Propone infectar a las iguanas para erradicarlas

 
 
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Propone infectar a las iguanas para erradicarlas

lunes, 6 de febrero de 2012

Tal vez el problema con las iguanas se pueda resolver con el procedimiento australiano.

Para principios del siglo XX (1903), los australianos confrontaban un grave problema con la proliferación de conejos silvestres. Había millones de éstos por todo el continente.

Se comían el pasto necesario para su ganado y rebaño de ovejas.

Los granjeros comenzaron a matarlos mediante tiros de contacto, pero los conejos eran demasiados.

Ésa no era la solución.

Finalmente, a un biólogo se le ocurrió la idea de capturar cientos de conejos machos y contagiarlos con un virus que fuera mortal para ellos, pero no para los humanos (creo que el virus del catarro, pero no estoy seguro), y luego soltarlos cerca de sus madrigueras.

Estos conejos infectaron a todos los demás. De esa manera, resolvieron el problema que estaba afectando una de sus principales industrias.

Propongo estudiar la posibilidad de hacer algo parecido con las iguanas.

Lo arriba descrito apareció en una revista Time a principios del 1980.

David Salinas Salcedo



Sobre el caso de Hernández Denton

Independientemente de todos los señalamientos hechos por todos los analistas sobre el caso en que está involucrado el juez presidente del Tribunal Supremo, el honorable Federico Hernández Denton, yo he estado siguiendo de cerca las alegaciones presentadas por el alguacil Oyola Pérez y pienso que este caballero es un malagradecido y desleal.

El señor Hernández Denton le da toda su confianza. Una noche le entrega el tesoro más preciado, su hijo, para que lo lleve a un concierto.

Además de eso, como quizás el favor era fuera de horas laborables, le da dinero de su bolsillo por esta tarea.

Este señor Oyola, en respuesta a este noble gesto, radica una querella con unas acusaciones que ponen en la cuerda floja su trabajo y el de sus compañeros.

Me pregunto si este caballero llevó a cabo un análisis exhaustivo del paso que se proponía dar, o si lo consultó con alguna persona. Si lo hubiese hecho, estoy segura de que el resultado fuera otro.

Lo menos que se merece un jefe es fidelidad y me imagino que las escoltas se convierten en parte de la familia.

Sugiero a Oyola que analice lo que hizo porque le quedó bien feo.

Atentamente,

Profesora Ivette Rivera
San Juan