Las autoridades creen que José Figueroa Agosto ha visitado la Isla en lanchas rápidas o aviones que han aterrizado en aeropuertos pequeños. (Archivo)
lunes, 8 de febrero de 2010
Francisco Rodríguez-Burns / Primera Hora
Sus ojos guardan un pasado violento. Una cicatriz que cruza el cachete derecho endurece su semblante. En su foto de fichaje, José Figueroa Agosto no sonríe. Mira de una manera fija y nada parece perturbar su concentración.
Parece ser un hombre de pocas palabras, que actúa de una manera calculada y que paga bien la lealtad. Sus acciones como uno de los capos más poderosos de todo el Caribe y Latinoamérica confirman algunas de las características más definitivas de su carácter.
A pesar de los largos expedientes que las autoridades han podido recopilar del prófugo, pocos datos se conocen de su niñez, de sus años de crianza.
Pero como prófugo de la justicia, sí se han llegado a conocer datos concretos de su niñez y juventud. Se sabe, por ejemplo, que Figueroa Agosto nació el 28 de abril de 1964 en una residencia humilde de la urbanización Miraflores de Bayamón.
Como en muchos otros casos de individuos que optan por una vida criminal, las autoridades no han podido identificar un evento, una circunstancia o un hecho que explique por qué tomó un camino que lo llevaría a controlar una de las empresas criminales de narcotráfico más exitosas de Quisqueya.
Su padre era trabajador. Nació en una buena familia, como dirían muchas personas que lo conocían desde pequeño. Se sabía que Figueroa Agosto iba a llegar lejos y éste, al principio, no defraudó a sus admiradores.
Desarrolló una fijación por las lanchas rápidas y comenzó a entrenar con las embarcaciones en las aguas puertorriqueñas. Vendía carros en un concesionario de autos, pero su vida como vendedor resultó eclipsada por su talento como piloto de embarcaciones.
Ganó un torneo de uno de los manufactureros de ron más prestigiosos del país y continuó su carrera, participando en competencias en Florida y otras ciudades en la costa oriental de Estados Unidos. Se desconoce cómo y cuándo el residente de Bayamón gravitó al mundo del narcotráfico, pero sí se sabe que el boricua ha utilizado sus conocimientos de navegación para eludir a las autoridades y expandir su dominio como narcotraficante.
Se cree que pudo dirigir puntos de droga en la zona norte del país, pero el boricua siempre pensó en grande. Había contraído matrimonio en dos ocasiones. Una de sus esposas era una agente que trabajaba en el Cuartel General de la Policía.
Pero el narco aparentemente cometió un gran error con un asesinato que culminó con su arresto posterior y excarcelación en el 1999 de la Penitenciería Estatal de Río Piedras.
Un complejo esquema de falsificación de órdenes de excarcelación permitió que éste se escapara de la cárcel junto con otros dos de sus lugartenientes dominicanos, Francisco Solano y Juan Pablo Rojas, entre octubre y noviembre de 1999. Las autoridades no llegaron a enterarse de los criminales que se habían escapado hasta meses después de su huida.
Pero en la investigación sobre la fuga también se pudieron descubrir activos de su empresa criminal en Puerto Rico, como casas en Ciudad Jardín en Bayamón y Paseo Real en Dorado.
Las autoridades creen que el prófugo ha visitado la Isla en lanchas rápidas o aviones que han aterrizado en aeropuertos pequeños donde los controles son mínimos.
Se sabe, además, que se operó el rostro para borrar la cicatriz de la cortadura y que ha ganado peso. Pero uno de los aspectos que más intrigan a las autoridades es cómo ha podido navegar en el bajo mundo dominicano.
El tigre boricua no parece tener rival.





