar en el Museo del Deporte de Guaynabo juntos con otras glorias deportivas.
“Es un día que jamás pensé que llegaría. Estoy muy orgulloso de que Puerto Rico haya decidido dedicarme tan grande honor. Espero nunca despertar de este sueño”, dijo un emocionado Ortiz, quien reside en Nueva York.
Durante su extensa carrera en el boxeo rentado, Ortiz recopiló un impresionante récord de 61-7-1 con 30 nocauts. Durante la parte final de la década de los cincuenta y principios de los sesenta, el ponceño reinó en las divisiones júnior wélter (140 libras) y ligera (135 libras) hasta que definitivamente se retiró en 1972 con una derrota ante Kenny Buchanan.
“La juventud de Puerto Rico no conoce la historia de nuestros atletas y Carlos es un ejemplo que los jóvenes del presente deben amular. Se distinguió por su valentía, talento y dedicación”, destacó Héctor O’Neil, alcalde de Guaynabo.
La estatua de Ortiz representa la número 22 que adorna los pasillos del Museo del Deporte y tendrá un lugar junto a Wilfredo Gómez en la sala dedicada al boxeo. De hecho, Gómez estuvo presente para presenciar el momento en que develaron la figura de Ortiz.
“Es algo increíble. No sé cómo explicar lo que siento. Es algo especial”, comentó Ortiz.
“Es un honor compartir con mi gente y mi familia este momento. A pesar de que vivía en Nueva York nunca olvidé mis raíces y visitaba la Isla cuando tenía la oportunidad. Hice tres peleas de título mundial en el estadio Hiram Bithorn y ahora aquí he sido inmortalizado”, sostuvo Ortiz.
La imagen fue creada por Studios EIS en Brooklyn, Nueva York, utilizando unas fotos de Ortiz. El proceso se extendió por tres meses.





